LA HABANA, Cuba.- Este lunes, un titular de CubaNet recogía la información: “Trump: ‘Estamos negociando con los líderes cubanos en este momento’”. Aún tras leer las respuestas que parecen objetar esos planteamientos formuladas por los portavoces oficiales del régimen de La Habana, yo confieso que, mientras no me demuestren lo contrario, otorgaré mi crédito al presidente de los Estados Unidos.
El texto de la información plantea que “la situación actual coloca a Cuba en una posición crítica, pero también en una oportunidad para negociar”. Esa afirmación constituye —creo— una verdad inobjetable. Pero también un planteamiento que, a los cubanos de ideas democráticas (que somos la gran mayoría) nos hace concebir razonables expectativas de que nuestra desdichada isla salga (y no en mucho tiempo) de la situación catastrófica en que, como consecuencia de las políticas erradas del régimen castrocomunista, se encuentra hoy.
Como he planteado reiteradamente en diversos artículos que he publicado a lo largo de meses, si la actual dirigencia castrocomunista no reconoce la realidad objetiva (que la situación terrible en que está sumida Cuba hoy no admite reformas parciales ni meros paliativos), entonces lo único que cabe razonablemente que esperen es que otros miembros del mismo Partido Comunista los sustituyan en las posiciones de máxima responsabilidad.
En uno u otro caso, el cambio se hace inevitable. Lo único que cabe discutir es la mayor o menor rapidez de esas transformaciones indispensables. Y también la identidad de los dirigentes castrocomunistas que las encabezarán (lo cual, claro, representa un detalle secundario ante el carácter inexorable de esos cambios trascendentales).
Sin pretender parangonar situaciones disímiles (como las que hoy presentan la misma Cuba y la fraterna Venezuela), no estaría de más que los dirigentes del castrocomunismo tuviesen en cuenta las realidades que, tras el apresamiento del dictador Maduro y su mujer el pasado 3 de enero, tienen lugar en estas semanas en la Patria del Libertador.
En este contexto, la declaración que, contra toda expectativa razonable, emitió el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (MINREX) un día feriado —este domingo—, nos ayuda a comprender mejor la situación. En ese documento, junto a condenas tajantes al terrorismo, el lavado de dinero o el narcotráfico, se hacen planteamientos que no han resultado usuales en la propaganda castrocomunista de fechas recientes.
Para empezar, en el extenso documento no se hace mención alguna al llamado “bloqueo norteamericano”. Estamos hablando de algo que ha constituido una reiterada mentira del régimen de La Habana, pero que ha recibido el reconocimiento de numerosos países, los cuales han aceptado esa terminología mendaz, e incluso se han prestado a aprobar declaraciones internacionales que la reconocen y respaldan.
Abandonando al menos por un momento ese tema central de su propaganda y su agitación, los castrocomunistas del MINREX habanero se centran en su disposición a “cooperar con los Estados Unidos”, así como a “reactivar y ampliar la cooperación bilateral” con el gran país del Norte, aunque especificando —eso sí— que ello se hace “frente a amenazas transnacionales compartidas” y “sin renunciar jamás a la defensa de su soberanía y la independencia”.
Pero, bueno, como reza el dicho popular, “algo es algo”. En definitiva, el extenso documento dominical concluye: “Cuba reafirma su disposición a mantener un diálogo respetuoso y recíproco, orientado a resultados tangibles con el Gobierno de los Estados Unidos, basado en el interés mutuo y el derecho internacional”.
¡Lo que va de ayer a hoy! La retórica de enfrentamiento decidido a los estadounidenses (algo, por cierto, ratificado en días recientes por el gobernante Díaz-Canel), se ve ahora matizada, moderada por nuevos planteamientos que parecen responder mejor a las realidades políticas del día de hoy.
En cualquier caso, parece razonable esperar que el actual equipo dirigente castrista (que —insisto— sabe, además, que si no son ellos quienes arriben a un entendimiento con nuestro vecino norteño, los otros dirigentes castrocomunistas que los reemplacen sí lo harán) opte por abandonar su retórica “antiyanqui” y prefiera —por fin, después de tantos años de enfrentamiento estéril— emprender el camino del entendimiento y la armonización con el Gobierno del gran país vecino.
En el ínterin, los “mayimbes” de La Habana harían bien en mirar con gran atención a los sucesos que en estos días tienen lugar en Caracas. Como, por ejemplo, la propuesta formal de la “presidenta encargada” del Ejecutivo venezolano, Delcy Rodríguez, de otorgar una amnistía a todos los presos políticos.
Una como esa sería una excelente decisión de los actuales mandantes de La Habana. ¿Qué razones de algún peso puede haber para que ciudadanos pacíficos y dignos como Félix Navarro o Luis Manuel Otero permanezcan privados de libertad? Se trata de una evidente arbitrariedad más del régimen. ¡Lo único razonable es subsanarla, poniendo en libertad a los afectados, que en total pasan de mil!
En esta coyuntura, lo único que cabe expresar es nuestra razonable expectativa de que, ¡por fin!, las cosas en nuestra martirizada Patria empiecen a cambiar para mejor, y que nuestros compatriotas de la Isla, más temprano que tarde, puedan aspirar a encontrar, dentro de la propia tierra que los vio nacer, un futuro mejor para ellos mismos y para sus hijos.








