LA HABANA.- Apenas se ha enfriado el debate sobre la entrevista concedida por Sandro Castro a CNN y la cadena NBC News ha ofrecido sus cámaras a Miguel Díaz-Canel para que justifique con el embargo estadounidense el monumental fracaso de su gestión, niegue con tremenda desfachatez la existencia de presos políticos y afirme que su permanencia en el poder depende de la voluntad del mismo pueblo que ya le ha hecho saber, de muy variadas maneras, que su gobernanza no sirve. Las preguntas de la periodista Kristen Welker podrían equipararse a un confortable colchón donde el presidente designado por Raúl Castro tuvo la libertad de realizar toda clase de piruetas verbales, lanzar temerariamente argumentos falaces y dar tumbos dentro de su propia retórica, teniendo la certeza de aterrizar siempre de pie, a salvo, dentro de los límites de la superficie mullida.
La prensa internacional dio muestras, otra vez, de una complacencia inaudita al no objetar ni una sola de las respuestas emitidas por el entrevistado, tan fáciles de desmontar por cualquier reportero bien informado y realmente interesado por la situación que atraviesa Cuba. Es comprensible el desconcierto de quienes siguen esperando que medios influyentes hagan su trabajo, nombren sin tapujos la raíz del problema y pongan el foco sobre todas las decisiones administrativas tomadas en los últimos años por el Partido Comunista de Cuba a través de Díaz-Canel, que nos han conducido hasta un presente donde no parece posible encontrar una salida sin comprometer la soberanía nacional.
Nada tuvo que decir la periodista sobre la prisión domiciliaria impuesta a Anna Bensi y su madre, o el encarcelamiento de los jóvenes del El4tico y de Jonathan David Muir (víctimas recientes de la persecución política). No mencionó la impermeabilidad fiscal y el secretismo con que el conglomerado militar GAESA administra los principales recursos del país, o el mal uso que la parte cubana hizo de las licencias comerciales emitidas por el Departamento del Tesoro para adquirir en Estados Unidos bienes necesarios para el pueblo, y en cambio fueron empleadas para importar artículos de lujo mientras arreciaba la crisis dentro de la isla. Tampoco se le ocurrió cuestionar la reventa en alta mar de petróleo venezolano destinado a Cuba cuando ya en las provincias los apagones superaban las doce horas diarias.
No lo hizo porque la verdadera intención de ciertos medios de prensa y del poder político que los sostiene, es reforzar la idea de Díaz-Canel como el peón que se debe sacrificar para que la presión de Estados Unidos cese. NBC News apuntó su lente al político más mediocre en toda la historia de Cuba con el propósito de reconducir las críticas, las acusaciones, el rechazo y la responsabilidad política por el desastre de la isla hacia un individuo que lo ha hecho todo mal, pero no por iniciativa propia, sino por orden directa de esos innombrables a los que la prensa internacional prefiere dejar fuera de sus indagaciones.
La deshonestidad, la indecencia, la manipulación son tan evidentes que ya no cabe duda de que una transición con los Castro al frente del país es la apuesta clara de un segmento de políticos influyentes, que justifican sus intromisiones en el tema Cuba poniendo por delante el dolor de un pueblo que es hostigado y encarcelado por sus ideas políticas con la misma asiduidad con que Díaz-Canel miente ante el mundo entero, empleándose a fondo en ser diagnosticado como “el problema”. Tal será el gran final de su lastimosa carrera como marioneta de la familia Castro que, tras bambalinas, ordena la redacción apresurada de nuevos decretos para permitir hoy lo que hasta ayer no se podía, supuestamente por culpa de un “bloqueo” que no solo sigue ahí, sino que, según palabras del propio Díaz-Canel, cada día se recrudece más.
Estas incoherencias son deliberadamente ignoradas por la prensa internacional y los políticos que le hacen juego a la cantaleta sobre el embargo, mientras mueve todas las fichas a su disposición para garantizar que, en la cerrada ecuación de la política cubana, Díaz-Canel sea la variable a eliminar, manteniendo la constante del castrismo. Cuanta más mugre se eche encima el “puesto a dedo”, sea por orden de sus superiores o por su propia y demostrada incapacidad, mejor lucirá el clan Castro, que tiene representantes en todos los frentes: desde el liberalismo frívolo de Sandro hasta el marxismo reaccionario de Fidel Castro Smirnov y esposa, pasando por el reformismo sibilino de Oscar Pérez-Oliva Fraga; todos sujetos al esquema de control mafioso encabezado por El Cangrejo, nieto predilecto de Raúl Castro.
Dos de dos lleva la prensa internacional contra el pueblo cubano en lo que va de año. Los insulares, por su parte, no deben olvidar que Díaz-Canel es una terrible circunstancia desatada sobre el país en 2018. El mal verdadero viene desde 1959, lleva el apellido Castro, se llama Partido Comunista de Cuba, se fortaleció con la Constitución de 2019 que declaró irrevocable el socialismo, encadenándonos indefinidamente a la maquinaria de exterminio lento y metódico que arrasa al país. Ese andamiaje debe ser destruido, y hasta tanto no coincidamos todos, o la mayoría, en que ahí radica el origen de nuestras desgracias, el país que anhelamos seguirá siendo una mera ilusión.










