Ha muerto el alemán Jürgen Habermas mientras el mundo parece empeñado en refutar sus grandes ideales filosóficos

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Uno de los más grandes filósofos europeos de la era contemporánea, el alemán Jürgen Habermas, ha muerto a los 96 años en la ciudad de Starnberg, en Bavaria, y deja así un mundo que se empeña en refutar las grandes esperanzas democráticas y humanistas de su pensamiento.

Europeísta militante hasta sus últimos momentos, sempiterna voz crítica al interior de la sociedad alemana, propulsor de la noción de “democracia deliberativa” y partidario de la razón y el debate como motores para alcanzar verdades consensuadas en la interacción social, Habermas fue el último gran representante de un linaje –asociado a la “Teoría crítica” y la Escuela de Frankfurt– que remite a nombres tan relevantes como Walter Benjamin, Theodor Adorno, Max Horkheimer, Herbert Marcuse, Jürgen Habermas o Erich Fromm.

Autor de Teoría de la acción comunicativa (1981), una de las obras filosóficas más influyentes de la segunda mitad del siglo XX, Habermas dio continuidad a la crítica de la “razón instrumental” y apostó en cambio por la “racionalidad comunicativa” y por una forma radical de ilustración para reflotar el proyecto inacabado de la modernidad.

Sus últimas preocupaciones fueron la potente emergencia de proyectos iliberales y nuevos autoritarismos en el viejo Occidente, la fragilidad de Europa ante la guerra en Ucrania, la amenaza de un orden mundial chinocéntrico, a partir de la preeminencia comercial de Pekín, y “la liquidación ya prácticamente irreversible del régimen liberal-democrático más antiguo”, en Estados Unidos, y, de paso, del derecho internacional a manos de Donald Trump.

Las advertencias de su artículo en Süddeutsche Zeitung –reproducido en El País de España– son las de un intelectual público que mira inevitablemente de Europa y, sin dudas, desde Alemania.

Y a menudo fue criticado el suyo como un universalismo eurocéntrico, cuando no le fue señalado ese “excepcionalismo alemán” que tantas veces ha servido, por ejemplo, para clausurar el debate libre sobre el conflicto israelo-palestino.

En una carta abierta de diciembre de 2023, lo emplazaba el profesor Asef Bayat, de la University of Illinois Urbana-Champaign, a raíz de un comunicado en que Habermas, junto a otros tres intelectuales alemanes, negaba que las acciones del Estado de Israel en respuesta al ataque terrorista de Hamas (7 de octubre de 2023) tuviera “propósitos genocidas”.

La terquedad de las intenciones y los actos sionistas, y la aritmética de la matanza, terminaría quitando –a ojos de la mayoría de la comunidad internacional– la razón al nonagenario filósofo alemán.

“¿Cuántas vidas más deben perderse antes de que merezcan atención? ¿Qué sentido tiene, al fin y al cabo, la «obligación de respetar la dignidad humana» que su declaración subraya con tanto énfasis? Es como si temiera que hablar del sufrimiento de los palestinos pudiera menoscabar su compromiso moral con las vidas judías. Si es así, qué trágico resulta que la reparación de una injusticia colosal cometida en el pasado deba estar ligada a la perpetuación de otra injusticia monstruosa en el presente”, sostenía entonces Bayat. “Me temo que esta brújula moral retorcida está relacionada con la lógica del excepcionalismo alemán que usted lidera. Porque el excepcionalismo, por definición, no permite una norma universal, sino normas diferenciales. Algunas personas se convierten en seres humanos más dignos, otras menos dignas, y otras, indignas. Esa lógica bloquea el diálogo racional y desensibiliza la conciencia moral; erige un bloqueo cognitivo que nos impide ver el sufrimiento de los demás, obstaculizando la empatía”.

Desde una perspectiva latinoamericana, Sergio Villalobos-Ruminott, profesor de la Universidad de Michigan, en Estados Unidos, reconocía en redes sociales la importancia del trabajo de Habermas, al tiempo que hacía notar esto: “lo que su nombre representa ya agonizaba hace tiempo, gracias, por un lado, a la conversión de la pragmática universal que fundamentaba su teoría de la democracia en las sociedades del capitalismo tardío en una teoría de la argumentación consensual para fortalecer políticas de gobernabilidad en el horizonte neoliberal. Y por otro lado, gracias a que el cosmopolitismo habermasiano, inteligentemente moldeado en la tradición de la paz perpetua buscada por las naciones europeas, no solo había sido puesto en suspenso por las guerras intestinas de la Europa post-Guerra Fría, sino que ahora termina por arruinarse gracias a la actual guerra global comandada por las nuevas formas de soberanía securitaria e imperial que se disputan el mundo, que lo confiscan (como diría Arnaud Orain) para asegurar la perpetuación provinciana y recalcitrante de un Occidente reducido a una representación racializada y empobrecida”.

En la hora de su muerte –confirmada este sábado 14 de marzo por la editorial Surkhamp –, la deriva universal, y en particular la de Occidente, más allá de sus propios errores de juicio, parece impugnar sus ideales filosóficos, o bien confirmar su relativa validez propositiva. 

Sociólogo y filósofo adscrito a la segunda generación Escuela de Frankfurt, Jürgen Habermas nació el 18 de junio de 1929 en Düsseldorf, en la Alemania que incubaba el nazismo.

Fue uno de los mayores pensadores de la Europa de posguerra y autor de un cuerpo de obra insuperado por sus contemporáneos; ahí están también La transformación estructural de la esfera pública (1962), Historia y crítica de la opinión pública (1962), Conocimiento e interés (1968), El discurso filosófico de la modernidad (1985), Facticidad y validez (1992), Entre naturalismo y religión (2005), Una nueva transformación estructural de la esfera pública y la política deliberativa (2022).

RIALTA STAFF
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Rialta, Alianza Iberoamericana para la Literatura, las Artes y el Pensamiento es una asociación civil con sede en Querétaro, México, de carácter no lucrativo, que tiene por objeto principal la promoción y fomento educativo, cultural, artístico, científico y tecnológico.

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