Sin solución a la vista: la prensa oficialista aborda la escalada de precios en Cuba

La prensa oficialista reconoce las dificultades para contener una inflación que entre enero y septiembre elevó 24,85 % los precios de bienes y servicios en Cuba.
economía, Cuba, ordenamiento, Cubanos
(Foto: Diario de Cuba)

En su edición del pasado 26 de octubre, el periódico Trabajadores publicó una separata acerca de la galopante inflación que hoy sacude a la sociedad cubana, en especial los precios de los alimentos, que ya se tornan prácticamente inaccesibles para buena parte de los cubanos. Según una información de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), entre enero y septiembre de 2026 los precios de bienes y servicios aumentaron un 24,85 %.

Los precios, aunque siempre han estado elevados, se desbordaron al eliminarse sus topes como parte de las 176 transformaciones anunciadas por las autoridades.

Los sectores vulnerables de la población, casi de inmediato, han reaccionado contra esa disposición y, en ese sentido, presionan a los gobiernos locales para que vuelvan a topar los precios, de manera que no continúen depredando los bolsillos de la población.

Sin embargo, la práctica de topar los precios ha demostrado su inviabilidad. En primer término, el régimen no cuenta con la cantidad de inspectores necesarios para garantizar su cumplimiento, por lo que muchas veces los productores de bienes o prestadores de servicios no aplican esos precios topados y no pasa nada. Y, en segundo lugar, tenemos el mayor inconveniente que se presenta cuando se topa un precio: los productos desaparecen de los establecimientos comerciales y solo aparecen en la llamada “bolsa negra”, a un precio muy superior al establecido, que es, a la postre, el que indica el mercado reprimido por la injerencia gubernamental.

Entonces, descartada la variante del tope de precios, se han evaluado otras estrategias con vistas a tratar de frenar la inflación. Una de ellas consiste en la no aplicación del método de costos para la formación de los precios. Es decir, formar el precio tomando como referencia algún producto similar en el mercado. Este método pudiera resultar eficaz para la disminución de algunos precios, debido a que a la ficha de costo no necesariamente irían los importes de algunas materias primas e insumos importados, que evidentemente encarecen el producto final, en particular en los casos de los negocios privados.

Mas se trata de un método de formación de precios que, tomando en cuenta la tradicional ineficiencia de las empresas cubanas, resulta poco aconsejable. Sin considerar todos sus gastos en la ficha de costo, más el margen de ganancia adicional, es difícil que muchas empresas de la Isla logren llegar a un precio de venta que no les genere pérdidas en su gestión.

Claro que tampoco podemos ignorar el mecanismo que más se emplea para rebajar los precios. Nos referimos a la competencia entre los diversos actores del entramado económico. Pero está demostrado que las entidades estatales nunca han podido competir con los actores privados en Cuba. No lo lograron cuando tuvo lugar la famosa porfía entre los mercados agropecuarios estatales y los de oferta-demanda. Y no hay por qué pensar que puedan realizarlo ahora.

Por último, no faltan las voces que se inclinan por subsidiar a las personas vulnerables. No obstante, las autoridades competentes aún no avanzan en la definición efectiva de quiénes son los vulnerables.

En medio de esta incertidumbre, en la que la prensa oficialista se torna incapaz de vislumbrar un descenso de la inflación, resulta significativa la apreciación aparecida en el artículo “Los precios del peligro”, en la propia separata de Trabajadores. El articulista, tras plantear que el aumento de los precios está llegando a extremos muy peligrosos, apunta que “en el corto plazo no se ve entonces que pueda haber un cambio significativo en esta dura realidad de los precios cada día más elevados”.

En su edición del pasado 26 de octubre, el periódico Trabajadores publicó una separata acerca de la galopante inflación que hoy sacude a la sociedad cubana, en especial los precios de los alimentos, que ya se tornan prácticamente inaccesibles para buena parte de los cubanos. Según una información de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), entre enero y septiembre de 2026 los precios de bienes y servicios aumentaron un 24,85 %.

Los precios, aunque siempre han estado elevados, se desbordaron al eliminarse sus topes como parte de las 176 transformaciones anunciadas por las autoridades.

Los sectores vulnerables de la población, casi de inmediato, han reaccionado contra esa disposición y, en ese sentido, presionan a los gobiernos locales para que vuelvan a topar los precios, de manera que no continúen depredando los bolsillos de la población.

Sin embargo, la práctica de topar los precios ha demostrado su inviabilidad. En primer término, el régimen no cuenta con la cantidad de inspectores necesarios para garantizar su cumplimiento, por lo que muchas veces los productores de bienes o prestadores de servicios no aplican esos precios topados y no pasa nada. Y, en segundo lugar, tenemos el mayor inconveniente que se presenta cuando se topa un precio: los productos desaparecen de los establecimientos comerciales y solo aparecen en la llamada “bolsa negra”, a un precio muy superior al establecido, que es, a la postre, el que indica el mercado reprimido por la injerencia gubernamental.

