También había recuerdos de otra índole. destacaban en su mente de forma inconexa, como imágenes rodeadas de negrura.
George Orwell, 1984
Querida Evelyn Sosa, es un gusto y un placer presentar tu libro aquí, en esta gran colección de arte que este año reúne capítulos sobre el territorio. El Espacio 23 es un lugar al que me gusta venir, y creo que para ti significa lo mismo. Gracias a sus directoras por acogernos y gracias a nuestra amiga Daniela por recibirnos. ¿Tu libro podría ser un paisaje, un territorio? ¿Tal vez un paisaje hacia abajo, con fuerzas de gravedad duplicadas, algo así como un abismo, en el que las cosas se están cayendo y cada uno se aferra a la suya por una esquina, por una pata o por donde sea?
Me gusta pensarlo de diferentes maneras, o colores, como los cubos de rubik de mi hijo. Es un territorio, y también un escaparate, y también una galería cuadriculada de Instagram, donde todo encaja, a pesar de nosotros mismos. Tu libro, que ya sabemos que pertenece a una serie en proceso, es muchas cosas. Retrato de grupo, exilio, memoria. Esas categorías abundan por todos lados. A veces de forma incierta, de forma dudosa. No quiero hablar de tu libro usando esas categorías, aunque ya lo hice en la entrevista que forma parte de él.
Mientras lo editaban, fui testigo del proceso. Pude leer la introducción de María Antonia, que considero acertada y precisa. Tú me preguntaste qué me parecía y yo te dije eso: que María Antonia era precisa y hacía un recorrido hermoso por tu trabajo. Me gusta mucho esa introducción y la recomiendo a todos para empezar a leer el libro. Porque este libro puede y debe leerse, no solo observarse. Este libro contiene un archivo oral indispensable para entender y mirar las fotos. El inventario de objetos está acompañado de voces. Voces terribles, fantasmagóricas y vivas al mismo tiempo. En esa dualidad está lo terrible, lo ambivalente y total. Y esas voces son reales. No reales porque existan, sino reales porque se extinguirán.
Ningún lugar está lejos fue, hace tiempo, un libro escrito por Richard Bach, publicado en 1979. Se trata de un largo poema o de una breve historia que cuenta el trayecto de un ave. Casi al final, he leído:
“La gaviota comenzó a descender sobre el mar, las colinas y las calles, y se posó suavemente en el techo de tu casa.
—Porque lo importante –respondió– es que tú sepas esa verdad. Mientras no la conozcas, mientras no la entiendas realmente, solo podrás mostrarla en pequeñas cosas y con ayuda de las máquinas, de la gente y de los pájaros. Pero recuerda que la verdad no deja de ser verdadera por el hecho de que no se la conozca.
Y se echó a volar”.
Querida Evelyn, ¿cómo empezaste a crear Ningún lugar está lejos? ¿Cuál fue la primera imagen, el primer retrato, la primera luz que imaginaste? Sé que fue en Nueva York, estábamos juntas y yo leí un texto que escribiste para explicar tu proyecto, y sé que al profesor de esa asignatura le gustó mucho, porque habías sido honesta y genuina, y estabas, como pocos, verdaderamente adentro. El texto fue publicado en la revista Hypermedia antes de que se inaugurara tu exposición, en el 2025. Es un texto que podía haber formado parte del libro, o no. Su centro podía haber sido el final:
“Me dicen que tengo que cuestionarme algo. Que debo tener preguntas. Estuve varias semanas lanzando tentáculos, como diría una buena amiga. Tentáculos hacia todas partes, buscando la pregunta, registrándolo todo.
Los tentáculos cada vez más lejos de mí, cada vez rebuscando más, cientos de tentáculos. Hasta que desperté de aquel sueño y me di cuenta de que la pregunta está dentro de mí. Debajo de mi piel.
Todo se trata de lo interior. Mi cuestionamiento es mi búsqueda. Mi obsesión que crece a diario a la misma velocidad que lo estoy olvidando todo.
Quiero encontrar aquí todo lo que dejé. Quiero reconocer. Quiero asociar. Quiero revivir. Quiero hacer la foto que hice una vez. Quiero saber cómo hiciste tú para estar en paz. Quiero entender cómo pudiste dormir. Cómo lograste no regresar”.
El dolor del que hablaba Indira Romero al publicar el retrato que le hiciste, ya había sido escrito por ti en tu primera declaración:
“Un día descubrí que, si fotografiaba un objeto y conservaba la foto, sentía que ese objeto podía desaparecer sin que me diera miedo perderlo, porque ya lo tenía en una imagen. Luego, comencé a deshacerme de muchos objetos que fotografiaba y ya los podía poner en la basura o regalarlos, sin sentir que los estaba perdiendo. La fotografía tenía un poder.
