MIAMI.- La capacidad del régimen cubano para penetrar instituciones, cultivar redes de influencia y desarrollar operaciones de largo plazo en Estados Unidos fue el centro de un foro que reunió en Washington a investigadores, antiguos oficiales de la inteligencia de la Isla y exagentes del Buró Federal de Investigaciones (FBI).
El encuentro, titulado The Enemy Within? Cuban Intelligence Penetration in the United States (¿El enemigo interno? La penetración de la inteligencia cubana en Estados Unidos), se celebró el 8 de septiembre en la sede de la Universidad Internacional de Florida (FIU) en Washington D. C.
Organizado por el Adam Smith Center for Economic Freedom, el foro abordó las operaciones de espionaje de La Habana, sus vínculos con organizaciones políticas y sociales, la utilización de espacios académicos y diplomáticos y la forma en que el régimen identifica y cultiva colaboradores dentro de Estados Unidos.
“Lo que ocurre en Cuba no se queda en Cuba”, advirtió Carlos Díaz-Rosillo, director fundador del Adam Smith Center, durante las palabras de bienvenida.
La presentación estuvo moderada por Helen Aguirre-Ferré, directora de programas del centro, quien recordó que el Departamento de Estado había publicado recientemente el informe Cuba: Capital of 21st Century Communism, dedicado a documentar décadas de espionaje, subversión e influencia política del régimen cubano.
Una influencia desproporcionada
María Werlau, directora ejecutiva de Cuba Archive, sostuvo que La Habana ha conseguido proyectar una influencia internacional muy superior a su peso económico, demográfico y militar.
Según su análisis, el régimen ha aprovechado durante décadas la imagen de Cuba como una pequeña nación enfrentada a Estados Unidos, mientras construía un aparato exterior apoyado en la diplomacia, la propaganda, los servicios de inteligencia, las llamadas misiones médicas y las organizaciones de solidaridad.
Werlau distinguió dos grandes etapas. Durante el período soviético, Cuba intervino de forma directa en conflictos armados, apoyó guerrillas y desarrolló operaciones de inteligencia en diferentes regiones. Después de la desaparición de la Unión Soviética, adaptó su estrategia para actuar desde el interior de las instituciones democráticas y fortalecer alianzas políticas capaces de influir en gobiernos, organismos internacionales y movimientos sociales.
En esa segunda etapa, explicó, Venezuela se convirtió en el principal aliado de La Habana. La llegada de Hugo Chávez proporcionó recursos y una plataforma regional para extender el llamado socialismo del siglo XXI.
La investigadora atribuyó parte de la efectividad cubana a la naturaleza totalitaria del sistema. A diferencia de las democracias, donde existen cambios de gobierno, controles institucionales y límites legales, el Partido Comunista de Cuba puede sostener durante décadas una misma estrategia, movilizar los recursos del Estado y actuar sin transparencia ni rendición de cuentas.
Werlau definió ese conjunto de instrumentos como una modalidad de “poder incisivo” que combina inteligencia, diplomacia, propaganda, redes sociales, actividades económicas y relaciones políticas.
Cuba Archive calcula que el régimen mantiene más de 4.500 “relaciones de inteligencia” en Estados Unidos. Werlau aclaró que se trata de una estimación elaborada a partir de información proporcionada por cuatro desertores de los servicios cubanos y que la categoría no se limita a agentes reclutados para entregar secretos.
La cifra incluye, según explicó, relaciones administradas por funcionarios cubanos dentro de ámbitos empresariales, gubernamentales, académicos y periodísticos. Algunos de esos contactos pueden ser abiertos y legales, pero resultar útiles para ejercer influencia, obtener información o identificar posibles colaboradores.
La investigadora también señaló que Cuba mantiene una presencia diplomática desproporcionada respecto a su tamaño y su producto interno bruto. A su juicio, las embajadas y misiones cubanas funcionan como centros desde los cuales se gestionan contactos políticos y operaciones de inteligencia.
Redes que operan a plena vista
Gelet Martínez Fragela, directora ejecutiva de ADN Cuba, presentó los resultados preliminares de una investigación de más de dos años sobre las redes relacionadas con el régimen cubano dentro de Estados Unidos.
La periodista aseguró haber recopilado y examinado información de fuentes abiertas sobre 1.583 entidades. Entre los documentos revisados mencionó registros municipales, viajes, campañas públicas, vínculos organizacionales y actividades políticas.
Martínez Fragela fue cuidadosa al precisar: “No estoy afirmando que Cuba dirija a cada organización o a cada individuo. Lo que puedo documentar es una estructura que hace que esas personas resulten útiles para el Estado cubano”.