Entonces, descartada la variante del tope de precios, se han evaluado otras estrategias con vistas a tratar de frenar la inflación. Una de ellas consiste en la no aplicación del método de costos para la formación de los precios. Es decir, formar el precio tomando como referencia algún producto similar en el mercado. Este método pudiera resultar eficaz para la disminución de algunos precios, debido a que a la ficha de costo no necesariamente irían los importes de algunas materias primas e insumos importados, que evidentemente encarecen el producto final, en particular en los casos de los negocios privados.

Mas se trata de un método de formación de precios que, tomando en cuenta la tradicional ineficiencia de las empresas cubanas, resulta poco aconsejable. Sin considerar todos sus gastos en la ficha de costo, más el margen de ganancia adicional, es difícil que muchas empresas de la Isla logren llegar a un precio de venta que no les genere pérdidas en su gestión.

Claro que tampoco podemos ignorar el mecanismo que más se emplea para rebajar los precios. Nos referimos a la competencia entre los diversos actores del entramado económico. Pero está demostrado que las entidades estatales nunca han podido competir con los actores privados en Cuba. No lo lograron cuando tuvo lugar la famosa porfía entre los mercados agropecuarios estatales y los de oferta-demanda. Y no hay por qué pensar que puedan realizarlo ahora.

Por último, no faltan las voces que se inclinan por subsidiar a las personas vulnerables. No obstante, las autoridades competentes aún no avanzan en la definición efectiva de quiénes son los vulnerables.

En medio de esta incertidumbre, en la que la prensa oficialista se torna incapaz de vislumbrar un descenso de la inflación, resulta significativa la apreciación aparecida en el artículo “Los precios del peligro”, en la propia separata de Trabajadores. El articulista, tras plantear que el aumento de los precios está llegando a extremos muy peligrosos, apunta que “en el corto plazo no se ve entonces que pueda haber un cambio significativo en esta dura realidad de los precios cada día más elevados”.

En su edición del pasado 26 de octubre, el periódico Trabajadores publicó una separata acerca de la galopante inflación que hoy sacude a la sociedad cubana, en especial los precios de los alimentos, que ya se tornan prácticamente inaccesibles para buena parte de los cubanos. Según una información de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), entre enero y septiembre de 2026 los precios de bienes y servicios aumentaron un 24,85 %.

Los precios, aunque siempre han estado elevados, se desbordaron al eliminarse sus topes como parte de las 176 transformaciones anunciadas por las autoridades.

Los sectores vulnerables de la población, casi de inmediato, han reaccionado contra esa disposición y, en ese sentido, presionan a los gobiernos locales para que vuelvan a topar los precios, de manera que no continúen depredando los bolsillos de la población.

Sin embargo, la práctica de topar los precios ha demostrado su inviabilidad. En primer término, el régimen no cuenta con la cantidad de inspectores necesarios para garantizar su cumplimiento, por lo que muchas veces los productores de bienes o prestadores de servicios no aplican esos precios topados y no pasa nada. Y, en segundo lugar, tenemos el mayor inconveniente que se presenta cuando se topa un precio: los productos desaparecen de los establecimientos comerciales y solo aparecen en la llamada “bolsa negra”, a un precio muy superior al establecido, que es, a la postre, el que indica el mercado reprimido por la injerencia gubernamental.

Entonces, descartada la variante del tope de precios, se han evaluado otras estrategias con vistas a tratar de frenar la inflación. Una de ellas consiste en la no aplicación del método de costos para la formación de los precios. Es decir, formar el precio tomando como referencia algún producto similar en el mercado. Este método pudiera resultar eficaz para la disminución de algunos precios, debido a que a la ficha de costo no necesariamente irían los importes de algunas materias primas e insumos importados, que evidentemente encarecen el producto final, en particular en los casos de los negocios privados.

Mas se trata de un método de formación de precios que, tomando en cuenta la tradicional ineficiencia de las empresas cubanas, resulta poco aconsejable. Sin considerar todos sus gastos en la ficha de costo, más el margen de ganancia adicional, es difícil que muchas empresas de la Isla logren llegar a un precio de venta que no les genere pérdidas en su gestión.

Claro que tampoco podemos ignorar el mecanismo que más se emplea para rebajar los precios. Nos referimos a la competencia entre los diversos actores del entramado económico. Pero está demostrado que las entidades estatales nunca han podido competir con los actores privados en Cuba. No lo lograron cuando tuvo lugar la famosa porfía entre los mercados agropecuarios estatales y los de oferta-demanda. Y no hay por qué pensar que puedan realizarlo ahora.

Por último, no faltan las voces que se inclinan por subsidiar a las personas vulnerables. No obstante, las autoridades competentes aún no avanzan en la definición efectiva de quiénes son los vulnerables.

En medio de esta incertidumbre, en la que la prensa oficialista se torna incapaz de vislumbrar un descenso de la inflación, resulta significativa la apreciación aparecida en el artículo “Los precios del peligro”, en la propia separata de Trabajadores. El articulista, tras plantear que el aumento de los precios está llegando a extremos muy peligrosos, apunta que “en el corto plazo no se ve entonces que pueda haber un cambio significativo en esta dura realidad de los precios cada día más elevados”.

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