Cubista

Esta de hoy es distinta a las anteriores: se trata de una buena criatura. Una buena criatura con la que yo misma me identifico: el cubista.
El cubista es un ser obsesionado con Cuba. Cada uno de sus pensamientos, palabras, acciones, no importa por qué senderos transiten, retornan siempre al mismo lugar: al país perdido. Cuba es como una especie de fractal que se despliega, reproduce, arma y desarma en la cabeza, a cada segundo, como una visión caleidoscópica o un picotillo de Braque, hasta que te transfigura a su imagen y semejanza.
Esta obsesión está ampliamente justificada. En su defensa hay que decir que al cubista le han intentado arrebatar hasta lo último que se puede perder, la esperanza. Cuba es una recurrencia neurótica porque solo los cubanos sabemos de qué minuciosa manera nos han provocado el trauma; nos han arrebatado la posibilidad de creer, de confiar, de gritar. Cómo nos han destruido los hogares, barrido los cultivos, vaciado las despensas, quemado los libros, saqueado las tumbas y lanzado al vacío.
Dados a la falacia y el embaucamiento, la dictadura secuestró hasta la identidad cultural y la puso en pugna consigo misma. Nos volvió nuestros propios enemigos en una maquinaria política sin salida. Y lo tremendo es que esa dictadura no es un enemigo externo; somos también nosotros y la gente que queremos. Uno no deja de preguntarse cómo se supera un trauma cuyo origen es un acertijo imposible de resolver más que con el trastabilleo a ciegas por la historia.
Sin embargo, el cubista debe cuidarse, por el bien de su propia causa, de la autocompasión que desvía siempre la discusión hacia el trauma nacional. Debe cuidarse de la sordera y la antipatía, causas primigenias de su mal; de ese ensimismamiento victimista al que le urge competir en gradaciones de la tragedia lo mismo con la pobreza subsahariana que con el Holodomor, el Holocausto, el terror de Pinochet o la emigración centroamericana.
Es cierto que hemos sido desoídos y sistemáticamente mal interpretados, pero el dolor no debería replicar la estrategia evasiva del opresor que consiste en enfrentar a los más jodidos entre sí. Por lo demás, frente al rompecabezas nacional, tendremos que insistir y confiar en que pondremos de vuelta las piezas en su lugar.
Bestiario Miserable es un catálogo de los excesos, miserias, deformaciones que las contorsiones circenses del panorama político cubano, global y virtual han ido pariendo. Como decía Leónidas Lamborghini, la verdad del modelo es su propia caricatura. Pues este quisiera ser un retrato realista de los arquetipos de conducta que florecen en toda su monstruosidad por el extremismo ideológico, la antipatía, la deshonestidad intelectual, o la pura estupidez, ahora abonados en ese terreno de la pseudo ética que puede ser ciberespacio. En un mundo que se parece cada vez más al que describiría Weill, donde la espera de lo que vendrá ya no es esperanza, sino angustia, quizás bosquejar nuestros monstruos, los que todos en menor o mayor medida somos, pueda hacer los mitos más lógicos, dar alguna pizca de sensatez.


Ese era exactamente el sentido de CUBISTA Magazine. De haber tenido esa imagen tuya hubiera sido perfecto.