Armando Capó estrena ‘El regresado’: “Que el miedo no me paralice”

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El regresado, segundo largometraje del cineasta cubano Armando Capó, iniciará en abril su recorrido por festivales internacionales con doble presencia: el estreno mundial en el 43 Festival Internacional de Cine de Miami, que tendrá lugar entre el 9 y el 19 de ese mes en esa ciudad de Florida, y la participación en la Competencia Oficial de Largometraje Iberoamericano de Ficción del Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG41), programado del 17 al 25 de abril. 

Los pequeños resquicios de la memoria, las frases, las anécdotas que nos contamos a nosotros mismos para después contarle a los otros, y que definitivamente moldearon nuestras vidas, es lo que emerge al ver El regresado. En un universo en aparente expansión caótica, los “pequeños” gestos que llevan a grandes decisiones son el verdadero cambio. Y, sí, Mandi (Julio Hervis) regresa a Gibara para que Armando Capó pueda despedirse de ella, pero no en el sentido amargo de tantas despedidas, sino en la paz que transmite cerrar ciclos, que para nada excluye la tristeza, sino que la integra como parte de la vida.

En Miami, El regresado comparte cartelera de estrenos mundiales con otros títulos cubanos: Miami Stories, de Eliécer Jiménez Almeida, y los documentales Cuba y la noche, de Sergio Fernández Borrás, y Calle Cuba, de Vanessa Batista. La presencia cubana en bloque en una cita celebrada en Miami tiene sus propias resonancias, aunque cada película las genere desde coordenadas distintas. La tensión entre el adentro y el afuera, entre quedarse y marcharse, es precisamente el núcleo dramático del filme de Capó.

Gibara como materia y memoria

El regresado sigue a Mandi, un joven que retorna a Gibara para cumplir su servicio social. “El guion se basa en mis experiencias desde que me gradué hasta que decidí marcharme de Gibara”, explica Capó a Rialta Noticias. “Incluso el personaje se llama Armando (Mandi). Pero no necesariamente todo lo que le sucede tiene que ver con mi experiencia solamente. No es una película autobiográfica como tampoco lo fue Agosto(2019), mi ópera prima. Es una historia de ficción, así que el guion tuvo que crecer para poder ser algo más que mis memorias. Ahí entra como eslabón fundamental el trabajo de la guionista Laura Conyedo”.

En el filme, el espacio físico de Gibara —el mar que lo acompañó en esos años, los lugares que le importaron— está presente no como decorado sino como acumulación de tiempo vivido. “La película está atravesada también por hermosos recuerdos de Gibara, de la nostalgia que crece con el tiempo y ese amor a mi pueblo o a las personas que extraño. A diferencia de mi primera película, esta sí pude filmarla en los sitios que me gustan y el mar que me acompañó en esos años”.

En El regresado pervive una diferencia muy clara entre la romantización banal de un lugar o de la nostalgia y la deconstrucción de un pasado para entender un presente. Sobre el “azar concurrente” que se tejió en el filme, dice su director: “El espacio está lleno de elementos que son autorreferenciales y que no fueron buscados conscientemente, salieron de manera natural. Ejemplo el mural en el salón de reuniones de Cultura. En la vida real ese espacio fue el salón de reuniones de Cultura y lo pintó uno de mis profesores. Lo curioso es que ese sábado que mi maestro trabajaba en el mural yo estaba de pase de la escuela de arte y lo ayudé a pintar, así que esa imagen no es una dirección de arte cualquiera, es una imagen de la que tengo al menos un pequeño pedazo moral. Y desde que seleccionamos el espacio siempre dije: si alguien viene a cuestionarme el uso de esta en la película, le puedo decir que yo ayudé a pintarla, así que tengo derechos. Otro recuerdo que tengo es cuando en la escuela primaria «Camilo Cienfuegos», nos hacían salir del aula para el refugio mientras sonaba la sirena. Ahí aprendí que era el GAMS (golpe aéreo masivo sorpresivo) y el SUERC (sistema único de exploración de la República de Cuba). Todo ese universo que acompaña la película acompaña también mis memorias. Viví, como Mandi, situaciones absurdas, un encuentro «amistoso» en el cine de Gibara, especie de llamado de advertencia casi cordial con el típico montaje de extraña comedia, el policía bueno y el policía malo. Salí de allí con un papel pequeño que tenía el número de teléfono del oficial operativo por si lo llegara a necesitar en un futuro. Las palmaditas en la espalda y la frase de que él no era el enemigo, sino el amigo…”.

La producción del filme corrió a cargo de GatoRosa Films y LAIMA, de Colombia, con Rosa María Rodríguez como productora. La fotografía fue de Nicolás Ordóñez; la dirección de arte, de Alexis Álvarez. 

Asimismo, el filme ganó la primera y tercera convocatoria del Fondo de Fomento del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) en las categorías de Desarrollo y Producción.

Una película del cambio y por el cambio

En 2022, antes de que El regresado estuviera terminada, Capó le comentaba en una entrevista al director Carlos Lechuga que la película era “un poco el camino a tener conciencia como artista. Las pequeñas decisiones que uno toma y van marcando tu destino, para bien o para mal”. Preguntado ahora sobre qué representa esta obra terminada en relación con esa idea, su respuesta revela cuánto cambió el proyecto —y él mismo— durante el proceso de escritura y rodaje.

