La propagandista española Ana Hurtado, una de las defensoras más estrechas del régimen cubano en plataformas digitales, dirigió una advertencia pública al secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en la que augura duras consecuencias y un elevado costo humano para las tropas estadounidenses ante una eventual acción militar en la Isla.
Bajo el título “Los vivos envidiarán a los muertos”, el texto difundido en redes sociales estuvo acompañado por una fotografía del archivo del activista Russ Kick que exhibe filas de féretros de soldados norteamericanos caídos durante la guerra de Irak.
En su mensaje, Hurtado apela a calificativos denigrantes para referirse a la cúpula de la administración estadounidense: nombra a Rubio con el apodo de “Blondie” y se refiere al presidente Donald Trump como “zanahorio”.
La activista sostiene que una incursión militar en el territorio cubano derivaría en un empantanamiento similar al del conflicto en Medio Oriente.
“Porque entrar puede ser fácil. Lo difícil es salir. Marco Rubio lo sabe. En ningún momento ha dicho que al terminar esta Administración habrá acabado con el ‘malvado régimen comunista cubano’. Un hombre seguro de poder hacerlo probablemente lo diría”, argumentó la propagandista española.
Sopesando las recientes declaraciones del jefe de la diplomacia estadounidense sobre ubicar a la Isla en una ruta de cambio político, Hurtado cuestionó los alcances reales de Washington: “Eligió otras palabras: espera dejar a Cuba en un ‘camino irreversible hacia un futuro muy diferente’. Porque esta gente quizás piensa que sabe cómo empezar. Lo que nadie puede escribir de antemano es cómo termina la historia y, sobre todo, cómo se sale de ella. Ambos, zanahorio y Blondie, saben que siempre sus vivos acaban envidiando a sus muertos”.
La postura de Rubio en Washington
La retórica de Hurtado trasciende en un momento de endurecimiento sostenido en las políticas de Washington contra la dictadura castrista.
Donald Trump pidió este miércoles estar “atentos” a lo que el secretario de Estado, Marco Rubio, “va a hacer con Cuba”, aunque no dio ningún detalle sobre qué prepara su administración para la Isla. El mandatario intervino en un acto en la Casa Blanca por el Mes de la Herencia Hispana, antes de cederle la palabra a Rubio.
El mismo día, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) del Departamento del Tesoro publicó en el Registro Federal el reglamento que pone en práctica el régimen de sanciones contra el régimen cubano creado por la Orden Ejecutiva 14404, que Trump firmó el 1 de mayo.
El reglamento congela los bienes e intereses de las personas y entidades designadas, prohíbe a los ciudadanos y residentes estadounidenses hacer operaciones con ellas o darles apoyo financiero, material o tecnológico, y suspende su entrada en Estados Unidos.
También abre la puerta a castigar a los bancos extranjeros que tramiten operaciones de los sancionados: pueden perder sus cuentas de corresponsalía en Estados Unidos o ver sus activos bloqueados. Quedan fuera de la prohibición los servicios legales, la atención médica de urgencia, los alimentos, las medicinas y determinadas actividades de organizaciones no gubernamentales en beneficio de la población civil.
Al amparo de esa misma orden ejecutiva, Rubio designó el 17 de septiembre a 11 objetivos en la Isla: cuatro empresas estatales que explotan las reservas de níquel, cuatro empresas militares dedicadas a la investigación y el desarrollo de sistemas de armas, capacidades navales y simulación de combate, y tres oficiales que las dirigen.
En ese comunicado sostuvo que el Gobierno cubano ha canalizado los recursos del país “hacia las manos de una élite militar estrecha y corrupta, dejando a los cubanos de a pie sin electricidad fiable, sin comida y sin dignidad”.
Dos días antes del acto en la Casa Blanca, el secretario de Estado había ido más lejos en una entrevista con Sean Hannity, de Fox News. Preguntado sobre si el régimen de la Isla estaba a punto de caer, respondió que “la verdad es que Cuba ya ha[bía] caído”, que no tenía “una economía funcional” y que la gobernaba gente que seguía “predicando sobre una revolución que lleva 20 años muerta y que nunca funcionó”.










