El pintor, escultor y grabador cubano Eduardo Roca Salazar (Choco), Premio Nacional de Artes Plásticas 2017, murió este jueves a los 76 años en La Habana, informaron las autoridades culturales de la isla.
Graduado en 1970 Escuela Nacional de Arte, el mundo creativo de Choco, asociado a las raíces religiosas afrocubanas, se convirtió en una referencia dentro de las artes visuales en el país.
Sus obras han sido expuestas en instituciones de Estados Unidos, México, España, Francia, Alemania, Japón, Colombia, Argentina, Italia, Bélgica y Reino Unido, y forman parte de prestigiosas colecciones como las de colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba, la Casa de las Américas, la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, el Consejo Nacional de Artes Plásticas, la Fundación Joan Miró, de España; la Fundación Ludwig, de Alemania; el Museo de la Estampa, de México; el Museo de África, de Chicago, Estados Unidos y el Museo Kochi, de Japón.
Así lo señaló el Ministerio de Cultura que, asimismo, destacó que el creador nacido en Santiago de Cuba “sobresalió de manera excepcional” en la disciplina del grabado –y, en particular con la técnica de colagrafía.
“Su obra, raigalmente cubana y marcada por la herencia africana, renovó el lenguaje de las artes visuales en Cuba”, se lee en el comunicado ministerial, donde se relacionan además sus muchos reconocimientos oficiales en la isla, así como “distinciones foráneas” como la Medalla de Honor en el Salón de Gráfica de Bulgaria, el Primer Premio en Grabado en Pequeño Formato en Galicia, España y el Gran Premio en la IV Trienal Internacional de Grabado de Kochi, Japón.
En su obituario, el Museo de Bellas Artes de Cuba sostuvo que “su obra, enraizada en la cotidianidad y nutrida por la savia cultural de la isla, supo capturar como pocas el pulso vital del hombre común”.
“Su lenguaje plástico, de intensas texturas y contrastes, osciló entre la pintura y el grabado con una naturalidad sorprendente”, prosigue el texto publicado en Facebook por la pinacoteca habanera. “En su obra, ambas disciplinas dialogaban hasta fundirse en una experiencia única, donde cada trazo parecía cobrar vida propia. Sus icónicas figuras –rostros dubitativos, mujeres africanas, símbolos afrocubanos y religiosos– emergían desde una búsqueda interior que dotaba a su trabajo de una expresividad, a ratos desgarradora.
Choco fue también un incansable experimentador. Sus piezas más recientes revelaban una madurez donde lo histórico y lo contemporáneo se entrelazaban, incorporando nuevas cromías y símbolos que enriquecían su imaginario”.
Muchos colegas y admiradores del artista cubano lo despiden este jueves a través de redes sociales, mientras algunos se han llegado a la Casa Vitier-García Marruz, en la calle San Ignacio de La Habana Vieja, para velarlo y rendirle homenaje, tal como anunciaron las instituciones oficiales de la isla.

