MIAMI, Estados Unidos ― El demógrafo Juan Carlos Albizu-Campos advirtió que Cuba se encuentra en “plena zona de desastre demográfico”, marcada por una caída sostenida de la fecundidad, el aumento de la mortalidad, el rápido envejecimiento y la emigración de cientos de miles de personas, especialmente jóvenes y mujeres en edad reproductiva. En una entrevista publicada este viernes por Martí Noticias, el especialista definió el fenómeno como un “vaciamiento demográfico” que, de mantenerse las tendencias actuales, continuará al menos hasta 2030.
La advertencia coincide con las estadísticas más recientes de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), publicadas en julio de 2026: la población calculada por el organismo estatal pasó de 9.748.007 habitantes al cierre de 2024 a 9.434.593 al terminar 2025.
Para Albizu-Campos, el problema no puede reducirse a las estadísticas de natalidad, mortalidad o migración. El especialista habla de una “policrisis” en la que confluyen la situación económica y alimentaria, el deterioro de los servicios y del sistema sanitario, las deficiencias de la política social y, especialmente, la pérdida de expectativas de futuro. En ese contexto, explicó, muchas parejas no desean tener hijos y algunas contemplan emigrar antes de formar una familia.
Uno de los elementos que más preocupa al demógrafo es la combinación de una fecundidad persistentemente inferior al nivel de reemplazo con la salida del país de mujeres en edad reproductiva. Según cifras internacionales citadas por Albizu-Campos durante la entrevista, el 57% de quienes emigraron en la oleada migratoria de 2020 a 2024 fueron mujeres. “Significa que aunque una mujer mantenga una determinada fecundidad, si hay menos mujeres que puedan tener hijos, el número de nacimientos también va a disminuir”, explicó.
Albizu-Campos también cuestionó algunos de los cálculos oficiales sobre el tamaño de la población y calificó de llamativo que las estadísticas estatales reflejaran un aumento de nacimientos durante el segundo semestre de 2025, en medio de los bajos niveles de fecundidad y de la reducción de la población femenina en edad fértil. Según sus propios cálculos, la población cubana habría sido de aproximadamente 8,61 millones de habitantes ya al cierre de 2023, una estimación que el especialista contrapone a las cifras oficiales.
La emigración, señaló, agrava el fenómeno no solamente porque reduce el número actual de habitantes, sino porque está concentrada fundamentalmente en personas jóvenes y en edad laboral. La salida de esas generaciones disminuye simultáneamente la población económicamente activa y la cantidad de personas que en el futuro podrían tener hijos, acelerando tanto la contracción poblacional como el envejecimiento.
El envejecimiento constituye otra de las señales de alarma. Albizu-Campos sostuvo en la entrevista que, según los datos oficiales allí citados, más del 26% de los habitantes de Cuba tendría 60 años o más. La publicación específica más reciente de la ONEI sobre envejecimiento, correspondiente a 2024, situó esa proporción en 25,7% y calculó 1.625 personas de 60 años o más por cada 1.000 menores de 15 años. El organismo estatal señaló además que Villa Clara, con 29,1%, y La Habana, con 28,1%, eran entonces las provincias más envejecidas.
Ese cambio en la estructura por edades, explicó el demógrafo, tiene consecuencias directas para la economía y la seguridad social: mientras crece el número de jubilados, disminuye la población económicamente activa que debe sostener los sistemas de pensiones, salud y asistencia social. Albizu-Campos alertó de un próximo “boom de la jubilación” a medida que las generaciones numerosas del llamado baby boom cubano alcancen la edad de retiro, en un escenario en que numerosos adultos mayores dependen de pensiones estatales insuficientes y carecen de ahorros o respaldo familiar suficiente.
El envejecimiento supondrá también una presión adicional sobre el sistema de salud, debido a la mayor prevalencia entre las personas mayores de enfermedades crónicas no transmisibles que requieren tratamientos, medicamentos e infraestructura más costosos. El problema, sostuvo Albizu-Campos, es que esa demanda creciente coincide con la crisis que atraviesa el propio sistema sanitario cubano y con su dependencia casi completa del Estado.
Las perspectivas inmediatas tampoco son favorables, de acuerdo con el especialista. Albizu-Campos no considera probable que Cuba pueda modificar sustancialmente las tendencias actuales durante los próximos cuatro años y mencionó escenarios en los que la población de la Isla podría descender hasta alrededor de 5,6 millones de habitantes si se mantienen las dinámicas actuales, una situación que, advirtió, podría hacerse visible mucho antes de finales de siglo.
El demógrafo tampoco considera realista confiar en un retorno masivo de los emigrados para revertir la reducción poblacional. Argumentó que las migraciones de retorno en grandes cantidades no constituyen históricamente el patrón habitual, porque quienes se establecen en otros países construyen nuevas vidas allí, aunque conserven vínculos familiares o económicos con sus lugares de origen.
Revertir el escenario exigiría, en su criterio, transformaciones que rebasan cualquier política específicamente destinada a estimular los nacimientos. Albizu-Campos mencionó cambios profundos en los ámbitos político, jurídico y económico, además de reglas capaces de permitir la entrada de capital para recuperar sectores esenciales. “No existen problemas de población, sino poblaciones con problemas”, afirmó, al vincular las decisiones sobre fecundidad y emigración con las condiciones concretas en que viven las personas.
Por ello, el especialista situó como prioridades la recuperación de la economía y de la infraestructura sanitaria, la mejoría de los servicios básicos, la creación de oportunidades y la garantía de derechos, antes que el cumplimiento de metas demográficas aisladas. “La solución tiene que ser que el modelo, de alguna manera, tiene que cambiar”, concluyó Albizu-Campos.










