Primero de Mayo en Cuba: un desfile que no fue tal

Las informaciones relativas al Día Internacional de los Trabajadores también reflejan que el régimen se encuentra en fase terminal
Foto: X/Presidencia de Cuba

Este viernes fue Primero de Mayo. Me hice el propósito de levantarme más temprano que de costumbre para ver por televisión el llamado “Desfile por el Día Internacional de los Trabajadores”, pero debo reconocer que, en definitiva, desistí de hacerlo. Es esta una confesión que debo hacer ante mis lectores, pues el propósito que me animaba era cubrir, de algún modo, para ellos, la mencionada celebración.

En mi descargo puedo alegar que mi objetivo no era cubrir el evento en sí. Para hacer esto, como Dios manda, yo habría tenido incluso que hacer acto de presencia y convertirme en uno más de los que se supone concurrieron a la llamada “Tribuna Antiimperialista” del Malecón habanero para expresar su respaldo al régimen imperante.

Pero ya se sabe que la actividad periodística de quien esto escribe no se centra en la cobertura de eventos noticiosos, sino en la redacción de artículos de opinión. Entonces, creo, se justifica mi renuencia (tras acostarme ya pasada la medianoche) a quitarle horas al sueño para ver la primera transmisión del referido acto castrocomunista.

En definitiva, la Televisión Cubana volvió a emitir ese material a una hora más razonable, y este informador tuvo entonces la ocasión de observarlo y hacerlo, además, de una manera que considero más útil y provechosa para los fines que yo perseguía.

¿Qué comentarios puedo hacer al respecto? Lo primero que se me ocurre es exponer algo obvio: en puridad, no se trató de un desfile. Aunque los castristas establecieron varios puntos de concentración, desde los cuales los congregados, al amparo de la noche, caminaron hacia las inmediaciones de la Embajada norteamericana, en realidad resulta más acertado hablar de un mitin o concentración.

Esto, claro, si nos limitamos al aspecto político del acto, porque, como suele decirse, en este último hubo de todo, como en botica. En la escasa hora y media que duró la transmisión televisiva no faltaron retrospectivas históricas ni documentales propagandísticos, con declaraciones progubernamentales de diversos ciudadanos seleccionados con ese fin.

Tampoco (¡cosa insólita en un acto político de esa envergadura!) faltaron los momentos musicales. Me llamó especialmente la atención el último de ellos (transmitido inmediatamente antes de “La Internacional”), cuya letra, muy poco apropiada para un acto que —se suponía— era serio, exhortaba a abrir una botella y beber su contenido alcohólico.

¡Lo que va de ayer a hoy! Esto es lo que les ha quedado a los castrocomunistas de los desfiles por la anchísima Avenida Paseo, que duraban horas enteras: una concentración en la llamada “Tribuna Antiimperialista”, en la cual el número de personas que pueden congregarse es tremendamente inferior.

Claro que los cotorrones y plumíferos del régimen no siempre se cohíben de dar cifras infladas. El locutor oficialista que condujo el referido acto central y el diario Granma, por ejemplo, hablan de “más de medio millón de habaneros”. Solo aquejados por un delirio extremo es posible admitir la presencia de ese número de personas, que sencillamente no cabrían en ese lugar.

Sí reconozco que el número de los asistentes, aunque muy inferior a las cifras oficiales, me pareció excesivo. Es verdad que el régimen cuenta con medios efectivos para compeler a sus súbditos a hacerle el juego de esa manera. Pero también es cierto que el estado catastrófico en que se encuentra sumido el país habría justificado, creo, una asistencia aún menor.

En el caso de los actos celebrados en el interior del país, me llamó la atención que, en contra de lo que era tradicional en las transmisiones de años atrás, esas imágenes nunca aparecieron a pantalla completa; siempre fueron compartidas con otras de La Habana. Esto, unido a su escasa duración (apenas unos segundos), hacía imposible formarse una idea aproximada de lo nutrido (o esmirriado) de la concurrencia a esos actos secundarios.

Pero aún más llamativo fue constatar que esos pases provinieron de menos de la mitad de las capitales provinciales. Supongo que, si en La Habana se hizo necesario echar mano de todas las habilidades de los camarógrafos del ICRT (Instituto Cubano de Radio y Televisión) para proyectar una imagen menos ruinosa, en la mayoría de las ciudades de provincias ni siquiera esa destreza resultó suficiente para encubrir la realidad.

En el caso de las informaciones provenientes del interior de la República, observamos que ha habido notables diferencias entre unas y otras. Varios órganos locales de prensa se cohíben de aventurar cifras. Alguno —por ejemplo, Escambray, de la provincia de Sancti Spíritus— alude comedidamente a “miles de espirituanos”.

Pero también hubo exageraciones desenfrenadas (“infladera de globos”, se dice en el argot coloquial cubano). Mención especial merece el agramontino Adelante. Ese periódico habla de “320 mil camagüeyanos en toda la provincia”, de ellos “cerca de 250 mil” en la Plaza de la Revolución “Ignacio Agramonte”, de la tercera ciudad del país.

El acto central fue marco propicio para que el general de Ejército Raúl Castro (quien ya no ostenta cargos oficiales, pero sigue siendo reconocido como figura dominante) junto al primer secretario del partido único y presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, recibieran simbólicamente las “firmas por la Patria” estampadas por los ciudadanos.

Más de seis millones es la cifra de cubanos que —afirman los castrocomunistas— accedieron a estampar sus respectivas rúbricas en respuesta al llamado oficialista. Sin embargo, incluso después del solemne acto de entrega, han continuado transmitiéndose por televisión los promocionales de “Mi firma por la Patria”. Esperemos que se trate solo de un despiste más del Departamento Ideológico del Comité Central.

Tras el alarde propagandístico que significó realizar estos actos por el Primero de Mayo en medio de carencias de todo tipo, consecuencia de décadas de régimen comunista, cabría esperar que comiencen a abrirse nuevas perspectivas para los ciudadanos de la isla.

Biografía del autor:

ARTÍCULO DE OPINIÓN Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.

Sigue nuestro canal de WhatsApp. Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de Telegram.