Antes de salir de Cuba, comencé a retratar los objetos que tenían valor para mí. Objetos que me da pánico no volver a ver. Objetos que por lo general no sirven para nada más que para guardar memoria. Objetos que son un banco de memorias. Que tú lo miras y te viene a la mente aquel día que le pusiste una inyección en el brazo, que sabes que le dolió porque no sabes inyectar, pero que ambos querían que así fuera. Porque eso los unía, a última hora, cuando ya quedaba poco tiempo”.
Querida Evelyn, al escribir aquellas notas sobre tu exposición, al mismo tiempo que la galerista Mahara Martínez me proponía escribir y yo le decía que ya lo estaba haciendo, de lo que quería hablar precisamente era de eso. Quería apartarme del plano político y explorar el dolor, la oscuridad, el abismo. Cuando digo abismo quiero decir angustia, pánico, remordimiento. Todo lo que está agazapado en la huida. Me gusta cómo te alejas de la tradición cubana, rica en fotografía de calle, y creas un mundo sonámbulo blanco y negro, a veces a color, digital o analógico. Un mundo elegante y sofisticado donde las cosas, objetos y personas, levitan como mariposas museables pinchadas con alfileres.
Querida Evelyn, sé que la muerte de un ser querido cruza la serie Ningún lugar está lejos. Lo escribí antes y lo repito hoy frente a ti. La belleza de las lápidas que pueden ser las imágenes, ordenadas previamente y de manera frontal, cada una con su anécdota en forma de epitafio, se extiende frente al espectador ahogado, desconsolado. Pero la pérdida es tu ganancia. Me sitúa, sin embargo, en la alegría. La belleza da alegría. Tú lo has recuperado.
Buscar en el otro su propia fuga, sus propios referentes abandonados, su propia fotografía dejada atrás. Como hace tiempo, aquel álbum de recuerdos con objetos de su padre, vuelve ahora potenciado por un exilio común. En realidad, aunque regresen, nadie regresa. El lugar que conocían ya no existe. Allanar la casa ajena, mirar en los rincones, aguantar la respiración mientras el otro aguanta la respiración. Aprovechar las lágrimas que no le pertenecen para disimular las suyas, que son las mismas. Detener los espacios, el tiempo y las personas, junto con todas las cosas que arrastran los espacios, el tiempo y las personas. cosas muertas y vivas. como un gato, que es una cosa viva y al mismo tiempo una cosa muerta.
A pesar de la entrevista que hice para ti, emocionada, después de ver tu exposición, me quedan algunas preguntas curiosas: 1. Ningún lugar está lejos fue tu tesis de graduación en el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York, luego ganó la beca de artistas en riesgo, luego hiciste la exposición, luego fue adquirida por la colección de El Espacio 23, luego fue seleccionada entre los doce proyectos de No Vacancy Miami Beach, 2025, y exhibida en el Hotel Nautilus Sonesta durante Art Basel, luego se convirtió en libro. Creo que la serie ha tenido un recorrido increíble. ¿Cómo ha sido ese recorrido para ti. 2. ¿En qué momento la Colección Fluxus, de la editorial Rialta e Incubadora, se interesó en tu proyecto? ¿Cómo fue el proceso de edición? ¿Cómo curaron el libro? 3. Ningún lugar está lejos, el libro, puede entenderse, entre muchas cosas, como un testimonio del éxodo. ¿Tú también lo entiendes así? 4. ¿Te gusta tu libro?
La voz de una mujer, en la página 107, abierta al azar, manifiesta: “Mi generación, la primera, los primeros, la primera década de los cubanos, nosotros no nos íbamos a quedar, nosotros volvíamos. Decían que no íbamos a comprar más sábanas y toallas porque ya de pronto nos íbamos. Yo me casé y tuve hijos y todo, y todavía aquello a mí se me quedaba en la mente. Por eso es que yo tengo definitivamente esa idea de que yo no he puesto pies en ningún lado”. Es una voz que habla desde la desesperanza, o peor aún, desde la conformidad. La mujer ha construido su vida en el no-lugar, en ningún lado.
Su voz contrasta, querida Evelyn, con una de las últimas fotos del libro. La imagen de unos pies junto a un desagüe, sobre una superficie plana que puede ser la de una bañadera o la de un baño, pero que, en definitiva, vuelve a simbolizar el abismo. El cuerpo se acerca y se reconstruye. El cuerpo toma cuerpo, toma piernas y tobillos, ubicándose frente al abismo. Porque entre dos lugares separados, de donde se traen objetos y memoria física, solo puede haber un abismo. Tal vez un puente, pero los dos son la misma cosa. Para esos pies y esa voz, ningún abismo está lejos.
* Este texto fue leído durante la presentación de Ningún lugar está lejos, Rialta Ediciones, serie FluXus, 2026, en el Espacio 23 de Miami, el pasado 18 de abril.







