LA HABANA.- No es necesario imaginar lo que sucedería en Cuba si, de momento, al gobierno de los Estados Unidos le diera por eliminar ese embargo al que la dictadura llama “bloqueo” pero que jamás ha sido obstáculo para que personajes como Raúl Guillermo Rodríguez Castro, su hermana, tíos, tías, primos y demás de la misma rama familiar —en el sentido que los mafiosos otorgan a la palabra “familia”— gozaran de la vida de lujos que solo para unos idiotas útiles, al estilo de Michel Torres Corona, sería un secreto revelado por un medio de noticias en los Estados Unidos.
Pasando por alto los motivos quizás muy personales o muy convenientes de la “filosa” desinformación de los hoy escandalizados con la hipocresía del castrismo, así como el nulo sentido que tiene continuar defendiendo lo que, ya habiendo abierto la boca el Cangrejo, se torna indefendible, es más saludable reiterar por qué el embargo de los Estados Unidos es el único remedio, aunque amargo y doloroso, que tenemos a mano. Lo necesitamos para extirpar un cáncer que nos ha estado consumiendo durante décadas, aunque quizá con un poco más de electricidad, comida y agua. Esos «pequeños lujos» nos permitamos de vez en cuando nos conducen al error de creer que el castrismo, con ellas, es el mejor de los mundos posibles.
Los pocos meses que duró el “deshielo” de Barack Obama, y en los años posteriores, ya tuvimos un adelanto de los horrores de los que sería capaz el castrismo si no existiera esa camisa de fuerza que es el embargo. Se vuelve oportuno, ahora que han echado a andar la vieja máquina del victimismo en Naciones Unidas, tener presente algunos de ellos para no caer en la trampa de imaginar que nuestras vidas de ciudadanos comunes serían mejores si alguien en el mundo no mantuviera a raya a los comunistas cubanos.
Sintiéndose libres de hacer lo que les diera la gana, una vez logrado que en 2016 les sirvieran nuestras vidas en bandeja de plata en la mesa de diálogo con la Casa Blanca, sin nadie preocupándose por la situación de miseria que viven los cubanos, incluso desde antes del fin de la era soviética (cuando para comprar un refrigerador, un ventilador o una plancha era necesario recibir el aval político del Partido Comunista y el Sindicato de Trabajadores, y cuando también existían los apagones a pesar de las toneladas de petróleo regaladas por Moscú o robadas en Angola). El castrismo ha cometido decenas de acciones irresponsables que, por los daños causados, hasta pueden ser consideradas como crímenes.
Igual de Moscú llegaron toneladas de cemento y acero, como de Angola las maderas preciosas para adornar mansiones y oficinas, pero el famoso “Programa de la Vivienda” siempre fue insuficiente, precario y foco de corrupción mientras en el otro programa de viviendas de las Fuerzas Armadas los generales y militares de alto rango cambiaban de casas como de zapatos.
Fue igual bajo el “amparo” de los soviéticos que nos alimentaban con chícharos y chicharros (“por la libreta”) mientras en la mesa de los Castro se servía por la libre —y aún se sirve— caviar y jamón ibérico traídos como “valija diplomática” en los equipajes de los altos funcionarios. Así ocupan el lugar y las libras que podían haber reservado para un equipo médico, un medicamento para un niño ajeno, pero el “bloqueo” es más soportable con la barriga llena y el corazón vacío.
Lo que no frena el embargo
Si hoy revisáramos esos mismos equipajes, de esos y de otros funcionarios, igual encontraríamos la misma hipocresía bajo la forma de equipos de audio, relojes caros, zapatos y ropas de marca. Y también medicamentos, sí, por supuesto, pero de esos que todos los vejetes “históricos” toman a diario para durar más de 90 años mientras la mortalidad infantil aumenta y nosotros morimos de hambre, de estrés, de infartos, de angustias, de enfermedades sin tratar, de violencia.
