Tres canciones para recordar al “Bárbaro del ritmo”

A 107 años de su nacimiento, Benny Moré continúa siendo una figura esencial de la música cubana, marcada por una trayectoria tan extraordinaria como intensa dentro y fuera de los escenarios.
Benny Moré
Benny Moré. (Foto: Archivo)

SANTA CLARA, Cuba.- Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez, El Benny, es uno de los genios indiscutibles de la música cubana del siglo XX. Su grandeza resulta aún más sorprendente si recordamos que carecía de formación académica alguna: no estudió en conservatorios y ni siquiera aprendió a leer partituras. El Benny estaba dotado, sin embargo, de un oído prodigioso y una intuición musical innata que le permitió improvisar arreglos complejos y reconocer al instante problemas de afinación en cada instrumento de su banda e incluso corregirlos.

Nacido el 24 de agosto de 1919 en el pequeño pueblo de Santa Isabel de las Lajas. Con solo seis años fabricó su primer instrumento: un palo con una lata de sardinas como caja de resonancia. Desde su temprana juventud debió marcharse a La Habana para ganarse la vida en el corte de caña. También vendía frutas y viandas en las calles. En las noches, cantaba en bares y cantinas de La Habana Vieja pasando el sombrero.

Su talento para sostener el ritmo con naturalidad llamó la atención del legendario Miguel Matamoros. Se cuenta en su biografía, escrita por Rafael Lam, que en aquel primer encuentro no causó muy buena impresión, porque Bartolo se presentó en la entrevista vestido “muy mal, con alpargatas, camisa zurcida y le faltaban tres dientes”. Aun así, Matamoros no dudó en incorporarlo como voz prima de su conjunto y se lo llevó de gira a México.

El “Bárbaro del Ritmo” no solo dejó un repertorio inmenso, sino que en cada tema que compuso o popularizó se esconde un fragmento de su desbordada y no pocas veces criticada historia personal y artística. Su etapa en México fue determinante en el despunte de su carrera.

“Bonito y Sabroso”

El Benny encontró en México un segundo hogar y permaneció allí durante siete años, sin regresar a Cuba ni siquiera de visita. Entre 1945 y 1947 grabó y cantó con conjuntos cubanos asentados allí, ya reconocidos en escenarios y emisoras capitalinas. Este período mexicano resultó decisivo: contrajo matrimonio con Margarita Bocanegra, musa de la canción «Dolor y perdón». Debutó en el cine y adquirió el sobrenombre artístico que lo acompañaría durante toda su vida. El nombre «Bartolo» para los locales era sinónimo de “burro” o “persona de poco entendimiento”.

En México no solo perfeccionó su dominio del son y el bolero, sino que también se abrió al mestizaje musical, incorporando matices de la tradición azteca que enriquecieron su repertorio. De esta etapa destaca especialmente el tema “Bonito y sabroso” que describe la impresión de Moré al reparar cómo los mexicanos bailaban el mambo con la misma gracia que los cubanos.

Varios fuentes biográficas señalan que la inspiración le llegó de imprevisto y que le dijo a su esposa de aquel entonces: «Alcánzame un papel y un lápiz que se me acaba de ocurrir una melodía». “Bonito y sabroso” fue grabada junto con Dámaso Pérez Prado, el “Rey del Mambo”, en una colaboración explosiva que conquistó Latinoamérica.

“Cómo fue”

Aunque el Benny era ya una celebridad en México, donde lo apodaron como “El príncipe del Mambo”, su regreso a Cuba pasó casi desapercibido. Un año después de su vuelta a la Isla grabó con la Orquesta de Ernesto Duarte uno de los boleros románticos más emblemáticos de su repertorio: «Cómo fue». El tema fue compuesto por Duarte, pero se popularizó gracias al “Bárbaro del ritmo”.