“En las versiones iniciales del guion, el personaje de Mandi era aún más ingenuo. Y eso era justificable de alguna forma porque el Capó que vivió en Gibara aún miraba la película desde ese prisma. Pero fueron pasando cosas mientras reescribíamos el guion o ganábamos el fondo y hacíamos la pre[filmación]: el 27N, el Movimiento San Isidro, el 11 de julio, la Asamblea de Cineastas…, y aunque la película transcurre en el 2001 y en un pueblo pequeño, era imposible que lo que sucedía a nuestro alrededor no se colara ahí. Ese Mandi que tomó la decisión de desafiar al oficial que lo amenaza, de hacer lo contrario a lo que esperan que él haga en un futuro, debía estar el 27 de noviembre frente al MINCULT [Ministerio de Cultura], porque la dignidad se construye de pequeñas decisiones. No se necesita ser el más valiente, basta con negarse a ser parte de la maquinaria que te usa”.

La frase tiene el peso de quien habla desde la experiencia concreta, no desde la abstracción. Y abre, casi sin quererlo, una dimensión que la película no puede eludir: la de las condiciones en que fue hecha y en que ahora circula. 

“Siempre he tratado de hacer el cine que me urge hacer, que está lastrado no solo por las condiciones materiales para hacerlo y el presupuesto necesario, sino también por la autocensura que aún no logro quitarme”, dice Capó. “Trato de no ser una pieza del sistema. Al menos no conscientemente. Que el miedo no me paralice y pueda mirar después a los ojos de los demás sin vergüenza”. 

Mandi y su forma de construirlo

El reparto del filme incluye a Julio Hervis en el papel de Mandi, junto a Luis Alberto García, Raquel Rey, Arianna Delgado, Jazz Vilá y Eduardo Martínez, entre otros. 

El reparto combina figuras con trayectoria consolidada —Luis Alberto García, Raquel Rey, Arianna Delgado— con un protagonista que cuando comenzó el rodaje tenía 18 años, Julio Hervis, quien cursaba el segundo semestre de actuación en la Escuela Nacional de Arte y enfrentaba su primer papel en cine y su primer trabajo profesional de envergadura.

Al respecto, comenta el realizador: “Cuando empezó a grabar la película tenía 18 años y estaba iniciando el segundo semestre de actuación en la ENA, recuerdo que llegó con muchos temores y fue hermoso ver cómo iba creciendo en cada llamado y haciendo suyo el personaje de Mandi. Para esto fue esencial la generosidad de esos actores y actrices que siempre estuvieron para él y también todo el equipo técnico-artístico que nunca marcaron diferencias entre los actores de más experiencia con su carrera acabada de comenzar”.

La dirección de actores es siempre un prisma de debate en el cine de ficción. Para el director de Agosto el equilibrio está entre la intuición y la profesionalidad: “Hay algo de intuición en todo eso”, señala. “Aparte que es tu trabajo como director, estar para los actores y acompañarlos en esta travesía. No hay intermediarios en esta relación. Por ejemplo, entre la imagen y el director está el director de fotografía y eso te da una tranquilidad. Pero entre los actores y el director no hay nadie. Así que la responsabilidad pasa solo por la relación que construyes con el actor”.

Tanto Capó como Rosa María Rodríguez Pupo, directora y productora, ambos integrantes de la productora audiovisual GatoRosa Films, tienen en su haber un trabajo continuado en la ficción que busca una compenetración entre las historias a contar y los actores que le dan vida. Capó explica que la selección de Hervis para El regresado fue algo distinto a lo habitual.

“Nosotros en GatoRosa no solemos hacer un casting como el acostumbrado, porque nos conocemos entre todos. Eso no es necesario”, explica. “Solo lo hicimos para el personaje de Mandi porque necesitábamos un actor que no conocíamos por su edad y porque el casting era también el proceso para conocerlo. Entonces, con Rosa María, que es la productora pero también la directora de casting, voy discutiendo y analizando las propuestas que tenemos para los personajes. Lo mejor del proceso es construir con los actores y yo confío mucho en este proceso. Si te fijas, todos son actores increíbles, muy talentosos y con mucha carrera. Pero son, además de grandes profesionales, personas maravillosas. Y casi siempre amigos y amigas de la vida. Todos fueron muy generosos con Julio Hervis, que es el protagonista de la película, y a la vez era su primer papel en cine y su primer trabajo grande de cualquier tipo”.

Sin dudas, ese balance entre director y actores es una de los puntales que sostienen el filme: “Es algo orgánico que sale de construir y confiar en ellos”, duce Capó. “De apropiarse y modelar lo que cada uno de los actores puede darle al personaje que interpreta. El trabajo del director es canalizar eso. Por lo menos así fue en El Regresado”.

MAYTÉ MADRUGA
MAYTÉ MADRUGA
Mayté Madruga Hernández (Matanzas, 1987). Licenciada en Periodismo. Ha colaborado con diversos medios de prensa cubanos ejerciendo la crítica de arte. Trabajó en el Festival de Cine de La Habana.

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