Expediente | Censura del filme ‘Quiero hacer una película’, de Yimit Ramírez (2018)

El veto de la Presidencia del ICAIC a la exhibición de una copia de trabajo de ‘Quiero hacer una película’, de Yimit Ramírez, en la Muestra Joven ICAIC 2018, provocó el episodio más significativo de confrontación entre el aparato oficial de control ideológico en Cuba y los cineastas, en lo que va de siglo XXI.

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Presentación

El veto de la Presidencia del ICAIC a la exhibición de una copia de trabajo de Quiero hacer una película, de Yimit Ramírez, en la Muestra Joven ICAIC de 2018, provocó el episodio más significativo de confrontación entre el aparato oficial de control ideológico en Cuba y los cineastas en lo que va de siglo XXI. La polémica subsiguiente se extendió entre marzo y mayo de 2018, y dio lugar a un documento fundamental de la sociedad civil: las “Palabras del Cardumen. Declaración de Jóvenes Cineastas Cubanos”.

Estos eventos no pueden entenderse fuera de su contexto: se produjeron con posterioridad a la censura y difamación pública del cineasta Juan Carlos Cremata, a manos del Consejo Nacional de las Artes Escénicas del Ministerio de Cultura, por su adaptación teatral de la obra El rey se muere, de Eugene Ionesco, en 2015; la prohibición de la exhibición en el país del largo de ficción Santa y Andrés (Carlos Lechuga, 2016); el despliegue policial ante la galería El Círculo, en La Habana, para impedir una presentación de Nadie (Miguel Coyula), en 2017, y la autodisolución, en 2016, del conocido como Grupo de los 20, creado a raíz de la Asamblea de Cineastas Cubanos (2013), que exigía una Ley de Cine en Cuba y la legalización de las productoras audiovisuales independientes. Asimismo, en 2017, las autoridades de Alquízar retiraron los permisos previamente otorgados para grabar El proyecto (Alejandro Alonso) en una comunidad de ese municipio; y en Ciego de Ávila, la Seguridad del Estado amenazó y hostigó al equipo de rodaje de El tren de la línea norte (Marcelo Martín, 2015). En este periodo, además, se hizo manifiesta la invisibilización en las salas de cine y la televisión nacionales de la producción del cine independiente.

El veto a Quiero hacer una película se debió a la desaprobación por parte del entonces presidente del ICAIC, Roberto Smith, y su vicepresidente, Octavio Fraga, de una frase ofensiva sobre el mártir de la independencia cubana, José Martí, pronunciada por uno de los personajes de ficción del filme. Sus realizadores habían sido invitados por el Comité Organizador de la Muestra Joven a exhibir el work in progress como parte del programa del evento, con la intención de compartir con los asistentes la experiencia de un largometraje de ficción independiente, financiado a través de un original crowdfunding. No obstante, tras verla como requisito previo para su exhibición, la Presidencia decidió no aprobar su pase en un cine, recluyéndola a una sala de poco más de veinte personas. Los realizadores del filme y la Junta Directiva de la Muestra rechazaron la decisión.

El día de la presentación a la prensa del programa de la 17 Muestra Joven ICAIC, el conflicto hizo erupción cuando el presidente del Instituto de Cine se limitó a leer una declaración justificando el veto y calificando a los organizadores como poco éticos por dar a conocer su desaprobación públicamente a través de una carta difundida en redes sociales. Los miembros de la Junta Directiva exigieron a seguidas dar a conocer su postura sobre el asunto, pero fueron interrumpidos a gritos por Fernando León Jacomino, por entonces director de La Jiribilla, medio digital del Ministerio de Cultura, y poco después, designado viceministro de ese organismo.

