LIMA, Perú — Apenas horas después de llegar a Estados Unidos, el artista y preso político cubano Luis Manuel Otero Alcántara reapareció públicamente en la Ermita de la Caridad del Cobre, donde comenzó a restaurar la imagen de una Virgen que trajo desde Cuba dañada y que describió como una metáfora de las heridas compartidas por la Isla, el exilio y él mismo.
Durante un encuentro con periodistas, activistas y miembros de la comunidad cubana en Miami, el cofundador del Movimiento San Isidro aseguró sentirse «más sano mentalmente» tras cinco años de prisión, aunque admitió desconocer el impacto físico que dejó su encarcelamiento.
Agradecido por la acogida, Otero Alcántara reveló que las autoridades penitenciarias le permitieron pintar durante su reclusión y sacar del país más de 4.000 obras realizadas en prisión, aunque unas 200 fueron retenidas por su contenido.
El papel del exilio en la transición democrática
«Ellos sabían que si yo no pintaba me moría», afirmó el artista, quien atribuyó esa posibilidad no a un gesto de las autoridades, sino a la presión y al precedente construido por generaciones anteriores del exilio cubano. «Esto no es gracias a ellos, esto es gracias a ustedes, que antes que nosotros pasaron por ellos», expresó en declaraciones difundidas por Telemundo 51 y otros medios locales.
Otero Alcántara adelantó que planea organizar una exposición con los miles de pinturas que logró sacar de Cuba. Explicó que las obras reflejan el sentimiento del encierro y que desea que sean estudiadas desde esa experiencia humana, más allá de su valor artístico o coleccionista.
El artista también reflexionó sobre el papel que desempeñan hoy los comunicadores y creadores de contenido del exilio dentro de Cuba. En ese sentido, consideró que el principal desafío del exilio consiste en ofrecer a los cubanos herramientas para comprender y defender sus derechos.
«Ahora mismo los cubanos que están de este lado son tan famosos adentro como cualquiera», afirmó, antes de señalar que figuras como Alexander Otaola o el periodista Mario J. Pentón son ampliamente conocidas incluso entre los presos. «En la prisión me decían: ‘Oye, dame el teléfono de Otaola, dame el teléfono de Pentón’, porque la gente cree en ellos», relató.
A juicio del artista, ese alcance debe aprovecharse para promover una transformación política. «Creo que hay un montón de herramientas ahora mismo para llevar a la gente hacia una dirección determinada», sostuvo. En su opinión, el objetivo es que los cubanos «aprendan lo que son las libertades y salgan a la calle en función de eso, no en función ni del pollo, ni del aceite, ni de la corriente», pues advirtió que cuando esas necesidades inmediatas se alivian, «regresan a su casa». «Vamos a ver desde esta orilla cómo le seguimos dando herramientas a ellos», añadió.
Otero Alcántara insistió en que el exilio tiene la responsabilidad de fortalecer una cultura democrática entre los cubanos. «Armar de un pensamiento cívico al pueblo cubano es lo que nos toca a nosotros», afirmó. Según explicó, quienes viven fuera de la Isla entienden «lo que es la democracia», por lo que ahora deben transmitir ese conocimiento para que las futuras protestas respondan a la defensa de las libertades y no únicamente a la crisis económica.
Sobre su futuro inmediato, descartó tomarse un largo descanso y aseguró que su prioridad será continuar trabajando por la libertad de Cuba. «Me voy a divertir, por supuesto. Pero vengo a trabajar», afirmó.
Convencido de que el tiempo juega a favor de la permanencia del régimen castrista, agregó: «Un minuto que pierda es un minuto más de dictadura».
Asimismo, rechazó la idea de que el cambio dependa exclusivamente de factores externos. «Ahora mismo se habla de Donald Trump, de que van a invadir los americanos. Pero realmente lo que está pasando ahora mismo es producto del trabajo de todos nosotros», aseguró.
«El arte no es una pintura en la pared»
Al ser preguntado por el papel que desempeñará el arte en esta nueva etapa, respondió que seguirá siendo el mismo que antes de su encarcelamiento. «Nosotros, el Movimiento San Isidro, demostramos que el arte no es una pintura en la pared», afirmó. A su juicio, «hay un tipo de arte que tiene la fuerza de cambiar las cosas» y recordó que «una canción cambió las cosas, un performance cambió las cosas, le abrió los ojos a la gente».
El artista sostuvo que nunca dejó de hacer arte, aunque el régimen le impidiera desarrollar libremente sus acciones performáticas. «Yo no he hecho otra cosa que arte, pero sí tengo el compromiso de que puse la piel», expresó. Recordó que las iniciativas de San Isidro consistieron simplemente en sacar las obras al espacio público para que la gente pudiera reconocerse en ellas.
«Nosotros no hicimos nada extraordinario. Simplemente sacamos las pinturas para la calle», dijo. «Todos los artistas van a poner la pinturita que es el rostro, pero la piel no la ponen. Y yo vengo a seguir poniendo la piel».
«Todos estamos rotos»: un mensaje para Cuba
La imagen deteriorada de la Virgen de la Caridad del Cobre que llevó consigo desde Cuba ocupó también parte de la conversación. Cuando le preguntaron quién estaba realmente «rota», respondió sin titubeos: «Ambos». Luego amplió la idea: «Tú también estás roto. Todos estamos rotos», aludiendo al dolor provocado por el exilio y la separación familiar. «Ninguno de nosotros puede ir a darle el último beso a la abuela que se muere… ninguno puede sentarse en el Malecón a romancear», lamentó.
Otero Alcántara confirmó además que su hijo, de 16 años, permanece en Cuba. Explicó que tuvo la posibilidad de traerlo consigo, pero decidió esperar hasta conocer la realidad que encontrará en Estados Unidos. «Si él toma la decisión personal de venir o ir a Bahamas, donde él quiera vivir, yo le voy a dar las herramientas para que él decida», afirmó. No obstante, reconoció que su mayor preocupación sigue siendo la «familia y los amigos que se quedaron».
En su mensaje final a las familias de los presos políticos, el artista reiteró que su trabajo continuará centrado en la libertad de Cuba. «Cuba tiene que ser libre para que no haya más presos políticos», sostuvo.
Sobre el particular, recordó que adolescentes han sido condenados a años de prisión por gritar «Patria y Vida» y recurrió a una metáfora para explicar dónde, a su juicio, debe concentrarse el esfuerzo de la oposición. «Hace mucho tiempo me di cuenta de que el problema no es el cristal. El problema es la fábrica que está en candela. Entonces, vamos a ir a por la fábrica (…) Vamos a dedicarle el tiempo a los presos políticos, a la libertad de Cuba y el tiempo a tumbar la dictadura”, concluyó.










