MADRID, España.- El régimen cubano rechazó este fin de semana las acusaciones de la administración estadounidense que lo señalan como una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos y volvió a presentarse como un actor dispuesto a cooperar en materia de seguridad internacional, pese a su largo historial de confrontación política con Washington y a las reiteradas denuncias sobre su falta de transparencia y respeto a los derechos humanos.
En una declaración oficial difundida por el Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX), el Gobierno de La Habana afirmó que “condena de manera inequívoca el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones” y aseguró que “no alberga, no apoya, no financia ni permite la existencia de organizaciones terroristas” en su territorio, una afirmación que contrasta con la inclusión recurrente de Cuba en listas internacionales de países patrocinadores del terrorismo y con cuestionamientos persistentes de Estados Unidos y otros gobiernos occidentales.
#Cuba condena de manera inequívoca el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones, al tiempo que reafirma su compromiso de cooperar con #EEUU y otras naciones para fortalecer la seguridad regional e internacional.
— Bruno Rodríguez P (@BrunoRguezP) February 2, 2026
Cuba declara categóricamente que no alberga, no apoya, no… https://t.co/ZhIZFBTpzC
El comunicado insiste en que Cuba mantiene una política de “tolerancia cero” frente al financiamiento del terrorismo y el lavado de dinero, y niega categóricamente que represente una amenaza para Estados Unidos.
Sin embargo, la declaración evita cualquier referencia al papel de los aparatos de inteligencia cubanos en la región, así como a sus alianzas estratégicas con gobiernos autoritarios y actores geopolíticos adversos a Washington, elementos que han sido señalados en repetidas ocasiones por la Casa Blanca como factores de riesgo para la seguridad hemisférica.
En relación con contactos pasados con personas posteriormente incluidas en listas de terrorismo, el régimen solo menciona que estas interacciones ocurrieron “de manera limitada y en contextos humanitarios”, vinculados a procesos de paz y a solicitud de gobiernos involucrados, una justificación que La Habana ha utilizado en otras ocasiones para eludir responsabilidades políticas y diplomáticas.
Pese al deterioro de las relaciones bilaterales y al endurecimiento de la política estadounidense hacia la Isla, el Gobierno cubano afirma estar dispuesto a “renovar y ampliar la cooperación técnica” con Washington en áreas como la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico, el lavado de dinero, la ciberseguridad y la trata de personas, sin ofrecer detalles concretos sobre mecanismos, plazos o compromisos verificables.
El comunicado concluye con un llamado a “un diálogo respetuoso y recíproco, orientado a resultados tangibles”, que Cuba está dispuesta a sostener «basado en el interés mutuo y el derecho internacional».
El pronunciamiento del MINREX se produce pocos días después de que la dictadura castrista difundiera otra declaración oficial en la que condenó la decisión del presidente estadounidense Donald Trump de declarar una emergencia nacional por las “políticas, prácticas y acciones del Gobierno de Cuba”. En ese texto, el régimen calificó la medida como “una nueva escalada” de hostilidad contra el país.
En esa misma nota, compartida públicamente por el gobernante Miguel Díaz-Canel, La Habana acusó a la Casa Blanca de “imponer un cerco absoluto a los suministros de combustible” y sostuvo que la caracterización de Cuba como una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional de Estados Unidos resulta “absurda”. Según el discurso oficial, es Washington quien “atenta contra la seguridad, la estabilidad y la paz de la región y del mundo”.
Las nuevas declaraciones del régimen coinciden además con afirmaciones realizadas este fin de semana por Trump, quien confirmó que su administración ha iniciado contactos con La Habana. El mandatario estadounidense señaló que Cuba “necesita ayuda por razones humanitarias” y aseguró que su Gobierno busca una solución para personas que, según dijo, “han sido tratadas muy mal por Cuba” y desean regresar a la Isla tras décadas de separación de sus familias.
Las palabras del presidente estadounidense se produjeron poco después de la firma de una orden ejecutiva que autoriza la imposición de aranceles adicionales a los bienes importados desde cualquier país que suministre petróleo al régimen cubano, como parte de la emergencia nacional declarada contra La Habana. Washington ha defendido la medida como un mecanismo para limitar el financiamiento del aparato estatal cubano.
Trump insistió en que su política hacia Cuba responde al carácter represivo del régimen y a su historial de violaciones de derechos humanos, al tiempo que justificó las sanciones como una vía para exigir responsabilidades a las autoridades de la Isla, en contraste con el discurso oficial cubano, que continúa atribuyendo la crisis interna y el aislamiento internacional exclusivamente a factores externos.








