Femichista

La femichista es el espejo de la bestia de la última entrega: el machista. Es una criatura igualmente ciega. Manipula conscientemente la causa del feminismo para abrirse paso en el mundo, pero en la práctica replica y, por tanto, refuerza los pilares machistas de la estructura opresiva a la que dice oponerse. La femichista es una arpía que reclama más alto que nadie la vindicación de su género, pero saquea los estereotipos “femeninos” que el patriarcado le ha asignado, para ganarse su aprobación –y para perpetuarlo.
Esta bestia convertirá el coqueteo en acoso y la discrepancia automáticamente en discriminación, según le convenga, sin conciencia de cómo trivializa la violencia real y, por tanto, a las víctimas reales. Usará la victimización como privilegio personal, y no como herramienta de una causa mayor. No tendrá conflicto moral con emplear los artilugios de la seducción femenina para ganar el favor de un varón que le gestione un podio desde el que hacer carrera discurriendo contra la sexualización, la hipersexualización o la cosificación sexual.
La femichista responde con cada gesto, postura y guiño a lo que la autoridad masculina espera de ella y, en consecuencia, adversará disimulada e inescrupulosamente con sus congéneres. Defenderá la promiscuidad como libertad sexual, pero tachará de puta a otra mujer cuando se trate de una contrincante sentimental o profesional. Hará aliadas por conveniencia, pero en el momento determinante, digamos, de un debate, ignorará, si no atacará con condescendencia, a sus interlocutoras, para asentir con fervor al argumento que lance un hombre. Aunque sea el mismo que un segundo antes esgrimió una colega. Irá de liberada y liberadora, pero llegará al patetismo chancletero de armarle un escándalo, hasta a llamarle insorora a otra mujer para salvar la responsabilidad adúltera de su marido. He conocido a unas cuantas y pocas criaturas me incomodan más. Pocas cosas me parecen más vergonzosas que la competencia entre semejantes por el favor de quien los subyuga. La femichista no se da cuenta de que no es la retórica, sino la deconstrucción real del comportamiento, lo que puede empoderarnos en la manera en que nos percibimos y relacionamos.
Bestiario Miserable es un catálogo de los excesos, miserias, deformaciones que las contorsiones circenses del panorama político cubano, global y virtual han ido pariendo. Como decía Leónidas Lamborghini, la verdad del modelo es su propia caricatura. Pues este quisiera ser un retrato realista de los arquetipos de conducta que florecen en toda su monstruosidad por el extremismo ideológico, la antipatía, la deshonestidad intelectual, o la pura estupidez, ahora abonados en ese terreno de la pseudo ética que puede ser ciberespacio. En un mundo que se parece cada vez más al que describiría Weill, donde la espera de lo que vendrá ya no es esperanza, sino angustia, quizás bosquejar nuestros monstruos, los que todos en menor o mayor medida somos, pueda hacer los mitos más lógicos, dar alguna pizca de sensatez.

