“Ya no son farmacias, son bazares”: reclamo de los enfermos en Holguín

Mientras faltan fármacos esenciales, los establecimientos estatales incorporan perfumes, cosméticos y artículos del hogar.
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La boticas de Los Parques. (Foto: CubaNet)

HOLGUÍN, Cuba.- “Es una burla para los enfermos. Fui ayer a la farmacia a buscar enalapril para la presión y nada. Pero estaban vendiendo tintes para el pelo, colonias importadas y cuanta pacotilla te puedas imaginar. Ya no es una farmacia, es un bazar. Las pastillas las compré carísimas en la calle”, dice a CubaNet Roberto Valdés, un jubilado holguinero.

La venta de cosméticos, perfumes, artículos de higiene, alimentos y otros productos no médicos prolifera en locales que conservan el rótulo de farmacia. El problema tiene dos caras: la escasez prolongada de medicamentos esenciales y la búsqueda de ingresos mediante nuevas variantes comerciales en espacios estatales.

 “Hay que cambiar el nombre de ‘farmacia’ porque allí encuentras de todo menos medicamentos. El gobierno está disimulando la escasez de medicinas llenando los estantes de las farmacias con potes de crema”, sostiene Yanet Morales.

El 8 de septiembre de 2026 se inauguró en Holguín “La botica de Los Parques”, presentada como la primera farmacia de productos cosmecéuticos, higiene y cuidado personal de la ciudad.

La botica de Los Parques. (Foto: CubaNet)

El local, ubicado en Frexes esquina Miró, es una colaboración entre la Cadena de Tiendas Galas FENIX SURL y la Empresa Provincial de Farmacias y Ópticas (FARMOX). La oferta incluye perfumería, sérum, cremas, cosméticos, equipos para medir la presión arterial, curitas y pañales para adultos; también se anunció una sección con jugos naturales, té y ensalada de frutas.

No se trata, sin embargo, de una farmacia privada según la nueva normativa cubana. La apertura legal de farmacias comunitarias de gestión no estatal fue aprobada mediante el Decreto 160/2026, publicado el 28 de julio pasado y vigente desde el 4 de agosto de 2026. Esa norma permite que empresas privadas, mipymes y cooperativas no agropecuarias administren farmacias, presten servicios farmacéuticos y comercialicen medicamentos y productos de salud, bajo autorización y control del Ministerio de Salud Pública.

“Yo me río para no llorar”, comenta con ironía amarga Carlos López. “Salbutamol no hay en las farmacias desde hace tiempo. Ah, pero si necesitas una escoba o un jugo de manzana, lo encuentras en las farmacias. Alguien está haciendo tremendo negocio usando los locales del gobierno, mientras el pueblo sigue sin medicamentos”, advierte.

En este año, de los 395 medicamentos que Cuba fabrica, 300 están en falta. La cifra equivale a cerca del 76 por ciento de los medicamentos que fabrica el país.

Mayda Mauri Pérez, presidenta del Grupo Empresarial Biocubafarma, explicó en junio que la industria biofarmacéutica cubana atraviesa “la etapa más compleja de su historia”.

Ese déficit tiene consecuencias directas en los hogares. Jaqueline Pinto cuida a su madre diabética y describe el esfuerzo de sostener un tratamiento.

“¿Tú sabes la agonía que es picar una pastilla por la mitad para que rinda dos días? Es desesperante. Entonces entras donde antes era una farmacia y ves paquetes de culeros y hasta cosas de ferretería. Es una falta de respeto. Gasto miles de pesos todos los meses pagándole a gente que trae los medicamentos del extranjero. Ver esos estantes de la farmacia llenos de otros artículos es frustrante”, lamenta Pinto.

Al mismo tiempo, las familias destinan más dinero, tiempo y contactos personales a conseguir fármacos en el mercado informal.

 “Mi esposo padece de las tiroides y llevamos buscando levotiroxina desde hace días. Cuando entro a una farmacia y veo esos pomos de acondicionador y artículos del hogar, lo que siento es impotencia. Nos están diciendo en la cara que importa más el dinero de esa venta que la vida de un enfermo”, sentencia Elena Suárez, que vive esa presión desde la enfermedad de su esposo.

Varias personas consultadas por CubaNet no se oponen a que se vendan en las farmacias productos de higiene o cuidado personal. Lo que rechazan es que esa oferta sustituya la oferta de medicamentos. “Eso es un parche muy feo. Creen que por vender tubos de gel y esponjas de baño la gente no se va a dar cuenta de que falta el ibuprofeno. Una farmacia tiene que tener medicamentos. Si quieren vender champú a precios altos, que abran otra tienda. Además, no es correcto que las farmacéuticas vendan mercancía que no tienen que ver con la salud. Lo hacen para no cerrar el local y decir que mantienen el servicio, pero es pura fachada”, argumenta Luis Campos.

Por su parte, Maritza Lugones matiza su opinión. “En la farmacia no hay los medicamentos que se necesitan, pero se ve champú, perfumes, zapatos y otras cosas. Yo no estoy en contra de que vendan esos productos, porque también hacen falta. Pero una farmacia debería tener medicamentos. Mi esposo necesita sus pastillas para controlar la presión y hace casi un año no las venden en la farmacia. Si se venden otras mercancías, también debería haber una solución para conseguir los tratamientos que la gente necesita”, señala la señora.

Desde la perspectiva económica, el modelo de consignación explica parte del fenómeno. Trabajadores por cuenta propia u otras formas de gestión no estatal colocan mercancías en establecimientos estatales; el local aporta el espacio y el personal de venta, y una parte de las ganancias llega al Estado. Así, un establecimiento sin medicamentos puede mantenerse abierto y generar ingresos, aunque su función sanitaria quede transformada.

En Holguín, todavía no ha abierto una farmacia privada. La realidad cotidiana sigue siendo la de locales estatales con estantes parcialmente vacíos, mientras crecen las ofertas de artículos del hogar.

El reclamo de los holguineros, por tanto, no es solo contra los perfumes, cremas o jugos que se venden en una farmacia. Es contra una situación en la que la mercancía disponible ocupa el espacio de lo que no llega: antibióticos, analgésicos, insulina, levotiroxina, salbutamol o enalapril. Mientras esa ecuación no cambie, la palabra “farmacia” seguirá despertando en Holguín una mezcla de esperanza, desconfianza y enojo.

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