Según su exposición, una parte del sistema se articula alrededor de la National Network on Cuba, integrada por decenas de organizaciones con distintas funciones. Algunas movilizan activistas, otras organizan viajes, proporcionan ayuda material, amplifican mensajes en medios de comunicación o facilitan acceso político.
Entre las entidades mencionadas aparecen la Brigada Venceremos, Pastores por la Paz y el Partido por el Socialismo y la Liberación, además de organizaciones locales de solidaridad con Cuba.
La periodista sostuvo que Pastores por la Paz cumple varias funciones simultáneas: moviliza simpatizantes, canaliza ayuda hacia la Isla, organiza viajes, promueve acciones políticas y conecta a activistas estadounidenses con instituciones cubanas.
Uno de los mecanismos analizados fueron los viajes de jóvenes a Cuba. Martínez Fragela explicó que varios activistas conocidos comenzaron a visitar la Isla durante la adolescencia, algunos alrededor de los 17 años. La periodista aclaró que ese patrón no demuestra por sí solo una operación de reclutamiento, pero consideró que su repetición merece ser examinada.
También señaló que las autoridades cubanas pueden utilizar la información contenida en los pasaportes enviados para tramitar esos viajes con el objetivo de evaluar el perfil de los participantes.
Otra vía de influencia identificada fue la creación de acuerdos entre ciudades estadounidenses y municipios cubanos. Según Martínez Fragela, en localidades que mantienen esos vínculos se han promovido resoluciones favorables a objetivos políticos de La Habana, entre ellos el levantamiento de las sanciones estadounidenses.
La investigadora aseguró que más de 100 resoluciones de ese tipo han sido aprobadas en el ámbito municipal y señaló a California como uno de los territorios con mayor concentración.
El carácter abierto de muchas de estas actividades dificulta una respuesta de las autoridades, explicó. La influencia política puede ejercerse públicamente y no constituye necesariamente un delito, mientras que demostrar una operación clandestina o un vínculo formal con un servicio de inteligencia requiere pruebas mucho más exigentes.
El FBI subestimó durante décadas la capacidad cubana
Stuart Hoyt Jr., exagente supervisor del FBI que trabajó durante más de 20 años en operaciones de contrainteligencia relacionadas con Cuba, calificó al aparato cubano como uno de los servicios de inteligencia más eficaces del mundo.
Entre las razones de esa efectividad mencionó la capacidad del régimen para seleccionar personal, ofrecer privilegios a sus oficiales y mantener operaciones durante largos períodos. Mientras los agentes estadounidenses suelen rotar entre diferentes destinos y amenazas, los oficiales cubanos pueden dedicar gran parte de su carrera a estudiar un solo objetivo: Estados Unidos.
Hoyt utilizó el caso de la Red Avispa para ilustrar la paciencia de La Habana. Comunicaciones interceptadas y posteriormente presentadas durante el juicio mostraron que los agentes recibían instrucciones de avanzar lentamente y mantener objetivos que podían tardar años en alcanzarse.
Uno de esos propósitos era penetrar el Comando Sur de Estados Unidos. De acuerdo con Hoyt, los mensajes enviados a los agentes dejaban claro que se trataba de un proceso “difícil y largo” ante el cual no debían cansarse ni considerar imposible la misión.
El exagente también afirmó que la misión cubana ante Naciones Unidas ha servido como una importante plataforma de inteligencia. Desde allí, sostuvo, los oficiales identifican personas de interés, evalúan posibles colaboradores y administran agentes.
A su juicio, el tamaño de la representación diplomática cubana en Nueva York no se corresponde con las necesidades ordinarias de un país de las dimensiones de Cuba.
Ana Belén Montes y el espionaje por convicción
Peter Lapp, exagente especial del FBI que participó en la captura y los interrogatorios de Ana Belén Montes, centró su intervención en la funcionaria de la Agencia de Inteligencia de la Defensa que espió para La Habana durante aproximadamente 17 años.
A diferencia de otros espías motivados por dinero, Lapp explicó que Montes actuó por convicciones ideológicas y por su rechazo a la política exterior de Estados Unidos. Esa motivación, advirtió, puede hacer más difícil detectar a un agente, pues no existen pagos ni señales visibles de enriquecimiento.
“Ella realmente odia a nuestro país”, afirmó Lapp, quien consideró que Montes se veía a sí misma como una persona moralmente obligada a ayudar a Cuba.
El exagente recordó la actuación de Montes después del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, ocurrido el 24 de febrero de 1996. Según su relato, un oficial cubano le indicó que cualquier información que obtuviera sobre la respuesta del Gobierno estadounidense sería de valor para La Habana.
Para Lapp, ese episodio demuestra que Montes tuvo la oportunidad de apartarse cuando comprendió que sus acciones podían estar relacionadas con la muerte de cuatro ciudadanos estadounidenses, pero decidió continuar colaborando.
