Campoamor: la desidia consume otro símbolo de La Habana

"En la esquina de Industria y San José, en Centro Habana, el antiguo teatro permanece reducido a paredes agrietadas, escombros y fragmentos de techo".
Teatro Campoamor en La Habana
Teatro Campoamor en La Habana (Fotos: Cubanet / Archivo)

Allí apareció por primera vez en Cuba la figura de la acomodadora; por primera vez también, y como cine de estreno, acogió títulos muy taquilleros de la cinematografía internacional y numerosas películas cubanas; además, el antropólogo cubano Fernando Ortiz realizó allí una velada afrocubana en la que presentó los tambores batá por primera vez en la historia sobre un escenario. Se trata del teatro Campoamor, un inmueble con más de un siglo de existencia del que hoy solo quedan ruinas.

En la esquina de Industria y San José, en Centro Habana, el antiguo teatro permanece reducido a paredes agrietadas, escombros y fragmentos de techo que apenas recuerdan el esplendor que alguna vez distinguió al Campoamor, uno de los escenarios culturales más importantes de Cuba durante buena parte del siglo XX.

El teatro abrió sus puertas el 20 de octubre de 1921 bajo el nombre de Capitolio. Construido por los empresarios Santos y Artigas, vinculados al cine y al circo, el inmueble tuvo un costo aproximado de 300.000 pesos y capacidad para unas 2.000 personas. Su arquitectura, inspirada en el estilo vienés, contaba con tres niveles distribuidos en forma de herradura, barandas de bronce y decoraciones doradas que lo convirtieron en una de las salas más elegantes de La Habana de la época.

Años después adoptaría el nombre de Campoamor, en homenaje al poeta español Ramón de Campoamor. Sin embargo, la historia de esta institución cultural había comenzado antes y en otro lugar de la capital cubana.

El primer Campoamor estuvo situado en la plazoleta de Albisu, en el espacio donde hoy se encuentra el edificio de Arte Universal del Museo Nacional de Bellas Artes. Diseñado por el arquitecto José Martínez Prieto e inaugurado en 1915 bajo la propiedad del Centro Asturiano, aquel inmueble se caracterizaba por sus refinados acabados neoclásicos y excelentes condiciones acústicas.

La permanencia de ese primer teatro fue breve. En 1918, un incendio ocurrido en un almacén cercano perteneciente a la Universal Film Manufacturing Company dañó parte de la estructura. Aunque el edificio pudo haber sido recuperado, los proyectos urbanísticos de entonces favorecieron su demolición para levantar la nueva sede del Centro Asturiano. Para evitar la desaparición del nombre y del prestigio cultural asociado al Campoamor, los socios de esa institución compraron posteriormente los derechos del teatro Capitolio, que desde ese momento comenzó a llamarse Campoamor.

A partir de entonces, el teatro viviría sus décadas de mayor esplendor. Por sus tablas desfilaron importantes compañías de zarzuela, opereta y musicales procedentes de Cuba, España y varios países latinoamericanos. También acogió espectáculos humorísticos muy populares, donde la sátira política ocupaba un lugar importante dentro de la programación.

Grandes figuras de la cultura cubana e internacional actuaron en ese escenario. Entre ellas sobresalen Rita Montaner, Bola de Nieve, Ernesto Lecuona, Esther Borja, Rosa Fornés y Blanquita Amaro. También pasaron por el teatro artistas extranjeros como Libertad Lamarque, Imperio Argentina y Lola Flores. Durante años fue considerado uno de los principales centros culturales de La Habana.

El teatro también marcó hitos importantes para el cine en Cuba. Uno de los acontecimientos más relevantes ocurrió en febrero de 1928, con la proyección de The Jazz Singer (El cantor del jazz), considerada la primera película sonora comercial de la historia del cine.

Tras la llegada de Fidel Castro, el teatro comenzó un lento proceso de deterioro. La falta de mantenimiento y el progresivo desgaste estructural provocaron que en 1965 las autoridades decidieran clausurarlo definitivamente luego de un derrumbe parcial.

Desde entonces, el inmueble quedó abandonado. Durante años funcionó de manera improvisada como parqueo de bicicletas y motocicletas, pero con el tiempo las ruinas comenzaron a formar parte del paisaje decadente de una ciudad marcada por el deterioro de numerosos edificios históricos.

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