MIAMI.- Las protestas y manifestaciones de descontento se han vuelto cada vez más frecuentes en Cuba, tanto durante la noche, cuando los apagones desencadenan cacerolazos y gritos de protesta, como a plena luz del día, cuando los ciudadanos deciden acudir directamente a las instituciones del Estado para exigir respuestas. La combinación de prolongados cortes eléctricos, escasez de agua, falta de transporte y deterioro de los servicios básicos ha incrementado la tensión en numerosas comunidades de la Isla.
La mañana de este lunes, decenas de residentes de Guanabo, en el municipio Habana del Este, se concentraron frente a la sede del Gobierno local para reclamar soluciones ante una situación que describen como insostenible. María Elena Mir, vecina de la localidad y una de las personas presentes en el lugar, relata en primera persona cómo transcurrió la reunión, cuáles fueron las principales quejas de los residentes y por qué muchos consideran que el agotamiento de la población ha llegado a un punto límite.
«La gente se cansó de esperar respuestas»
«Guanabo siempre fue considerado una zona protegida dentro del municipio. Sin embargo, la realidad que vivimos hoy está muy lejos de esa imagen. A raíz de la crisis energética, las autoridades dividieron la localidad en dos bloques. Uno de ellos quedó como supuesto bloque protegido para garantizar el abasto de agua, mientras que el resto pasó a formar parte de un circuito emergente donde no tenemos horarios ni garantías. Podemos pasar horas y hasta días enteros sin electricidad.
«Aquí no estamos hablando solo de molestias. En este circuito hay instituciones esenciales como el policlínico, los correos, los bancos y otros servicios que dependen de la electricidad para funcionar. El propio policlínico está dividido en dos bloques. El cuerpo de guardia funciona gracias a paneles solares y en terapia intensiva hay un equipo EcoFlow que no fue adquirido por el Gobierno, sino por los propios vecinos de Guanabo, que reunieron dinero para comprarlo después de que ocurrieran situaciones graves relacionadas con los apagones. Eso hay que decirlo claramente: fue la comunidad quien resolvió el problema».
La situación afecta todos los aspectos de la vida cotidiana. El único lugar donde se vende pan a la población también sufre los cortes. Muchas veces comienzan a elaborar el pan y, a los 20 o 25 minutos, se va la corriente y se pierde la producción. Los bancos y los correos permanecen abarrotados porque las personas no pueden cobrar sus pensiones o sus salarios. Para muchos jubilados, ese dinero es la única forma de subsistencia.
«Además de los apagones, sufrimos una grave crisis de agua. El bloque que debía garantizar el suministro no ha cumplido su función porque los tres motores encargados del sistema están rotos desde hace más de 30 días. Hoy hay familias que no tienen una gota de agua.
«Vivimos a 26 kilómetros de la entrada del túnel de La Habana y tampoco tenemos transporte. No hay ómnibus, no hay alternativas. A eso se suma la falta de gas y los prolongados cortes eléctricos. Hemos llegado a estar hasta 45 horas sin corriente. Desde el 8 de mayo este circuito de emergencia apenas ha tenido breves períodos de descanso durante la noche. No hemos dormido noches completas. A veces la corriente llega por 20, 25 o 30 minutos; otras, por una hora y media como máximo. No hay cuerpo que resista eso».
Las consecuencias recaen sobre personas vulnerables: ancianos, niños, enfermos, personas encamadas o convalecientes.
«Durante semanas la población intentó resolver la situación por las vías establecidas. Se presentaron quejas ante distintas instancias, se entregaron cartas al intendente, se acudió al Poder Popular. Yo misma tuve una reunión con el delegado de la localidad la semana pasada. Las respuestas nunca llegaron.
Hoy, a través de los grupos de WhatsApp de Guanabo, comenzó a circular la convocatoria a una reunión frente al Poder Popular a las nueve de la mañana. La noticia corrió rápidamente entre los vecinos.
«La población, exasperada, cansada, agotada y deshidratada, se presentó en el lugar. Había un inmenso grupo de personas», recuerda.
Muchos acudieron llevando documentos, reclamaciones y evidencias de las afectaciones que han sufrido durante semanas. Las quejas se concentraron especialmente en el hecho de que el circuito protegido permanecía energizado mientras la mayoría de la población continuaba sin servicios básicos.
«Las personas comenzaron a hablar. Muchos llevaban papeles sobre lo que estaba pasando en la localidad. El circuito protegido, que supuestamente era para garantizar el agua, seguía abierto las 24 horas. Mientras tanto, negocios privados que no tienen plantas eléctricas ni paneles solares permanecían abiertos hasta altas horas de la madrugada con fiestas y música, y la población estaba pagando en carne propia el precio del déficit», afirma.
Según relata, la reunión se prolongó durante varias horas bajo el sol.
«Son la una de la tarde y nos hemos pasado largas horas bajo el sol. No estamos de acuerdo ni vamos a estar de acuerdo nunca con esta situación».
Las respuestas ofrecidas por las autoridades dejaron insatisfechos a muchos de los presentes.
«Nos dijeron que ahora es que se van a reunir, que van a ir a la provincia y que la población tendrá una respuesta. Yo les pregunté personalmente y me quedo con esa última respuesta. Según ellos, no conocían la situación que estaba atravesando Guanabo, a pesar de que existen cartas entregadas y múltiples reclamaciones».
María Elena considera que la jornada marca un punto de inflexión para la comunidad.
«Pienso que esto es un paso importante para la población. Mantener el orden fue difícil porque la gente está desesperada. Lo que se necesitaba era que escucharan y que al final tuvieran que decir que van a responder. Hoy todavía no tenemos respuesta, pero ya no pueden decir que no conocen el problema».
Durante la reunión, las autoridades alegaron desconocimiento sobre varias de las denuncias realizadas por los vecinos.
«Decían que no sabían si las válvulas estaban siendo manipuladas, si había circuitos privilegiados o si algunos negocios habían sido conectados a otros circuitos. No conocen, no conocen, no conocen. Pero ahora ya lo conocen. La población habló. El problema está planteado y tienen que responder».
La tensión fue evidente. Según explica, hubo restricciones para grabar o documentar lo que ocurría.
«No nos dejaron sacar celulares ni tomar notas. Yo estaba en primera línea y sabía que si sacaba el teléfono me lo podían quitar. Por eso no pude grabar. Los videos que están circulando fueron tomados desde atrás».
También recuerda que en un momento sintió la necesidad de explicar a los presentes y a las autoridades cuál era la naturaleza de la protesta.
«Tuve que aclarar que lo que estábamos reclamando eran problemas sociales y humanos, no políticos. Sin embargo, llegó la policía».
A pesar del cansancio, María Elena cree que algo ha cambiado en Guanabo.
«Considero que la población está dando pasos firmes, sin retorno. La gente ha despertado».
Mientras la reunión transcurría, comenzó a circular el rumor de que la electricidad había regresado temporalmente a una parte de la localidad.
«Acabo de llegar a mi casa y efectivamente hay electricidad. Pero agua no tenemos. El agua simplemente no existe».
Y concluye con una frase que resume el estado de ánimo de muchos vecinos de Guanabo después de semanas de carencias y horas de reclamos bajo el sol:
«No hay otra cosa que pedir. No hay manera de seguir viviendo así».









