MADRID, España.- Dos grupos de inversores respaldados por capital estadounidense compiten por adquirir una participación mayoritaria en Sherritt International, la compañía canadiense que explota junto al Estado cubano importantes yacimientos de níquel y cobalto en Moa, Holguín, según reveló la periodista Nora Gámez Torres, del Miami Herald.
Una de las propuestas procede de Gillon Capital LLC, vinculada al empresario texano Ray Washburne, y contempla la adquisición del 55% de Sherritt. Washburne dirigió durante el primer mandato de Donald Trump la Corporación de Inversión Privada en el Extranjero de Estados Unidos.
La segunda oferta involucra a Kyma Capital, Trifon Natsis, Glencore y un inversor estadounidense no identificado. La estructura de esa operación también permitiría que capital estadounidense controlara al menos el 55% de la minera canadiense, de acuerdo con la investigación del Miami Herald.
De concretarse alguna de las adquisiciones, sería una entrada sin precedentes en décadas de capital estadounidense en una compañía directamente involucrada en la minería cubana.
Sherritt mantiene una asociación de larga data con el régimen de La Habana para la explotación de los depósitos de Moa. La operación se realiza mediante una empresa conjunta participada a partes iguales por la compañía canadiense y la estatal General Nickel Company.
Parte de las propiedades utilizadas actualmente para la explotación minera pertenecieron antes de la Revolución a intereses estadounidenses. Entre ellas figuran activos de Moa Bay Mining Company, controlada entonces por Freeport Sulphur Company, que fueron confiscados por el Gobierno de Fidel Castro en 1960. Estados Unidos certificó posteriormente una reclamación por esas propiedades valorada originalmente en unos 88,3 millones de dólares, sin contar los intereses acumulados desde entonces.
Las reclamaciones por bienes confiscados podrían representar un obstáculo jurídico para cualquier comprador estadounidense y eventualmente abrir la puerta a litigios relacionados con el uso de propiedades nacionalizadas por el régimen cubano.
Las negociaciones se producen además en medio de una mayor presión de Washington contra el sector minero de la Isla. En mayo, la Administración Trump sancionó a Moa Nickel S.A., vinculada a la sociedad entre Sherritt y General Nickel Company, una medida que complicó las operaciones cubanas de la empresa canadiense.
Cualquier adquisición que coloque el control de Sherritt en manos estadounidenses tendría que superar no solo obstáculos financieros y corporativos, sino también las restricciones derivadas de las sanciones de Estados Unidos y las reclamaciones pendientes por propiedades confiscadas.
El interés por la compañía coincide además con la creciente importancia estratégica del níquel y el cobalto, minerales utilizados en numerosas aplicaciones industriales y tecnológicas.
Una eventual operación colocaría así a inversores estadounidenses en una situación inédita: controlar una empresa asociada al Estado cubano en la explotación de recursos minerales en terrenos vinculados a propiedades confiscadas a estadounidenses hace más de seis décadas.