En algunos artículos se menciona que Ernesto Duarte, sin embargo, lo excluía de algunos eventos por motivos raciales, razón principal de que se decidiera a fundar su propia orquesta, La Banda Gigante, con la que debutó en el programa “Cascabeles Candado” de CMQ. “En realidad, no padecía de ningún gigantismo”, señala Leonardo Acosta en su libro Elige tú, que canto yo y describe que contaba apenas con cuatro trompetas, un trombón, cinco saxos, piano y percusión. Sin embargo, La Banda Gigante, o “La Tribu”, como la llamaba Moré, llegó a convertirse en la más popular de Cuba de finales de los años cincuenta.

Aunque en su repertorio destacaban las guarachas, los sones y los mambos que incendiaban los cabarets y salones de baile, sin lugar a duda los boleros terminaron de consagrarlo como un intérprete universal. Temas como «Cómo fue», «Oh vida» y «Hoy como ayer» revelaban a un Benny más íntimo, con un amplio registro vocal, una afinación perfecta y un fraseo con matices melancólicos que lograban provocar una emoción casi desgarradora en el público.

La creciente fama de El Benny trajo aparejado un desgaste físico silencioso que fue minando su propio organismo. Apenas descansaba, al punto de que podía quedarse dormido incluso mientras comía o manejaba. “Para resistir las bebidas”, recuerda Rafael Lam, “acostumbraba a comer huevos pasados por agua, con mucho ajo, sal y aceite. Tomaba mucho café y fumaba”.

“Qué bueno baila usted”

El Benny era un espectáculo sobre el escenario con su Banda Gigante. A pesar de que estaba dirigida por un músico espontáneo o autodidacta, según describe el autor Roberto Pereira en un artículo sobre su vida, la agrupación se distinguió por arreglos sofisticados y “una capacidad para adaptarse instantáneamente a las indicaciones gestuales de Moré, que la dirigía mediante movimientos corporales expresivos, que se convirtieron en parte integral de su performance escénico”.

Acosta menciona en su libro que Moré siempre les ordenaba a los músicos: “No entren si yo no mando entrar”. “Y, en efecto —escribe el autor—, nunca fallaba, cuando él marcaba, era ahí mismo”. En los audiovisuales grabados a finales de los cincuenta se le ve con su icónica vestimenta holgada y los pantalones sostenidos por tirantes, porque la hepatomegalia que lo aquejaba le impedía usar cinturones. En la mano, siempre su bastón, que le funcionaba como una especie de batuta para dirigir la banda. Esa estética, elegida por él mismo, reforzaba su imagen escénica de showman.

“Qué bueno baila usted” fue uno de los temas más solicitados de su repertorio junto a la Banda Gigante. El propio trombonista de la orquesta, Generoso Jiménez García, contó en una oportunidad que la improvisación surgió en medio de un programa televisivo en Venezuela. “Cuando faltaban 12 minutos para terminar el programa Benny preguntó: ¿Qué hacemos ahora? (…) vamos a descargar. Entonces empezó a cantar Castellano, qué bueno baila usted. Castellano era el utilero de la orquesta, y bailaba muy bien los bailes de aquella época. Miró para donde yo estaba, comencé a improvisar y continuó: Generoso qué bueno toca usted”.

Para finales de los cincuenta “El sonero mayor” padecía ya la fase más avanzada de la cirrosis hepática que acabaría causándole la muerte prematura en 1963. Uno de los cantantes de su banda, el santaclareño Rafael Díaz Contreras, apodado “El Diablo”, relató poco antes de fallecer en entrevista con CubaNet que cuando los médicos le prohibieron tomar, fue que adquirió la costumbre de echarse ron en las manos y acercárselas a la nariz.

El «Bárbaro del Ritmo» fue, sin duda, un músico admirado por multitudes, pero desacreditado por quienes no lograron comprender de lleno su personalidad controvertida y espontánea. “En vida de Benny no lo hubieran soportado”, continúa Acosta en su artículo publicado en los años setenta que da pie al libro Elige tú…. “Él estaba mucho más vivo que nadie. Ahora lo quieren convertir en un santo”.

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