El aparato institucional oficial se activó de inmediato para condenar tanto a la película como a los organizadores de la Muestra Joven. Textos en los periódicos del Partido Comunista y la Unión de Jóvenes Comunistas, en La Jiribilla y el Portal Cubarte, así como declaraciones de las oficialistas Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y Asociación Hermanos Saíz, defendieron el veto del ICAIC y reiteraron los argumentos condenatorios. Un sinfín de descalificaciones y difamación alcanzó a los actores de la “desobediencia”, que fueron señalados como “enemigos de la Revolución” y asalariados de Donald Trump, entre otros epítetos.

Una marcada diferencia tuvo esta polémica con episodios anteriores de censura dentro de la Muestra Joven: la respuesta al relato oficial fue abundante a través de las redes sociales. Entre 2016 y 2018, la presencia de los cubanos en el escenario virtual se había vuelto masiva, por lo que la diversidad de posturas en torno al conflicto circuló abiertamente. En ello tuvieron un papel no menor las publicaciones periodísticas independientes o fuera de la política informativa oficial, que cubrieron la polémica. En esos medios aparecieron reflexiones de críticos y cineastas, que insistieron en lo inaceptable de la censura, así como en la postura reaccionaria oficial en torno a los símbolos y héroes del panteón nacionalista. La periodista Miriam Celaya apuntó entonces: “El punto no es que se esté desmoronando una presunta veneración al Apóstol, sino que cada pequeña irreverencia ciudadana parece recordar a los autócratas que para ellos no habrá siquiera pedestales”.

Si bien las tensiones parecieron aflojar durante la celebración de la Muestra Joven, en los primeros días de abril, el debate en torno a la libertad de expresión de los cineastas prosiguió, y tuvo un nuevo punto de giro solo un mes después, cuando se dio a conocer el manifiesto colectivo “Palabras del Cardumen. Declaración de Jóvenes Cineastas Cubanos”.

El documento, que encontró centenares de adhesiones, lanzó un desafío generacional al modelo de administración ideológica del discurso artístico imperante en Cuba, al advertir que “cualquier acusación que se cierna sobre nuestras películas debe atender primero los problemas de esa realidad que les sirve de referente, que las condiciona tonal y temáticamente”.

En referencia a la polémica derivada de la censura de Quiero hacer una película, el documento señala que “resulta alarmante, por demás, la inconsistencia intelectual de los argumentos que funcionarios y asesores suelen esgrimir para vetar o regular la visibilidad de proyectos u obras. Tales prácticas, sumadas a la difamación, en medios de prensa oficiales, de críticos y realizadores, generan un clima inapropiado para la libre creación y circulación de las ideas”.

Los jóvenes cineastas, no obstante, llaman a “construir un diálogo con las instituciones y sus representantes, así como al más alto nivel del Ministerio de Cultura y de organizaciones que deben representar a los artistas, como la UNEAC. Pero ha de ser un diálogo en condiciones de equidad a partir de una lógica no autoritaria, patriarcal, paranoide; sino horizontal, respetuosa y desprejuiciada; y sobre todo efectivo, que conduzca a resultados concretos más allá de la retórica. En un país como el nuestro, la política cultural no debe ser un sobrentendido ni puede imponerse como dogma”.

La declaración fue respondida públicamente a través de La Jiribilla por una funcionaria del Ministerio de Cultura, quien lanzó contra sus firmantes toda clase de descalificaciones y reiteró los argumentos oficiales de semanas previas.

Quiero hacer una película fue estrenada en España en 2020, dentro del Festival Rizoma, cuando la mayor parte de su equipo de realización había emigrado. En 2021 pudo ser vista online en la Isla, dentro de la programación del independiente Festival de Cine INSTAR, que organiza el Instituto de Artivismo Hannah Arendt, de la artista cubana Tania Bruguera.

Documentos


* Expediente coordinado por Dean Luis Reyes.

ARCHIVO RIALTA
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Rialta, Alianza Iberoamericana para la Literatura, las Artes y el Pensamiento A. C. es una asociación civil con sede en Querétaro, México, de carácter no lucrativo, que tiene por objeto principal la promoción y fomento educativo, cultural, artístico, científico y tecnológico.

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