septiembre 8, 2026

Canciller del régimen niega que existan “negociaciones” con el Departamento de Estado de EE.UU.

Bruno Rodríguez Parrilla dijo que los contactos entre La Habana y Washington “no muestran avances ni progresos”, siete meses después de que Trump asegurara que el Gobierno cubano estaba hablando con EE.UU.
Bruno Rodríguez Parrilla en conferencia de prensa el 7 de septiembre de 2026 (Foto: Cubadebate)

MIAMI, Estados Unidos ― El ministro de Relaciones Exteriores del régimen cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, confirmó este lunes que su gobierno mantiene contactos con el Departamento de Estado de Estados Unidos, pero descartó que exista un proceso negociador. “No ha habido ni hay negociaciones, ni existen acuerdos u hojas de ruta”, aseguró al ser preguntado por el estado de la relación bilateral durante la presentación del informe anual sobre los daños del embargo.

El canciller sí admitió la existencia de los contactos. “Ha habido conversaciones con el Departamento de Estado” y “se mantienen comunicaciones en este sentido”, dijo, aunque precisó que “dichas conversaciones no muestran avances ni progresos a partir de la falta de voluntad del Gobierno de los Estados Unidos”. El Gobierno cubano, añadió, “reitera que estará dispuesta a continuar dichas conversaciones sobre bases del derecho internacional, sin precondiciones, en igualdad soberana, en absoluto pie de igualdad, sobre bases de respeto mutuo, beneficio recíproco para nuestros pueblos sin injerencia en nuestros asuntos internos”.

La confirmación cierra un semestre en el que La Habana había evitado pronunciarse sobre unos contactos que Washington venía describiendo en público. El 27 de febrero, ante la Casa Blanca y camino de un viaje a Texas, el presidente Donald Trump afirmó: “El Gobierno cubano está hablando con nosotros”. También sostuvo que el secretario de Estado, Marco Rubio, negociaba a alto nivel. “[Las autoridades cubanas] No tienen dinero. No tienen nada ahora mismo”, dijo entonces, antes de plantear que Estados Unidos “podría muy bien terminar teniendo una toma amistosa de Cuba”.

Nueve días después, el 5 de marzo, en un acto en el Salón Este de la Casa Blanca, Trump volvió sobre el asunto y dijo que los cubanos querían “hacer un trato desesperadamente”. Además, explicó que prefería esperar unas semanas para tomar cualquier decisión porque Rubio quería cerrar antes el expediente de Irán.

Las declaraciones del presidente estadounidense siguieron a un reporte de Axios del 18 de febrero que, con tres fuentes, situó a Rubio en conversaciones con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto y asistente personal de Raúl Castro Ruz, al margen de los canales oficiales del Gobierno cubano. 

Un alto funcionario de la Administración dijo a ese medio: “Yo no las llamaría negociaciones, sino conversaciones sobre el futuro”, y añadió: “Nuestra posición, la posición del Gobierno de Estados Unidos, es que el régimen tiene que irse”. Según Axios, el Departamento de Estado no desmintió el contacto de Rubio con Rodríguez Castro y declinó comentar, mientras que el Gobierno cubano negó entonces la existencia de un diálogo de alto nivel.

El primer reconocimiento oficial de La Habana llegó dos meses después. El 20 de abril, el subdirector general a cargo de Estados Unidos del MINREX, Alejandro García del Toro, confirmó a Granma que se había celebrado en la Isla “un encuentro entre delegaciones de Cuba y Estados Unidos”, con secretarios adjuntos del Departamento de Estado por la parte estadounidense y a nivel de viceministro por la cubana. El funcionario negó que en esa reunión se fijaran plazos o se hicieran planteamientos conminatorios, como habían publicado medios estadounidenses, y situó la prioridad cubana: “La eliminación del cerco energético contra el país fue un tema de máxima prioridad para nuestra delegación”.

Ese cerco es el que Rodríguez Parrilla sitúa hoy en el centro del deterioro. Una orden ejecutiva firmada el 29 de enero por Trump impide, según el canciller, los suministros de combustible incluso pagados, mediante amenazas de sanciones a propietarios de buques tanqueros, navieras y aseguradoras. El informe presentado este lunes cifra en 8.083,3 millones de dólares los daños del bloqueo entre marzo de 2025 y febrero de 2026, aunque el propio ministro precisó que esa cuenta todavía no incorpora los perjuicios del cerco energético ni los de las sanciones secundarias.

Mientras los contactos se mantenían, el discurso público de Washington se endureció. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, declaró el 13 de agosto, durante una visita a Panamá para un acto de la Coalición de las Américas contra los Cárteles, que “todas las opciones” estaban “sobre la mesa, incluidas las opciones militares” y que La Habana “haría bien en prestar atención a la voluntad del presidente Trump de hacer valer las prerrogativas estratégicas estadounidenses”. 

Preguntado por la posibilidad de una acción militar directa, Rodríguez Parrilla respondió que Washington miente al calificar a Cuba de amenaza, pero advirtió que su gobierno toma en serio el escenario. Dijo apoyarse en “los testimonios de numerosas fuentes serias, analistas, entidades no gubernamentales estadounidenses que presentan evidencia de que el Gobierno de Estados Unidos realiza preparativos militares reales”. Una operación así, afirmó, “provocaría un verdadero baño de sangre”, con pérdidas de vidas cubanas y de “jóvenes estadounidenses que serían enviados a una guerra que no quieren, que no es suya”.

El ministro también fue preguntado por la reacción estadounidense a los cambios económicos aprobados por la Asamblea Nacional del Poder Popular. Respondió que no ha habido ningún pronunciamiento oficial del Gobierno de Estados Unidos al respecto y que no hacía “ninguna falta” que los hubiera “porque se refieren al ejercicio de las facultades soberanas de la República de Cuba que residen indeclinablemente y únicamente en el pueblo cubano”. Sí afirmó recibir “señales y preguntas” de empresarios, compañías, cubanos residentes en Estados Unidos y “figuras del Congreso de los Estados Unidos, políticos de distintos estados” interesados en las oportunidades comerciales y de inversión que abrirían esas transformaciones.

Esos interlocutores, según el canciller, preguntan con insistencia por el contenido de los más de 7.000 contenedores retenidos y se asombran al saber que la mayor parte de esas cargas fueron contratadas por pequeñas y medianas empresas privadas cubanas y que su grueso son alimentos, medicinas y dispositivos médicos.

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