Entre esplendor y abandono: algunas memorias de inmuebles históricos habaneros (II)

Muchos inmuebles que otrora representaron el esplendor arquitectónico, cultural y comercial de La Habana hoy sobreviven entre el abandono.
Antigua gloria de construcciones habaneras
Antigua gloria de construcciones habaneras (Fotos: Cubanet)

Muchos de aquellos inmuebles que alguna vez simbolizaron prosperidad y refinamiento, de una Habana marcada por el esplendor arquitectónico, el auge comercial y una intensa vida cultural, hoy sobreviven entre ruinas, transformaciones improvisadas o proyectos inconclusos. Desde antiguos hoteles y teatros hasta grandes tiendas por departamentos, la historia urbana habanera refleja también el deterioro acumulado por décadas de abandono estatal.

Edificio Alaska

Uno de los casos más representativos fue el edificio Alaska, levantado en 1922 en la esquina de 23 y M, en El Vedado. Alaska fue considerado el inmueble más antiguo de La Rampa, poseía una arquitectura ecléctica y más de 50 apartamentos distribuidos en cinco pisos. Su valor histórico residía en haber sido el único edificio que sobrevivía como testigo de la etapa premoderna de esa céntrica avenida habanera.

Con el paso de los años, la falta de mantenimiento provocó un deterioro progresivo que derivó en desplomes parciales durante el año 2002. Los residentes fueron evacuados y muchos terminaron en albergues o reubicados en otros edificios. Fue demolido definitivamente en 2003, desapareciendo así uno de los símbolos arquitectónicos de La Rampa.

Real Fábrica de Tabacos Partagás

En Centro Habana, la Real Fábrica de Tabacos Partagás permanece como uno de los grandes referentes de la industria tabacalera cubana. Fundada en 1845 por el catalán Jaime Partagás y Rabell, la factoría comenzó en la calle Cristina antes de trasladarse a su sede definitiva en Industria y Barcelona, alrededor de 1860. Allí nació la célebre marca “Flor de Tabacos Partagás y Compañía”, convertida rápidamente en símbolo internacional de calidad.

El empresario logró además controlar plantaciones en Consolación del Sur, en la provincia de Pinar del Río, garantizando así el abastecimiento de materia prima para la producción. Tras la nacionalización de 1960, la fábrica continuó operando bajo la administración del Estado y hoy mantiene la elaboración de habanos de renombre mundial como Cohiba y Montecristo, preservando parte del prestigio histórico de la industria.

Fin de Siglo

Fin de Siglo, uno de los más importantes almacenes por departamentos de La Habana republicana, fue fundado en 1897 por los hermanos gallegos Sisto Vázquez y creció hasta convertirse en un símbolo de modernidad comercial. En 1921 se inauguró un elegante edificio de varios pisos equipado con ascensores, aire acondicionado, escaleras mecánicas y amplias vidrieras que ocupaban casi toda una manzana entre Galiano, San Rafael y Águila.

Durante las décadas de 1940 y 1950, Fin de Siglo era considerada una de las mejores tiendas de América Latina, ofreciendo desde perfumería y joyería hasta ropa, juguetería y confecciones a la medida. Su modelo comercial incluso sirvió de inspiración para cadenas españolas como El Corte Inglés y Galerías Preciados.

Sin embargo, la nacionalización de las empresas privadas en 1960 marcó el inicio de su decadencia. La escasez de mercancías, la falta de inversión y el deterioro estructural terminaron convirtiendo al antiguo emporio comercial en una ruina cerrada y cercada por planchas metálicas.

Hotel Perla de Cuba

El Hotel Perla de Cuba también resume la transformación de numerosos inmuebles históricos habaneros. Situado en Dragones y Amistad, cerca del Capitolio, este hotel de estilo neoclásico abrió sus puertas en el siglo XIX y llegó a ser considerado el primer hotel comercial de Cuba. Dotado de elevador y 40 habitaciones, el edificio destacaba por sus detalles ornamentales y por la importancia que tuvo durante las primeras etapas del desarrollo turístico de la capital.

Con el paso del tiempo, la estructura fue perdiendo sus funciones originales hasta convertirse en una cuartería en avanzado estado de deterioro, amenazada constantemente por derrumbes.

Hotel Nueva Isla

Similar destino sufrió el antiguo Hotel Nueva Isla, construido en 1926 en las calles Monte y Suárez. Durante décadas fue una joya arquitectónica reconocida por su famoso roof garden. Hasta hace poco tiempo el inmueble permaneció habitado por familias que sobrevivían entre estructuras a punto de colapsar.

