Cuando Yordan Gil llegó a Guyana hace más de diez años, todavía no existía el auge petrolero que hoy transformó al pequeño país sudamericano en uno de los territorios de mayor crecimiento económico de la región. Músico sinfónico profesional y actualmente vicepresidente de la Comunidad Cuba-Guyana, lleva años observando cómo la presencia de cubanos comenzó a multiplicarse silenciosamente alrededor de las obras de construcción, los alquileres compartidos y los grupos de WhatsApp donde los recién llegados buscan trabajo, transporte o simplemente orientación para sobrevivir en un país desconocido.
Desde Georgetown, la capital guyanesa, Gil calcula que entre 5.000 y 6.000 cubanos residen actualmente en el país, aunque no existen cifras oficiales públicas que permitan confirmarlo. El Toque solicitó información al Ministerio del Interior de Guyana sobre entradas, salidas y residentes cubanos, pero no recibió respuesta. La propia Organización Internacional para las Migraciones (OIM) reconoció a este medio que no dispone de estadísticas producidas directamente en Guyana sobre migrantes cubanos.
“La realidad aquí es mixta. Mejor que en Cuba en lo básico, pero dura, incierta y lejos de ser el paraíso que venden algunos en los grupos”, explica Gil en declaraciones para este medio.
La frase aparece una y otra vez en distintas conversaciones con migrantes cubanos en Guyana. Nadie habla de riqueza. Nadie habla de comodidad. Lo que describen es otra cosa. La posibilidad de trabajar, comer, mandar dinero a Cuba y escapar de una sensación de estancamiento absoluto.
“La gente viene huyendo de la miseria total”, dice Gil y agrega: “Aquí hay luz 24 horas, comida en los supermercados y puedes trabajar”.
Un país que empezó a necesitar trabajadores
El descubrimiento de enormes reservas petroleras offshore en 2015 y el inicio de la producción petrolera en 2019 transformaron rápidamente la economía de Guyana. En un informe publicado en 2023, el Banco Mundial señaló que las reservas petroleras del país superan los 11.000 millones de barriles y estimó que Guyana podría mantener un crecimiento promedio cercano al 31,6 % entre 2022 y 2026
Bloomberg reportó en febrero de 2026 que el Gobierno guyanés destinó 3.700 millones de dólares a infraestructura para ese año, casi la mitad del presupuesto nacional. El mismo reporte señala que la producción petrolera podría alcanzar los dos millones de barriles diarios en los próximos cinco años. Nuevos hoteles internacionales empiezan a dominar el horizonte de una ciudad donde las grúas ya forman parte del paisaje cotidiano.
Ahí comenzaron a aparecer miles de trabajadores extranjeros. Entre ellos, cada vez más cubanos.
“Guyana ofrece excelentes oportunidades para los cubanos debido a la cantidad de empleo que tiene”, explica Gerardo, un migrante cubano entrevistado para este reportaje. “El cubano lo que quiere es trabajar”.
La percepción coincide con las cifras oficiales. El Censo Nacional de Población y Vivienda de Guyana registró un crecimiento migratorio durante los últimos años. La población pasó de 746.955 habitantes en 2012 a 878.674 en 2022, un aumento de 17,63 % en apenas una década. El propio informe reconoce que la migración comenzó a convertirse en uno de los principales motores del crecimiento demográfico del país.
Las entradas migratorias también crecieron aceleradamente. En 2022 Guyana registró 404.448 llegadas y 391.696 salidas, dejando un saldo migratorio positivo de 12.752 personas. En 2024 las entradas aumentaron hasta 559.320, mientras las salidas fueron 530.180, con un saldo migratorio neto de 29.140 personas.
El propio censo admite además posibles subregistros de población extranjera debido a migración irregular o personas que evitaron participar en el conteo oficial.
La nueva puerta hacia el sur
El auge económico de Guyana coincidió con una reconfiguración de las rutas migratorias cubanas en América Latina.
