Los carteles que nadie mira: ¿Quién quiere trabajar con el Estado?

"Nadie quiere trabajos que pagan una basura", asegura una holguinera.
"Se solicita personal para custodio". Cartel en una institución estatal, en Holguín (Foto: CubaNet)

HOLGUÍN, Cuba ― “Los carteles de empleo del Gobierno son un adorno. La gente quiere trabajar, pero necesita que el salario le alcance para pagar los altos precios”, dice la holguinera Odalys Martínez Cruz, quien observa los anuncios de trabajo que exhiben varias instituciones en Holguín

El salario medio estatal en Cuba es de 6.930 pesos cubanos (CUP). Esta cifra equivale a apenas 10 dólares mensuales, teniendo en cuenta que el dólar alcanza los 695 CUP en el mercado informal. Simultáneamente, el costo de vida calculado para un mes supera los 50.000 pesos.

“Tú ves los cartelitos colgados por dondequiera: ‘Se solicita auxiliar de limpieza’, ‘Se busca plaza de esto o lo otro’. Pero la gente pasa y ni los mira. Nadie quiere coger esos trabajos porque pagan una basura”, opina Yudith Rojas.

En su análisis, la joven va más allá: “En cualquier negocio particular, por limpiar un pedacito, te pagan mínimo 600 pesos diarios, o hasta más”, argumenta. “En cambio, el Gobierno te quiere pagar 1.000 o 2.000 pesos y pico al mes por lo mismo. ¿Quién va a trabajar por eso?”.

Cartel en Holguín (Foto: CubaNet)

Holguín no es un caso aislado. Las Tunas, por ejemplo, tiene actualmente más de 4.000 plazas vacantes en sectores vitales como Salud, Educación y Agricultura. Los registros oficiales indican que más de 200 tuneros han rechazado las opciones presentadas.

“Las direcciones municipales [de Trabajo] tienen plazas. Lo único que necesitan hacer es acudir, informarse y decidirse. Los trabajadores sociales ya están visitando a estas personas en sus comunidades, pero la voluntad final es personal”, dijo al periódico 26 Yicel Sosa Valdivia, directora de Trabajo y Seguridad Social de Las Tunas.

En Holguín, Manuel Pérez asegura que dejó su puesto de trabajo estatal cuando comprendió que el salario no compensaba su esfuerzo. “Los carteles están por todas partes, pero cuando preguntas por el salario se te quitan las ganas”, cuenta. “Con ese sueldo no se vive. Yo trabajé en la construcción con el Gobierno y lo dejé: pagan poco, el trabajo es duro y bajo el sol”.

A lo largo del país, las autoridades intentan frenar el déficit laboral organizando ferias de empleo con el objetivo de “proporcionar oportunidades de trabajo dignas y reducir el trabajo informal”.

Carteles en Holguín (Fotos; CubaNet)

Pero la promesa de dignidad laboral sucumbe ante la propia realidad. El economista Pedro Monreal somete la escala salarial oficial de Cuba a un escrutinio riguroso y define la pobreza extrema como la situación en que los ingresos no alcanzan para cubrir las necesidades básicas de alimentación. Si el salario medio equivale a unos 55 dólares mensuales, es decir, unos 1,80 dólares diarios, los cubanos están por debajo del umbral de la pobreza, que está fijado en 2,15 dólares al día. 

La situación real es aún más grave si se aplica el tipo de cambio informal, advierte Monreal.

El auge de la gestión privada está cambiando el mercado laboral. Las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) han emergido como una alternativa. “Están moviendo más empleo porque pagan mejor que el Estado”, asegura Lisandra Perdomo, quien trabaja en una mipyme de venta de alimentos. 

“La gente no está pa’ trabajar con el Gobierno”, asegura Roberto García. “Todo el mundo está para lo particular porque al final esto va a terminar siendo todo privado. La realidad es que el Estado paga una miseria, muy poco, y todo en la calle está carísimo”, agrega.

Pero García va más allá y se atreve a vaticinar el desenlace: “Aunque el Gobierno se ponga duro y no quiera soltar los negocios, va a tener que entregarlos, porque la gente se está yendo a otro lado”, sentencia.

Otro cartel en Holguín (Foto: CubaNet)

El sacrificio exigido por las administraciones públicas no tiene justificación financiera ni material. “Esos carteles de ‘Se busca auxiliar de limpieza’ están ahí de adorno”, dice Luisa Rodríguez. “¿Tú sabes lo que es limpiar sin guantes, con un trapo viejo, sin detergente, con agua y frotadera?”, pregunta.

“Los particulares te exigen, sí, pero te dan almuerzo, te dan los medios y te pagan el día al momento”, contrasta la holguinera. “Con el Estado te pagan poco, te descuentan el sindicato, las reuniones políticas… y, al final, el refrigerador vacío”. 

Rodríguez concluye que “la gente prefiere vender maní en la esquina que estar bajo la bota del Estado”, una frase que condensa, en pocas palabras, el desencanto de toda una generación.

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