Ten Cent de Monte

La historia comercial de La Habana también estuvo marcada por los populares Ten Cents de la cadena estadounidense Woolworth. Uno de los más conocidos fue el Ten Cent de Monte y Suárez, inaugurado en el contexto de la expansión de estas tiendas en Cuba durante las décadas de 1920 y 1930.

Los establecimientos se hicieron famosos por sus precios asequibles, sus amplios salones, cafeterías modernas y un sistema de ventas innovador que permitía al cliente escoger directamente la mercancía. Además de productos variados, ofrecían servicios como peluquería y áreas infantiles.

Tras la nacionalización de la década de 1960, los Ten Cents perdieron progresivamente su identidad y calidad comercial. Aunque algunos continúan funcionando como tiendas estatales, poco queda del modelo original que convirtió a esas cadenas en referentes del comercio urbano cubano.

Flogar

Otro símbolo del auge comercial habanero fue Flogar, una tienda por departamentos inaugurada entre 1956 y 1957 en la esquina de Galiano y San Rafael. Su nombre surgía de la unión del nombre de su propietario, Florentino García.

El moderno inmueble contaba con elevadores, escaleras mecánicas y una cafetería ubicada hacia la calle Rayo. El lugar fue levantado sobre el antiguo café La Isla, uno de los negocios más populares de la céntrica zona comercial conocida como “la esquina del pecado”. Flogar fue escenario de un atentado con explosivos que dejó a 15 personas lesionadas.

La Época

En el mismo entorno comercial de Centro Habana sobresalió también La Época, fundada en 1885 y convertida luego en uno de los mayores almacenes de la capital. El moderno edificio inaugurado en 1952 en la intersección de Galiano y Neptuno consolidó su posición entre las grandes tiendas cubanas de mediados del siglo XX.

Tras la llegada de Fidel Castro al poder, la empresa fue confiscada y pasó a manos estatales, aunque logró mantenerse operativa gracias a su ubicación estratégica.

En los años 90, durante el Período Especial, La Época resurgió parcialmente como una de las tiendas destinadas a captar divisas extranjeras.

Parqueo de Galiano y Concordia

La modernidad habanera también alcanzó la infraestructura urbana. El parqueo de Galiano y Concordia, diseñado en los años 50, constituyó uno de los primeros estacionamientos verticales de la ciudad, equipado para ofrecer servicios de limpieza, carga de batería y asistencia automotriz.

A diferencia de muchos solares convertidos posteriormente en improvisados parqueos tras derrumbes de edificios, esta estructura fue concebida específicamente para ese propósito, simbolizando el nivel de desarrollo urbano alcanzado por la capital en aquella época.

Cine-teatro Payret

Entre los grandes referentes culturales de La Habana sobresale igualmente el cine-teatro Payret. Construido a partir de 1876 por el empresario catalán Joaquín Payret, el edificio enfrentó huracanes, derrumbes e incendios incluso antes de concluirse.

Inaugurado en 1877, el teatro se convirtió en uno de los escenarios más importantes de Cuba y fue pionero en la exhibición cinematográfica. Durante los años 30 alcanzó fama como “La Catedral del Cine Español”.

A lo largo del tiempo sufrió múltiples reconstrucciones y restauraciones, especialmente después de 1959. Sin embargo, el deterioro acumulado y los recientes proyectos turísticos impulsados por el grupo empresarial estatal Gaviota han transformado nuevamente el destino del inmueble, ahora integrado al complejo hotelero Manzana Payret.

Hotel Saratoga

Otro edificio emblemático fue el Hotel Saratoga, situado frente al Capitolio habanero. Construido originalmente entre 1879 y 1880 como edificio mixto de viviendas, almacenes y hospedaje, el Saratoga se convirtió durante el siglo XX en uno de los hoteles más elegantes de la ciudad.

El 6 de mayo de 2022 una explosión provocada por un camión cisterna cargado de gas licuado destruyó gran parte del edificio y causó la muerte de 47 personas, además de casi un centenar de heridos. La tragedia impactó también construcciones cercanas.

Años después del desastre, las autoridades no han divulgado públicamente los resultados completos de la investigación ni responsabilidades oficiales.

La situación de estos inmuebles pone de manifiesto el deterioro acumulado de una ciudad que durante décadas fue considerada una de las más modernas del continente. Muchos de estos edificios no han podido resistir el abandono sistemático y la falta de mantenimiento. Lo que permanece hoy en pie constituye parte del patrimonio arquitectónico de La Habana y es testimonio visible de una memoria urbana que continúa desapareciendo lentamente.

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