LA HABANA.- Son como el criminal que no tiene escrúpulos en usar a su familia como escudo para salvar el pellejo, y hay pocas cosas que provoquen más asco y rabia que eso. Pero ha sido la táctica de la dictadura todos estos años, se sienta o no acorralada, y ahora que lo está de verdad, no podemos esperar otra cosa de ella que no sea más represión. De modo que hace rato hemos llegado al punto en que tampoco debiera esperar de nosotros obediencia, moderación o las mismas palabras de protesta que jamás trascienden el reclamo, y que por tanto serán ignoradas, así como lo han sido las demandas por la libertad de Luis Manuel Otero Alcántara y Maikel Osorbo, junto con los demás presos políticos.
En Cuba no hay más presos políticos porque una buena parte de los hombres y mujeres que disienten, que se oponen o que simplemente desean pensar con la libertad que merecen los seres humanos han optado por simular obediencia, callar, enmudecer, exiliarse, o porque han sido forzados a alguna de esas “variantes” de la represión.
Incluso los que insisten en que “emigraron” por asuntos económicos y no políticos, de regresar a vivir en la Cuba castrista con los cambios de mentalidad que producen la libertad y los sistemas democráticos aun de modo inconsciente, serían potencialmente presos de conciencia, hoy apenas salvados por la gracia del distanciamiento geográfico (y por la urgente necesidad de sus dólares que tiene el régimen).
En ese sentido, el tema de los presos políticos y de la represión contra la libertad de pensamiento debería preocuparnos a todos, y además movilizarnos con algo más que protestas y reclamos en las redes sociales.
Con los muchachos de El4tico —que ahora entran en ese ciclo terrorífico de encierro-liberación-encierro que sabemos terminará, entre mucha provocación y violencia desmedida, en cárcel o destierro, pudiera suceder algo similar o peor que con Luis Manuel y Maikel, una vez que el Movimiento San Isidro y lo ocurrido con todos sus miembros —en la cárcel y en el exilio— ya no les está funcionando como suceso aleccionador. Y no les funciona en gran medida por esa desmemoria que caracteriza a la sociedad cubana, mucho más poderosa y letal, paralizante, que la suma de los traumas sufridos en más de medio siglo de totalitarismo, y como consecuencia de este.
La arremetida contra El4tico es como la reactivación de una vacuna que va perdiendo su efecto, y dadas las circunstancias críticas que atraviesa el régimen y su tradicional “modus operandi”, aumentan las posibilidades de que el ensañamiento sea mayor y que la práctica se extienda contra otros grupos similares, que ya son unos cuantos en la Isla. Y alrededor de los cuales comienzan a nuclearse figuras relevantes del pensamiento, la ciencia y la cultura que hasta ayer mismo se identificaron con el castrismo pero que hoy, decepcionadas y muy molestas, se desmarcan abiertamente de ese discurso suicida, manipulador e imprudente de una casta militar que, incumpliendo sus promesas y habiendo saqueado las reservas estatales para construir hoteles y sostener los altos niveles de vida de una élite. La cual demanda más sacrificio y muerte cuando lo más urgente para los cubanos es sobrevivir, y después avanzar hacia la libertad como único camino a la prosperidad, individual y colectiva.
Lo ocurrido contra El4tico ha sido un acto de violencia usado como burdo mensaje, una vez que las deserciones al interior del castrismo aumentan peligrosamente, debilitando esa “unidad” cada día más fraccionada, aunque no por el “enemigo” —o el fantasma que se han creado— sino por los propios comunistas con sus actitudes hipócritas y sus políticas engañosas y egoístas, más que fallidas.
La prueba de que el castrismo y el comunismo son nuestros mayores enemigos, y que por tanto debemos eliminarlos de una vez y para siempre, está en la sistematicidad de sus prácticas abusivas.
Ahora, por ejemplo, el bloqueo a los hidrocarburos que el régimen intenta pasar como “abuso” del que sería una víctima, en realidad debería servirnos para hacernos unas cuántas preguntas sobre cuál era el verdadero destino del petróleo venezolano que pasaba por Cuba o, ya que no existía ese “terrible obstáculo” que hoy justifica definitivamente la dolarización de la totalidad de las gasolineras de la Isla, por qué el déficit de combustible ha sido un problema persistente, antiguo, que antecede a cualquier proclama presidencial de los Estados Unidos.
La cruda verdad, reportada, documentada y denunciada desde hace tiempo por diversos medios de prensa, es que antes llegaba en grandes volúmenes pero se empleaba en otras cosas más “urgentes” para el castrismo que no son ni la generación eléctrica para la población, ni la producción de alimentos, ni el transporte público sino en reexportarlo en su inmensa mayoría, en garantizar las reservas que a su vez garantizan el funcionamiento del desproporcionado aparato represivo y el mantenimiento del modo de vida de la élite “dirigente” (igualmente desproporcionado), y solo una cantidad ínfima destinarla a mantener ese perpetuo ciclo de crisis-miserias que alimenta el provechoso discurso sobre el “bloqueo” (que ahora vemos no era tal), la “guerra económica” y la “economía de guerra”, con los que justifican todos los abusos.
Incluido el abuso contra unos jóvenes cuyo único delito ha sido pensar libremente, así como la desproporción de fuerzas empleadas para silenciarlos, cuando hace apenas un mes lloriqueaban por el “ataque desproporcionado” que aniquiló a todos sus militares que servían como fuerza mercenaria en el cordón de seguridad de Nicolás Maduro.
Son los comunistas cubanos unos abusadores que merecen muy bien ser abusados y violentados con toda la desproporción de fuerzas que sea posible, venga de donde venga. Así que no caigamos en ese juego hipócrita de la “soberanía” y la “patria” cuando la indefensión a la que hemos sido condenados por el castrismo, al despojarnos de nuestro derecho a definir entre todos qué son la soberanía y la patria más allá de lo que decidan los comunistas, no deja más opciones que, primero, expulsarlos del poder, para posteriormente intentar, con el esfuerzo común, poco a poco, recuperarnos del daño y de los traumas.
Evidentemente, lo sucedido con los muchachos de El4tico es una muestra del único lenguaje con que es posible “dialogar” y negociar con la dictadura castrista: la violencia. Y es que no se puede responder a un acto de semejante nivel de abuso, de prepotencia y de cinismo con los siempre inefectivos llamados a la cordura —que presuponen erróneamente la existencia de una verdadera voluntad de diálogo— cuando se trata de un régimen criminal por naturaleza, y que por tanto debe ser enfrentado con algo más “contundente” que palabras y presiones diplomáticas.
Para los que aún se esfuerzan por encontrar una “alternativa de paz” que conduzca a ese cambio democrático al que aspira la mayoría de los cubanos, este episodio en Holguín —que recuerda tanto a lo sucedido en La Habana con el Movimiento San Isidro y que, por tanto, advierte de la sistematicidad del abuso— debería ser definitivo para convencerlos de que, en este punto en que nos encontramos, no hay otro camino a la libertad que no sea el de la rebelión, aunque lo más temerario que podamos aportar a eso sea el cruzarnos de brazos y desobedecer.







