Chico Buarque y las serpientes de La Habana

Duele y desconcierta que alguien que conoció la censura, el hostigamiento y el peso de una dictadura siga respaldando a la tiranía que oprime a Cuba desde 1959.
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Chico Buarque. (Foto: CC)

LA HABANA.- Desde el 15 de mayo está disponible en plataformas digitales la nueva versión de “Sueño con serpientes”, interpretada por el brasileño Chico Buarque y el cubano Silvio Rodríguez. La canción, compuesta por Rodríguez, apareció originalmente en su álbum Días y flores (1976).

Para grabar el tema, Chico Buarque viajó a La Habana invitado por Silvio Rodríguez. Pero su visita tuvo más de gesto político que de reencuentro musical o nostalgia generacional. El cantautor brasileño vino, sobre todo, a reafirmar un viejo compromiso con el castrismo.

El reencuentro entre Silvio y Chico Buarque terminó convertido en una puesta en escena de fidelidad ideológica. Casi podía imaginarse a ambos pidiendo fusiles AKM para salir a cazar gorriones y unicornios en la Sierra Maestra.

La reunión, reservada para amigos y trovadores que hablan, cojean y rasguean la guitarra con la mano izquierda, tuvo lugar en Casa de las Américas, viejo refugio cultural de la narrativa oficialista cubana.

Por allí desfilaron figuras como la viceministra Inés María Chapman; el ministro de Cultura, Alpidio Alonso, recordado por su papel represivo durante las protestas del 27 de noviembre de 2020; el omnipresente Abel Prieto; el periodista Fidel Díaz Castro y otros funcionarios y censores de la cultura oficial.

Más que soñar con serpientes, el encuentro parecía destinado a alimentarlas y reforzar su veneno.

El acto, eminentemente político, buscó insuflar oxígeno propagandístico a un régimen exhausto, atrapado entre apagones, escasez y un creciente rechazo popular.

Para eso —más que por su indiscutible prestigio internacional entre generaciones de amantes de la canción latinoamericana— fue invitado a Cuba Chico Buarque.

Y el brasileño aceptó el papel con entusiasmo. En su cuenta de Instagram afirmó que su viaje tenía “un carácter solidario con el pueblo y el país”, es decir, con el régimen cubano, en medio del endurecimiento de las sanciones estadounidenses, a las que atribuyó el agravamiento de la crisis económica y energética de la Isla.

Qué distante queda este Chico Buarque del joven tímido y elegante de familia acomodada que, en octubre de 1965, debutó como cantante ganando apenas cincuenta cruceiros y sintiéndose tan incómodo sobre el escenario que solo deseaba huir del público.

Aquel día comenzó una carrera que lo convertiría rápidamente en ídolo de la juventud brasileña y en uno de los grandes referentes de la música popular de América Latina.

En octubre de 1966 ganó el Festival Nacional de Música Popular. En apenas una semana se vendieron 70 000 copias de su disco La Banda, y su rostro empezó a ocupar portadas de revistas y páginas de periódicos.

Pero muy pronto chocó con la dictadura militar brasileña instaurada en 1964. En 1968 fue censurada su obra teatral Roda Viva, cuyo protagonista era un cantante devorado por el engranaje mediático y comercial de una televisión empeñada en anestesiar cualquier forma de inteligencia crítica.

La prohibición de la obra, las agresiones contra los actores y la vigilancia policial terminaron empujándolo al exilio en Europa, sin saber cuándo podría regresar a Brasil. Cuando volvió, un año después, continuó lanzando críticas —más o menos veladas— contra el régimen militar.

Sin embargo, las presiones sufridas por Chico Buarque para modificar poemas, negociar letras y enfrentarse al aparato censor brasileño difícilmente pueden compararse con lo que han padecido artistas e intelectuales cubanos durante más de seis décadas de castrismo.

Por eso duele y desconcierta que alguien que conoció la censura, el hostigamiento y el peso de una dictadura siga respaldando a la tiranía que oprime a Cuba desde 1959.

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