1
Ese resentimiento de la Madre por los diques desplomados*
Duras dice que el médico dice, morirá de desdicha
la pianista del cine Edén, colonia Indochina
viudedad de la Madre, pobreza extrema
la manutención de los hijos, Suzanne y Joseph
Joseph remienda el caucho, remienda el Citroën B-12
sonriéndose en los pensamientos
embromándose en el mismo lugar de la mente
la Madre hizo construir los diques que los cangrejos derribaron
cangrejitos color barro –dice Suzanne
Joseph engrasa y guarda las escopetas
vuelve a sacarlas, las engrasa y las guarda
hasta altas horas de la madrugada
alumbrado por la lámpara de kerosene
les cayó en suerte Jo
viste de librea blanca
su mirada no era la adecuada, piensa Suzanne
Jo quiere verla desnuda
se negocia la visión de Suzanne desnuda
Jo trae un fonógrafo
ahora ¿qué querrá?
Joseph hace sonar el vinilo de Ramona una y otra vez
una y otra vez da a la manigueta; le hace soñar:
Ramona
Je t’attends, Ramona, mon amour
Dans le bleu de la nuit
Dans la paix du jour
(hasta escuchar el tema no comprendí el estado mental de Joseph)
Ramona
(…) De tes yeux, de ton parfum, de tes baisers
Et je donnerais tout pour revivre un jour
Ramona, ce rêve d’amour.
Ellos oían latir su juventud en las sienes como un pájaro enjaulado –dice Duras
la Madre delicuescente bebe para ocultar su vergüenza
Joseph para olvidar su deseo por la hermana –Duras omite este asunto
yo puedo asegurarlo: Joseph congela la mirada en las corvas dulces
Jo asimismo mira las piernas de Suzanne transparentarse bajo el vestido de seda
mira la entrepierna
salada como agua de mar —digo yo
Jo la ve derivar a la crueldad
se apoya con todas sus fuerzas contra la puerta, la imagina desnuda
la llanura de Kam no ofrece nada, enmalecida tal cual Suzanne —agrego
los niños más pequeños de la llanura dormían la siesta a la sombra de los mangos —dice Duras
se les prohíbe comer los mangos verdes; son letales.
2
Yo si estoy alicaída releo a Duras
porque los niños de la llanura son una especie de calamidad
embadurnados de azafrán contra los mosquitos
seguidos por los perros vagabundos
niños que cantan subidos al lomo de los búfalos
embarrados del cálido y pestilente barro de la llanura
dice Duras que regresaban a la tierra como mangos silvestres
llenos de lombrices
—la Madre hubo adoptado una niña de esas
murió en menos de un año
y fue peor que todo vigilarle el mal sueño
Jo exultante regala el anillo de diamante a Suzanne
la Madre ha golpeado a la hija por horas a causa del diamante
Suzanne se ha dejado pegar tirada en el suelo
ha lloriqueado echada ahí, al centro de la sala
la vida era terrible y la madre tan terrible como la vida —dice Duras
el hermano observa en silencio a la Madre golpear a Suzanne
Jo los ha tildado de inmorales
obligarla a aflorar; es apenas una muchacha —apunto
la Madre habría amado desmesuradamente la vida
es una desesperada de su propia esperanza —dice Duras
ya después no vi nada más
leí y leí con los ojos hinchados hasta el final
pero ya había comprendido el libro
no quise enterarme de mucho más
vi la llanura opaca
la montaña perfilaba en el cielo gris ondulante
irán a la ciudad a tratar de vender la sortija de diamante
acaso canjear la hija, sellar un destino
habrá un hombre para eso
sacarle un diamante a Jo, luego despacharlo por siempre
como si así ya borraran los peligros
entonces justamente a la mitad, la novela se sala
están los dos kilómetros de selva que los separa de la llanura
gramínea dura y alta —dice Duras.