El antiguo agente criticó la poca atención que las agencias estadounidenses han concedido al espionaje cubano frente a amenazas consideradas mayores, como China y Rusia.
“Nuestra comunidad de inteligencia y el FBI no dan a Cuba la prioridad que deberían”, aseguró. Aunque reconoció que Washington dispone de recursos limitados y debe atender a potencias con armas nucleares y mayores capacidades económicas, advirtió que La Habana concede a Estados Unidos una importancia muy superior a la que recibe en sentido contrario.
Hoyt coincidió en que las instituciones estadounidenses han subestimado históricamente al régimen cubano. La narrativa de una isla pequeña y sin capacidad para causar daños, explicó, ha contribuido a restar importancia a operaciones desarrolladas durante años.
“Todo el mundo sabe en Cuba que lo que defendemos es mentira”
El foro también incluyó los testimonios de antiguos integrantes del aparato cubano.
En una intervención grabada, Alcibiades Hidalgo, exjefe de despacho de Raúl Castro y antiguo embajador de Cuba ante Naciones Unidas, sostuvo que La Habana logró presentarse internacionalmente como víctima de Estados Unidos y ocultar el alcance real de sus actividades.
Hidalgo señaló que el reciente informe del Departamento de Estado reúne antecedentes conocidos desde hace años, entre ellos la protección de organizaciones radicales y las operaciones dirigidas contra intereses estadounidenses. En su opinión, comienza a cambiar la percepción de que Cuba no representa una amenaza.
José Cohen, exoficial de la Dirección de Inteligencia cubana, describió el adoctrinamiento y la formación recibida dentro del sistema. Cohen estudió criptología, trabajó en operaciones contra Estados Unidos y escapó de Cuba en una balsa en 1994.
“Todos los oficiales de inteligencia que están en todas las embajadas del mundo saben que eso no funciona”, aseguró. Según Cohen, muchos de ellos sostienen al régimen no por razones lógicas, sino como mecanismo de supervivencia y por factores como el miedo, el resentimiento y la dependencia institucional.
El exoficial recordó que durante su adolescencia estaba dispuesto a dar la vida por Fidel Castro. Su ruptura comenzó, dijo, cuando descubrió que el sistema que había aprendido a defender se sostenía sobre la falsedad y la represión.
“Todo el mundo sabe en Cuba que lo que decimos y defendemos es mentira”, afirmó.
Cohen consideró que el peligro del régimen no reside en que Cuba sea una potencia económica o militar, sino en su capacidad para servir como plataforma a adversarios con mayores recursos.
“Cuba es un país en bancarrota, pero se ha convertido en un símbolo peligrosísimo”, señaló. Inmediatamente aclaró que al hablar de Cuba se refería al régimen y no al país ni a sus habitantes.
Por su parte, Enrique García, antiguo oficial de la Dirección General de Inteligencia, explicó que fue reclutado como colaborador a los 17 años y como oficial a los 19. Recibió formación en academias de la KGB en Moscú y dirigió operaciones de la inteligencia cubana en siete países de América Latina antes de desertar en Ecuador en 1989.
García estableció una diferencia entre los agentes secretos y las llamadas “relaciones de confianza”. Estas últimas, explicó, son personas que colaboran públicamente con La Habana sin entregar necesariamente información confidencial. En esa categoría situó a figuras con acceso a congresistas, periodistas y otros actores capaces de influir en la política estadounidense.
El exoficial afirmó que, durante su trabajo en América Latina, presenció la entrega de dinero enviado por Fidel Castro para financiar campañas electorales y conoció casos de ministros y altos funcionarios reclutados por la inteligencia cubana. También aseguró haber visto documentos clasificados estadounidenses que llegaban a La Habana mediante valijas diplomáticas. Estas afirmaciones fueron presentadas como parte de su testimonio personal y no estuvieron acompañadas durante el foro por documentos que permitieran verificarlas de manera independiente.
Según García, para la inteligencia cubana reclutar incluso a un empleado de bajo nivel de una embajada estadounidense podía ser más valorado que captar a un alto funcionario de otro país. “La prioridad número uno de la inteligencia cubana en todo el mundo es Estados Unidos”, afirmó.
Las intervenciones coincidieron en una advertencia: la debilidad económica de Cuba no debe confundirse con falta de capacidad para desarrollar operaciones de inteligencia e influencia. Precisamente porque actúa a largo plazo, aprovecha las libertades de las sociedades democráticas y construye relaciones que no siempre violan la ley, el régimen puede avanzar sin generar la misma alarma que provocan adversarios más poderosos.
Para los participantes, reconocer esa diferencia constituye el primer paso para dimensionar una amenaza que, según sostuvieron, Estados Unidos ha ignorado o minimizado durante décadas.