Durante años, Nicaragua funcionó como principal corredor para miles de cubanos que intentaban llegar a Estados Unidos. Esa dinámica comenzó a cambiar drásticamente en febrero de 2026, cuando el régimen de Daniel Ortega suspendió el libre visado para ciudadanos cubanos. La medida coincidió con el endurecimiento migratorio impulsado por Donald Trump tras regresar a la Casa Blanca y el cierre de programas como el parole humanitario y CBP One. Según datos recopilados por la OIM, las entradas irregulares de cubanos a Honduras pasaron de más de 64.000 en 2024 a menos de 19.000 en 2025, una caída cercana al 70 %. Durante los dos primeros meses de 2026 apenas se registraron 1.503 ingresos, frente a más de 6.000 en el mismo período del año anterior.
La OIM detectó entonces una importante transformación regional. En un informe correspondiente al período entre enero de 2025 y febrero de 2026, el organismo advirtió que las rutas cubanas “se están diversificando” y que Sudamérica comenzó a ganar importancia, particularmente a través de Venezuela, Guyana y Brasil.
Según la organización, muchos cubanos continúan entrando a la región por Guyana debido a que el país no exige visa para ciudadanos cubanos en estancias cortas. Desde allí, numerosos migrantes cruzan posteriormente hacia Brasil a través del paso fronterizo de Bonfim, en el estado de Roraima.
“Muchos llegan como tránsito hacia Brasil, pero cada vez más se quedan por los trabajos en obras”, explica Gil.
Según datos de OBMigra y el Ministerio de Justicia brasileño, 41.919 cubanos solicitaron refugio en Brasil durante 2025, casi el doble que el año anterior. El propio informe oficial Refúgio em Números 2025 señala que las solicitudes cubanas aumentaron un 94,2 % entre 2023 y 2024.
Determinar cuántos cubanos viven realmente en Guyana resulta complejo. El propio censo nacional reconoce posibles subregistros de población extranjera. En enero de 2026, el periódico Kaieteur News cuestionó públicamente la fiabilidad de las cifras censales y sostuvo que comunidades significativas de venezolanos, cubanos y brasileños podrían estar subrepresentadas en las estadísticas oficiales.
La falta de información también alcanza a los organismos internacionales. Consultado para este reportaje, Jorge Andrés Gallo Hoyos, oficial regional de comunicaciones de la OIM para América Latina y el Caribe, explicó que la organización no dispone de información sobre migrantes cubanos en Guyana. Según precisó, las referencias incluidas en informes recientes de la OIM provienen principalmente de encuestas realizadas en Brasil, donde numerosos migrantes identifican a Guyana como país de entrada a Sudamérica o como punto de tránsito hacia Brasil y Uruguay.
El informe censal reconoce que Guyana pudo haber funcionado históricamente como un punto de tránsito migratorio, una conclusión que coincide con los hallazgos recientes de la OIM sobre las nuevas rutas cubanas hacia Sudamérica.
Para Alexei Padilla Herrera, investigador y consultor migratorio de Diáspora Consultoría, el crecimiento de las rutas hacia Sudamérica responde a una combinación de factores.
“La profundización de la crisis sistémica en Cuba, la política migratoria de la administración Trump y la legislación migratoria brasileña explican buena parte de este fenómeno”, afirma.
Según Padilla, Brasil se ha convertido en un destino atractivo porque permite a quienes llegan, incluso después de haber ingresado de forma irregular, iniciar procesos de regularización mediante solicitudes de refugio o autorizaciones de residencia por trabajo, estudios o reunificación familiar.
En ese contexto, Guyana ha adquirido un papel estratégico dentro de los nuevos movimientos migratorios cubanos. “Guyana y Surinam son los dos únicos países de Sudamérica que no exigen visa consular a los ciudadanos cubanos. Por esa razón, los territorios de ambas naciones constituyen la puerta de entrada del flujo migratorio cubano hacia Brasil”, explica.
“No es Miami. Es supervivencia”
La posibilidad de trabajar aparece constantemente en los testimonios recogidos para este reportaje. Pero también las dificultades.
