Hay en la obra de Ania Moussawel, ganadora de la Becas Cintas 2025 con la serie The Days Are Long, una insistencia en mirar lo cercano sin asumir que lo cercano es transparente. Su mirada parte de escenas aparentemente reconocibles –una sala, una figura sentada, un gesto repetido entre generaciones–, pero en lugar de confirmar su familiaridad, las reorganiza hasta volverlas extrañamente densas. No se trata de capturar momentos, sino de construir imágenes donde las relaciones –entre madre e hija, entre pasado y presente– se hacen visibles como si estuvieran ocurriendo al mismo tiempo. En ese desplazamiento, lo cotidiano deja de ser evidencia y se convierte en problema.
Más que narrar una historia familiar, su trabajo parece ensayar cómo una imagen puede sostener múltiples temporalidades sin resolverlas. La planificación, la repetición y el uso contenido del color no buscan perfección formal, sino una cierta suspensión: un estado donde las figuras no terminan de fijarse y las escenas no se agotan en lo que muestran. Así, cada fotografía funciona menos como recuerdo que como una construcción activa, un espacio donde la experiencia no se representa, sino que se reorganiza y adquiere otra forma de permanencia.
A veces el encuentro con la fotografía no ocurre como una decisión inmediata, sino como una revelación progresiva. En tu caso, ¿cómo se produjo ese acercamiento inicial? ¿Cuáles fueron las primeras imágenes que realizaste y qué inquietudes –aunque aún no estuvieran del todo formuladas– estaban presentes en ellas?
Siempre me ha interesado hacer fotografías, pero no fue hasta mi segundo año en Miami Dade College, que empecé a hacerlas y a pensarlas de una manera más formal. Las primeras fotos que hice eran, sobre todo, observaciones de mi entorno; algo que hasta hoy sigue marcando mi manera de crear imágenes.
En tu práctica, el retrato y la observación de lo cotidiano funcionan como herramientas para abordar la familia, la memoria y la pérdida. ¿Cuándo comprendiste que ese ámbito doméstico podía convertirse en un espacio de exploración artística sostenida y no solo en un entorno personal?
Cuando estaba haciendo los estudios de posgrado, empecé a hacer videos sobre tradiciones culinarias de mi herencia cubana y libanesa. Me grababa mientras preparaba estos platos, y eso me ayudó a conectar con recuerdos y con mi propia identidad cultural, a la vez que honraba a familiares que ya no están.
El color en tus fotografías no parece operar como un recurso decorativo, sino como una condición que estructura la experiencia visual. Desde esa perspectiva, ¿cómo definiste que el lenguaje cromático era fundamental para tu manera de construir sentido? ¿El blanco y negro ha sido una posibilidad real dentro de tu proceso o tu imaginario está intrínsecamente ligado al color?
Una vez que empecé a aprender fotografía en color, seguí trabajando principalmente en color, mezclando de vez en cuando algunas imágenes en blanco y negro. Por lo general, observo los colores de los espacios que fotografío, y eso casi siempre me ayuda a definir la paleta de colores de la serie.
En The Days Are Long, decidí usar tonos más suaves, más apagados, con el rosado como color central de la serie.
El proceso de construir una voz propia siempre se forma en diálogo con otras imágenes. ¿Qué fotógrafos, fotógrafas u otros creadores han sido significativos en tu formación visual? ¿Con quiénes sientes una cercanía estética o conceptual y de qué influencias has debido tomar distancia para afirmar tu propio lenguaje?
Hay varios artistas que han influido en mi trabajo reciente, incluyendo a Elinor Carucci, Sally Mann y Larry Sultan. Su trabajo con la familia, especialmente con niños y padres, es lo que más me conecta.
No sentí que tuviera que distanciarme del trabajo de ellos para afirmar mi propio lenguaje. Aunque a veces compartimos preocupaciones similares, nuestros contextos y experiencias hacen que las decisiones estéticas sean distintas.
Tu identidad se configura desde una herencia cubana y libanesa, y desde tu experiencia como estadounidense de segunda generación, como tu misma mencionas en tu statement. ¿Cómo incide esa condición bicultural en tu comprensión del hogar, la pertenencia y la representación de lo íntimo dentro de tus imágenes?
Mi definición de hogar cambió cuando fui por primera vez a Cuba y al Líbano. Todas esas experiencias y detalles de los hogares de mi familia me hicieron entender con más claridad mi propia identidad.
Aunque son culturas distintas, comparten cosas importantes: la conexión fuerte con la familia, varias generaciones viviendo juntas, y las mujeres están en el centro de la familia, incluso dentro de tradiciones patriarcales.
En relación con Cuba, ¿de qué manera te posicionas frente a la fotografía contemporánea que se produce hoy dentro y fuera de la isla? ¿Encuentras puntos de conexión con esa escena o percibes tu trabajo desde otra geografía simbólica?
Como artista de origen cubano y libanés que vive y trabaja en Miami me posiciono en diálogo con la fotografía cubana contemporánea, pero desde la perspectiva de la diáspora. Mi práctica está marcada por haber crecido en el sur de la Florida y por mi educación y las exposiciones que he tenido en los Estados Unidos. En este sentido, mi fotografía se presta a discursos fotográficos latinx más amplios.
The Days Are Long, proyecto con el que obtuviste la Beca Oscar Cintas, sitúa en el centro la maternidad y la transmisión intergeneracional entre mujeres. En estas imágenes el crecimiento y el envejecimiento conviven en un mismo flujo temporal. ¿Qué impulso personal o reflexión dio origen a esta serie? ¿Cómo manejas la tensión entre registro y construcción en estas escenas familiares?
Cuando nació mi hija, me costó adaptarme a mi nueva identidad como madre y artista. Pensé en la compleja relación entre las madres y las hijas en mi familia, algo que marcó el trabajo que vino después. Empecé a fotografiar este proyecto más o menos cuando comenzó la COVID. Todo arrancó con la imagen de mi abuela sentada en una silla de la sala de su casa. También hice fotos de mi hija, Violet, y de mi madre. Me di cuenta de que había un diálogo muy fuerte entre las fotos y seguí haciendo más hasta que sentí que la serie estaba completa.
La mayoría de las fotos están pensadas y planificadas. Casi todas empiezan como una idea y en muchos casos la imagen final sale de dos o tres versiones anteriores.
Finalmente, si observas el conjunto de tu trayectoria fotográfica, ¿consideras que tu trabajo funciona como un archivo íntimo o como una investigación más amplia sobre desplazamiento, herencia y continuidad? ¿Cómo se articulan en tu práctica la experiencia privada y las narrativas colectivas?
Veo mi trabajo como un archivo íntimo que investiga mi identidad y herencia. Uso mi propia casa y las casas de mis familiares como escenarios donde los rituales, los símbolos y las relaciones pueden hablar de experiencias más grandes de migración, maternidad y memoria de varias generaciones. De esta manera, la experiencia privada se convierte en un punto de entrada hacia las narrativas colectivas.