3
Suzanne en sus noes, si es carnada
la selva, las panteras, las plantaciones de pimenteros
los pájaros de los arrozales, mangos
los niños semisalvajes untados de azafrán de arriba a abajo
mueren de paludismo
cuando regresan los hermanos con los pollos silvanos
la Madre se deshace las trenzas
solo se muestra dulce a la hora de llenarles la tripa
los blancos de la ciudad visten de blanco, —“color de inmunidad y de inocencia”
Suzanne camina la ciudad alta
las palmeras metidas en macetas
blancor depurado
parterres de flores
su corazón, un bicho indecente —dice Duras
cada vez más abrumada por el inmaculado aparato de su belleza —atiza
la Madre mendigando sus derechos coloniales
los hijos viéndole la fiereza en la locura
la vejez en los ataques.
Las vidas tienen su cauce como los arroyos derivados del Mar de China
aguas adormiladas, flores subacuáticas, letargo —apunto
dice Duras, un haz de agua brillante.
Joseph se ha ido con las putas del puerto
luego ya no se sabrá
algo más rotundo lo retiene
una mujer de otra índole acaso
(he adivinado deductivamente estos hechos novelescos, al mismo tiempo tan reales para mí)
efectivamente, una hembra tal y tal lo retiene ocho días.
Alguien dice la vida se encargará de doblegarlo.
Suzanne solo piensa ardientemente en su hermano.
La dueña del hotel ha ofrecido una puerta de salida.
Deseo en el cine es el deseo.
Deseo en la imaginación es el deseo duradero.
Suzanne va al cine ocho días seguidos
ya de noche busca a Joseph por las calles
va a las cercanías del puerto de Kam.
(A. y yo vemos mucho cine habitualmente
luego leemos y leemos
tenemos esa idea falsa de la vida)
(Reparo en que estos trámites son míos
tal cúmulo de inmoralidad
tal cual Suzanne al hermano
he debido doblegar todo mi brío al modelo masculino
implacable de virilidad y violencia, del Padre.
Suzanne irá a buscarlo en los hombres a su paso
por retazos, siempre insuficientes
Semper Fidelis, rastrearemos como perros de aeropuerto.)
Allanadas las trabas a la habitual mala suerte familiar, Joseph se retrasa
aún no pueden prescindir unos de otros —la lástima infinita por la Madre derrengada.
Los hay que solo sirven para arrastrar cadenas atadas a los pies, siempre las mismas cadenas —dice Joseph a Suzanne.
Joseph conoció a esa mujer en el cine
se acostó con ella ocho días seguidos
uñas rojas, labios del mismo color de una herida —digo
dice que es una mujer flexible como la aleta de un pez
pero Joseph debe conservar toda su maldad contra los agentes de Kam, y así es casi imposible amar a esa mujer —digo.
4.
Viven en el bungalow inacabado
catastro de Ram en la llanura
(catastro es un derecho al uso extendido de la tierra, vaya estafa)
la concesión de la Madre es miserable debido a los terrenos baldíos; una vez al año el agua del Pacífico entra y mata las siembras.
La Madre hubo tocado el piano en el cine Edén mientras los niños eran pequeños;
los escondía debajo del instrumento; así reunió el dinero necesario; quince años trabajó en pos de ello; entregó todos sus ahorros a los agentes de Kam y se le concedió el terreno insembrable.
La Madre siente el odio a los de esa ralea —dice Duras
la trenza candorosa e irrisoria
yo la observo farfullar desasosiego e impotencia.
En el tiempo de la novela, el cabo (sirviente nativo; se sumerge en los humerales; Duras no tiene nombre para ėl), volverá al cabo de la tarde, impulsado por el hambre, para ayudar con las tareas domésticas, comerá lenguado y arroz en una esquina de la sala; al día siguiente trasplantará los planteles listos de la Madre, pasarán lista y los atarán a las gavillas; comerán gallina y arroz.
He apuntado lo que atañe a mis intereses
la intrepidez del deseo de los hermanos
el mar como castigo
el terreno de la concesión saturado de sal
la Indochina francesa
los cientos de niños que mueren y mueren —los entierran en el mismo lodo de los arrozales
mueren de paludismo; las autoridades no distribuyen quinina
no hay ni un médico ni un puesto sanitario
ni alumbre para decantar el agua en la estación seca
los campesinos se levantan de noche a cavar las pequeñas tumbas a sus hijos
ya después poco más:
el Dios de los niños
el mismo Dios de las olas del Pacífico lamiendo los troncos de mangle
lamiendo las cabañas.
* Un dique contra el Pacífico, de Marguerite Duras