“Las cosas aquí no me han sido fáciles, pero me va mejor que en Cuba”, cuenta Gerardo. “Cuando el trabajador sale a las cinco de la tarde lo que va es a hacer sus quehaceres en la renta y descansar”, agrega.
Según Gil, muchos cubanos llegan pensando que encontrarán una vida relativamente cómoda gracias al boom petrolero, pero terminan enfrentando jornadas físicas agotadoras, alquileres elevados y una situación migratoria incierta: “No es Miami. Es supervivencia”, resume.
Las habitaciones compartidas pueden superar los 200 dólares mensuales por persona y los alquileres no incluyen mobiliario, obligando a los migrantes a comprar desde camas hasta refrigeradores apenas aterrizan en el país.
“Mucha gente vive hacinada”, explica Gil. “Y si mandas remesas a Cuba, el dinero se va rápido”.
Un migrante habanero de 36 años que llegó hace apenas unas semanas describe el proceso de adaptación como duro, aunque insiste en que sigue siendo preferible a la vida en Cuba.
“No es un buen país para mí en lo personal por el idioma y muchas cosas”, cuenta. “Trabajo hay mucho, pero a nosotros los emigrantes no nos pagan correspondiente a nuestro trabajo porque trabajamos más que los guyaneses”.
También asegura que muchos cubanos viven con sensación permanente de desprotección legal.
“No tenemos derecho a nada. Somos emigrantes y solo trabajamos para tratar de salir adelante”, relata.
Ingenieros y maestros convertidos en obreros
El auge de la construcción está transformando también el perfil laboral de muchos cubanos.
“Médicos, maestros, ingenieros… aquí lo importante es trabajar”, explica Gil.
Entre las historias que circulan dentro de la comunidad cubana aparece la de Virgilio M, ingeniero geólogo en Cuba.
“En Cuba no tenía oportunidades”, cuenta Virgilio. “Mi manera de pensar era diferente y aparentemente no encajaba dentro del sistema”.
Virgilio terminó emigrando hacia Guyana buscando una nueva oportunidad económica. Hoy trabaja como soldador en construcción y gana alrededor de 10.000 dólares guyaneses diarios, equivalentes a unos 45 dólares estadounidenses.
“No significa que sea millonario”, aclara. “Pero realmente vivo, cubro mis necesidades y puedo enviar dinero para mi familia en Cuba”.
Entrar es fácil; quedarse, no
La facilidad de entrada convirtió a Guyana en una ruta atractiva para miles de cubanos en un momento donde otras puertas migratorias comenzaron a cerrarse. Pero permanecer legalmente en el país es otra historia.
“El punto más jodido es ese”, resume Gil. “Entrar es fácil, pero después vienen las renovaciones, los límites y el miedo a quedar en limbo”.
Los permisos suelen ser temporales y los procesos burocráticos son lentos e inciertos. Muchos cubanos viven pendientes de renovaciones migratorias sin claridad sobre posibilidades reales de residencia o ciudadanía.
El propio colectivo Comunidad Cuba-Guyana ha reclamado públicamente mejores oportunidades laborales y vías más claras hacia la regularización. “Queremos aportar legalmente”, afirma Gil.
El debate migratorio incluso comenzó a aparecer dentro de la política guyanesa. El vicepresidente Bharrat Jagdeo reconoció que futuras reformas constitucionales deberán abordar cuestiones relacionadas con residencia y derechos políticos para migrantes.
Según explicó, el Gobierno avanza en la implementación de un sistema nacional de identificación electrónica con datos biométricos y reconocimiento facial que incluirá también a los migrantes.
Para muchos, como Gerardo, Guyana no era el destino soñado. Era simplemente una de las pocas puertas que seguían abiertas, pero ahora es el lugar donde aspiran a adaptarse.
“Aquí uno trabaja y lucha… Y el cubano se adapta a cualquier medio”, dice Gerardo.









