Hoy no fío y mañana tampoco: la filosofía de los negocios cubanos

Muchos adultos mayores, acosados por el hambre, acuden a los vendedores en busca de un poco de comida, con la promesa de pagar en cuanto logren cobrar su pensión.
Un vendedor con un cartel de "No fío" en la ciudad de Holguín
Un vendedor con un cartel de "No fío" en la ciudad de Holguín (Foto: CubaNet)

HOLGUÍN, Cuba “La gente me dice ‘Fíame una libra de arroz y una de frijoles, que mañana te pago’, pero después demora o no cumple”, cuenta Marcos Domínguez, quien tiene un cartel de “No fío” en su puesto del agro, en el reparto Pueblo Nuevo de la ciudad de Holguín. Para él, la lógica es simple: “El comerciante también necesita el dinero para volver a invertir, si no, el negocio fracasa. Dar fiado es muy riesgoso”.

Los vendedores necesitan dinero inmediato para subsistir y pagar a proveedores. Ante la falta de garantías legales frente a impagos, vender sin cobrar al instante podría hacer quebrar cualquier negocio en el actual contexto cubano.

Muchos de los que recurren al fiado son adultos mayores. Acosados por el hambre, acuden al vendedor en busca de un poco de comida, con la promesa de pagar en cuanto logren cobrar su pensión. Pero el sistema les falla: las colas interminables en el banco, los cajeros sin dinero y los apagones que afectan el sistema electrónico los dejan sin poder acceder a su propio dinero. Así, sin quererlo y sin tener la culpa, quedan mal con el vendedor.

Cartel de un vendedor, en Holguín
Cartel de un vendedor, en Holguín (Foto: CubaNet)

“Prefiero pasar hambre que pedir fiado y quedar mal”, dice Rosa Cruz, jubilada del reparto Vista Alegre. La señora, que está en una cola para extraer su dinero de un cajero automático, lleva días intentando cobrar su pensión, la cual debería haber recibido hace una semana. “Si me llevo algo fiado con la promesa de pagar al día siguiente, seguro incumplo, aunque no sea por mi culpa. Pasa lo de siempre: hay apagón en el banco, el cajero no tiene dinero, no hay conexión o las colas son interminables”.

Pero no siempre fue así. Los holguineros de mayor edad recuerdan un comercio donde la confianza valía más que el dinero. “Antes de 1959 los comerciantes generalmente fiaban la mercancía”, recuerda Roberto Velázquez, vecino del reparto Alcides Pino. “Cuando ibas a liquidar la deuda, el vendedor hasta te regalaba un peso por encima para agradecerte la formalidad. Era otra vida”, comentó.

Ahora, los vínculos vecinales ya no cuentan con el respaldo financiero del que gozaban en el pasado. “Antes las bodegas fiaban porque había salarios estables, comercio fluido y las deudas se pagaban”, asegura Velázquez, y añade: “Hoy los salarios se atrasan, los cajeros no tienen dinero y nadie puede garantizar que va a pagar. Por eso los vendedores desconfían y no fian”.

El cartel de “No fío” tiene, en ocasiones, el rostro culpable de quien sabe que está dejando a un vecino sin comer. “Me duele cuando viene una viejita del barrio, que me cargó cuando yo era un niño, a pedirme una mano de fongos porque no ha podido sacar el dinero de su chequera del banco”, cuenta Felipe Carbonell, atrapado entre la solidaridad y el sostén de su propio negocio. “¿Cómo le digo que no?”, se pregunta el holguinero, y enseguida explica el dilema: “Si yo doy la mercancía y me la pagan en 15 días entonces pierdo porque los precios siguen subiendo”. Y, por si fuera poco, añade, el aprieto no termina ahí: “El que me trae la mercancía me exige los billetes uno arriba del otro, a él no le importa si el cajero del banco está roto”.

"No fío...", otro cartel fotografiado en Holguín
«No fío…», otro cartel fotografiado en Holguín (Foto: CubaNet)

“Personas conocidas se han puesto bravas conmigo porque les digo que no le puedo dar nada fiado. Pero yo no soy el culpable”, dice Lorenzo Cruz, comerciante de alimentos básicos. “Yo no soy un ministerio, ni la Seguridad Social. Yo soy un vendedor que trabaja para que su familia coma, y a mí el proveedor no me acepta fiado; si no hay dinero, no hay negocio”, se defiende.

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