Son esos “históricos” y sus cómplices y “continuadores” “bloqueados” quienes despilfarraron recursos y reservas en construir hoteles y campos de golf en detrimento de las condiciones de vida de las personas. Priorizaron el bienestar de una casta militar poniendo en sus manos el manejo total de la economía y haciendo de GAESA el monstruo que ahora se apuran en esconder en el armario, temiendo que una acción militar o una rebelión popular terminen por revelar la magnitud del crimen, el destino de las fortunas, las ramificaciones internacionales y los verdaderos beneficiarios de un robo sostenido por años bajo el pretexto del “bloqueo”.
Un atraco tan descomunal que los casos de Arnaldo Ochoa, los hermanos De la Guardia y Alejandro Gil, los de los chilenos Marcel y Max Marambio y del canadiense Vahe Cy Tokmakjian serían la punta de un iceberg que, solo para comenzar, esconde en las profundidades conexiones con el origen corrupto y criminal de más de una fortuna fuera de Cuba. Por ejemplo, la de Isabel dos Santos, en África; la de la familia Amorim, en Europa, y hasta con los cárteles de la droga en Colombia y México, donde mencionar a Fidel Castro y celebrarlo puede ser un salvoconducto entre los jefes de jefes para salir ilesos y hasta para recibir favores de delincuentes, pandilleros y narcoguerrilleros, de esos que hoy visten de cuello y corbata.
Aprovechándose de las debilidades de una política suave totalmente errada, que no tenía en cuenta la naturaleza tramposa y abusadora del sistema, el castrismo tan solo en la última década pudo haber infiltrado cientos de agentes en territorio estadounidense bajo la fachada de la emigración descontrolada y los visados fáciles, de la normalización de los viajes y la apertura de empresas de todo tipo. Empresas que están conectadas a las estructuras de GAESA directamente o indirectamente, como sucede con la casi totalidad de las agencias de envíos a Cuba. Igualmente, los hijos, nietos y amigotes de los principales dirigentes comunistas se transformaron en exitosos empresarios abriendo bares, restaurantes, importadoras o simplemente alquilando sus mansiones, fincas y casas lujosas mientras se iban a Miami, Madrid, Londres, México o Panamá a vivir de las rentas y ganancias.
Se apropiaron del dinero ahorrado en los bancos por los ciudadanos mediante la “Tarea Ordenamiento”, nos roban los dólares con las tiendas en USD y nos los robarán con las casas de cambio “particulares” y los remesadores de última milla (que serán ellos mismos disfrazados de “privados”), secuestraron las cuentas de los inversionistas extranjeros llevando a algunos a la quiebra y ahora se preparan a dar otro golpe cuando los ingenuos, con fe ciega en las 176 medidas, imaginen que a ellos les irá mejor que a los estafados anteriores.
Modernizaron el equipamiento de las fuerzas represivas importando armamento y técnica antimotines incluso desde Europa, y fortalecieron los acuerdos militares con sus aliados en China, Rusia e Irán (que se remontan a los años anteriores al 2016). Además aumentaron la represión y el número de presos políticos en las cárceles (en sustitución de los liberados por los tantos acuerdos con el Vaticano).
En los meses recientes hemos podido comprobar que, al igual que el deshielo de Obama resultó fallido y contraproducente (en tanto legitimó la dictadura a nivel internacional), la política de máxima presión desde Washington ha obligado a la dictadura a bajarle un par de rayitas al bloqueo interno, a renunciar a su afán de meter la mano en los bolsillos de todo el que vive o aterriza en su finca privada, y los hizo implementar reformas económicas que debieron haberse implementado mucho antes de la Pandemia de Covid-19 pero que solo por el egoísmo y la perversidad propias del régimen no se pusieron en práctica, pues se trata de gente que lucra con la miseria nuestra.
Pero no ha pasado nada más allá del desastre aún cuando lo criminal se hace evidente y hasta es confesado en público. La dictadura se tambalea pero no se cae. La gente sufre pero no se rebela. Las fuerzas comunistas se estremecen, se quiebran, se desilusionan pero les puede más el miedo a perder las migajas que reciben a cambio de la “lealtad”. Del lado de allá, siempre aparecen demócratas y republicanos dispuestos a tirarles la toalla cuando aquí están contra las cuerdas, y en Europa como que les tienen lástima a los barrigones de verde olivo mientras sienten desprecio por los desnutridos que visten harapos y gritan “patria y vida”.










