marzo 17, 2026

¡Qué viva Shangó!: La «revelación» que convirtió a Celina González en leyenda

Este lunes, 16 de marzo, habría cumplido 97 años la reina guajira de Cuba, Celina González.
Celina González
Celina González (Foto tomada de Cubarte)

SANTA CLARA, Cuba — Si en cualquier parte de América Latina se pidiera aludir a un referente de la música campesina cubana, cualquier mínimo conocedor mencionaría a Celina González. Una vez que se presentaba en Cali, Colombia, la diosa guajira fue aclamada por más de 50.000 personas que incluso lloraron al verla en vivo sobre el escenario. En República Dominicana, Puerto Rico y México temas suyos como Yo soy el punto cubano permanecieron por meses en el hit parade de las emisoras nacionales. En 2006, 1.000 mariachis le cantaron Las mañanitas en la plaza Garibaldi de Ciudad de México para festejar su cumpleaños.

Celina nació el 16 de marzo de 1928 en el poblado mantancero de Nueva Luisa, aunque casi toda su infancia transcurrió en Santiago de Cuba. En varias entrevistas contó que sus primeras influencias musicales se debieron precisamente a sus padres, que acostumbraban a cantar y recitar décimas. Por aquel entonces, eran los guateques el espacio de encuentro y jolgorio por excelencia para las familias campesinas. Aún adolescente conoció en una de estas fiestas al guitarrista Reutilio Domínguez, quien se convertiría en su pareja sentimental y artística.

Para finales de la década de 1940, el dúo de Celina y Reutilio se había convertido en todo un fenómeno en el oriente del país: se presentaban a teatro lleno, el público pedía doble función y les enviaba decenas de cartas al programa Atalaya campesina, de la emisora de Santiago de Cuba. Justo en el año 1948, el destino de Celina estaba a punto de dar un vuelco absoluto a su favor, cuando el ya popular compositor de guarachas Ñico Saquito —autor de los conocidos tema María Cristina y Camina como Chencha, la gambá— les propuso grabar un disco en La Habana, y hacia la capital partieron a probar suerte. Fue en este preciso instante de la carrera de Celina González que nace el hit más aclamado en la historia de la música campesina cubana.

Celina González
Celina (Foto tomada de Granma)

A sus cortos 20 años, Celina tuvo una revelación espiritual. Era de madrugada y se hallaban hospedados en el hotel habanero a la espera del encuentro con los representantes de la emisora Radio Cadena Suaritos. A las 5:00 de la mañana, una fuerza mayor la hizo saltar de la cama. La mismísima Santa Bárbara le había hablado para profetizarle un éxito artístico rotundo si le dedicaba una canción de alabanza. En una oportunidad, el músico cubano Alfredito Rodríguez, recientemente fallecido, le preguntó si acaso aquella visión había ocurrido mientras dormía, a lo que ella le contestó rotundamente: ‘Sueño no fue, yo la vi’”.

En una entrevista concedida al programa Cubanos en primer plano especificó: “Se me presentó como una persona y me dijo me tienes que cantar: ‘Cuando tú me cantes, tú vas a recorrer el mundo’. No obstante, Celina no estaba segura de lo que iba a hacer, porque “no dominaba los toques, ni los ritos”, dijo a la periodista Mayra Martínez para en el libro Cubanos en la música. “Le digo a Reutilio sobre mi deseo. Y él me responde, ‘Hazlo en décima’. Escribí la letra y fue llegando la música. Fíjate que solo tiene una palabra yoruba: Shangó”.

El tema A Santa Bárbara, más conocido por su estribillo “Qué viva Shangó, señores”, se convirtió en el primer gran tema de la música campesina cubana que fusionó motivos religiosos africanos con la tradición guajira. Cuenta Rafael Lam en su libro Historias de famosas canciones cubanas que la primera vez que lo ensayaron en la cabina de trasmisión “el registro potente de Celina removía los cimientos del estudio” por lo que el dueño de la emisora, Laureano Suárez. decidió abrir los micrófonos para que saliera al aire de imprevisto y “las llamadas tumbaron los teléfonos pidiendo la repetición”.

A partir de entonces, la profecía soñada por Celina se cumplió. La canción comenzó a arrasar en la radio nacional e internacional: llegó hasta el Bronx de Nueva York y a los escenarios europeos. Según la propia Celina, había sido “el cañonazo del año”. En los años sucesivos, compuso otra infinidad de temas que mezclaban el punto guajiro con el sincretismo católico y africano como San Lázaro, El hijo de Elegguá, A la Caridad del Cobre, A la virgen de las Mercedes y Rezo a Oyá, entre otros.

Sobre el impacto internacional de A Santa Bárbara, el musicólogo cubano Cristóbal Díaz Ayala sostiene que resultaba prácticamente increíble que solo dos voces y una guitarra, con algún acompañamiento rítmico, pudieran tener más éxito que una orquesta. “Con Celina y Reutilio sale del clóset el sincretismo religioso cubano, escondido por siglos”, escribió. A pesar de que muchos textos de la prensa oficial cubana refieren que Celina había practicado la llamada Regla de Osha o santería desde su infancia, ella especificó en múltiples entrevistas que nunca había sido religiosa hasta el momento en el que se le “apareció” Santa Bárbara. 

En el mismo año de 1959, el dúo grabó en Producciones Gema —el sello discográfico de los hermanos Álvarez Guedes— un tema con estructura armónica muy similar al dedicado a Shangó, pero con el coro “¡Qué viva Fidel!”. Sin embargo, en la década sucesiva y sin contemplación alguna a su obra, “los cambios de política del nuevo gobierno en cuanto a las religiones afrocubanas redujeron su repertorio solamente a lo guajiro”, sostiene el propio Díaz Ayala.

Aunque no existen muchas referencias bibliográficas disponibles sobre el ostracismo al que estuvo sometida la obra de Celina, varios autores aseguran que, en una entrevista concedida a la periodista Paquita de Armas, dijo sentir “dolor por el silencio al que fue sometido su gran clásico durante un tiempo”.

Cuatro de los cinco hijos de la cantante emigraron paulatinamente a EE.UU. Un artículo de Diario Las Américas, publicado a raíz de la muerte de la gran cantante, resalta que las primeras en salir, en 1971, fueron sus hijas, Celina y Nieves. Luego las siguieron Francisco y Lázaro. Su hijo Bárbaro se mantuvo con ella en la Isla. 

En el año 2000, mientras se hallaba de visita en Miami, sufrió dos derrames cerebrales y fue atendida en el Hospital Jackson Memorial. Tras su regreso a Cuba, su salud siguió deteriorándose: falleció el 4 de febrero de 2015, a los 86 años. Su deceso tuvo una marcada repercusión en medios latinoamericanos, sobre todo en los colombianos. La Alcaldía de Santiago de Cali, que en su momento le otorgó la llave de la ciudad, publicó un extenso comunicado en el que calificó su partida como una pérdida lamentable para América Latina.

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