marzo 24, 2026

¡No más circo! El convoy internacional oxigena a la dictadura cubana

Entre discursos de solidaridad y denuncias de complicidad, la llegada del convoy internacional a Cuba reabre el debate sobre el destino real de la ayuda y su uso político por parte del régimen.
Díaz-Canel en recibimiento al llamado Convoy Nuestra América en La Habana
Díaz-Canel en recibimiento al llamado Convoy Nuestra América en La Habana (Fotos: Cubadebate)


MIAMI.- Mientras el pueblo cubano —dentro y fuera de la isla— grita con una sola voz “¡Cuba libre!” y se prepara para el cambio definitivo que ponga fin a 67 años de crimen organizado disfrazado de “revolución”, la izquierda internacional vuelve a montar su espectáculo. Del 18 al 21 de marzo de 2026 llegó a La Habana el llamado “Convoy Nuestra América”: más de 500 activistas de 33 países, 20 toneladas de “ayuda humanitaria” y un circo mediático pagado con la miseria ajena. Lo recibieron con honores Díaz-Canel y la cúpula del Partido Comunista, como si fuera una victoria contra el “bloqueo”. Pero la verdad es otra, y el exilio cubano —desde Miami hasta Orlando, desde Madrid hasta Berlín— la grita sin miedo: esto no es solidaridad. Es complicidad pura y dura con los criminales que han hundido a Cuba en la peor miseria de su historia.

La izquierda que “salva” Cuba… desde hoteles de cinco estrellas

Organizado por la Internacional Progresista, Code Pink (Medea Benjamin), DSA y figuras como Jeremy Corbyn, Pablo Iglesias, Rashida Tlaib y con el apoyo público de Greta Thunberg, el convoy aterrizó en La Habana con medicamentos, alimentos y paneles solares. ¿Destino real? Probablemente los hospitales estatales reservados exclusivamente para militares y élites del régimen, junto a la red eléctrica controlada por la dictadura. ¿Resultado? Oxígeno puro para una dictadura que se ahoga en su propia corrupción, ineficiencia y represión.

Los “solidarios” se hospedaban en hoteles de lujo en La Habana, con aire acondicionado, WiFi y comida abundante, mientras el resto de Cuba sufre apagones de 20 horas diarias o más. Un video viral de “Fuera de la Caja” lo resumió perfecto: “Si tanto admiran el socialismo cubano, ¿por qué regresan corriendo al capitalismo que dicen odiar?”.

Esto no es nuevo. Es el mismo patrón de siempre: la izquierda mundial usa Cuba como parque temático ideológico. Vienen, se sacan fotos con Díaz-Canel, entregan ayuda que el régimen revende en tiendas en dólares (controladas por los militares de GAESA) y regresan a casa. Mientras, el cubano de a pie sigue sin luz, sin comida y sin libertad.

Los cubanos ya decidimos: ¡Fuera los criminales comunistas!

Dentro de Cuba, pese al miedo y la vigilancia constante, las redes sociales y los mensajes de voz en WhatsApp estallan de indignación: “¿Ayuda? ¡Circo político!”. Fuera de la isla, el exilio —más de dos millones de cubanos que escapamos del horror— no se calla. En ciudades como Orlando, Miami, Hialeah, Madrid y Barcelona se multiplican las protestas y campañas con el grito unánime: “¡No en nuestro nombre!”. El exilio y los activistas independientes lo han denunciado con claridad absoluta: esta “ayuda” no llega al pueblo. Se utiliza para comprar lealtades, alimentar la propaganda del régimen y retrasar el colapso que tanto temen los criminales que lo sostienen.

Porque los cubanos —los de adentro que resisten en silencio y los de afuera que luchamos desde la libertad— estamos decididos. Decididos a enterrar para siempre a los criminales que han convertido la isla más rica del Caribe en un vertedero de miseria, han provocado el mayor éxodo de la historia cubana.

La izquierda lo sabe. Sabe que el pueblo cubano está harto. Sabe que las protestas del 11 de julio de 2021 fueron solo el comienzo. Sabe que ni el “bloqueo” (excusa eterna, mientras Cuba comercia con China, Rusia, España y México) es la causa: el culpable es el modelo fallido, centralizado, corrupto y represivo. Inclusive recibe de Estados Unidos mucha ayuda, más la que los exiliados cubanos envían a sus familias, son los que prácticamente en estos momentos mantienen parte de ese régimen. Por eso vienen ahora, con su “ayuda incondicional”. No para ayudar al pueblo, sino para calzar al verdugo.

Peor aún: distrae la atención del mundo de las verdaderas soluciones. Las que sí funcionan: remesas directas enviadas por personas que viajan directamente desde Miami, sanciones a los represores y presión internacional real para que esos criminales se vayan o sean capturados como Nicolás Maduro, y para que haya elecciones libres.

El “Convoy Nuestra América” no engaña a nadie que tenga ojos y memoria. Es otro capítulo del manual comunista: usar el dolor ajeno para salvar una ideología muerta. Pero esta vez llega tarde. Los cubanos —dentro y fuera— ya cruzamos el Rubicón. Estamos decididos. Organizados. Unidos como nunca.

A la izquierda internacional le decimos con claridad: dejen de calzar a los criminales. Su “solidaridad” solo prolonga el sufrimiento. El pueblo cubano no quiere más migajas ni más circo. Quiere libertad, democracia y justicia.

Y la vamos a conseguir. Con o sin su aprobación.

¡Patria y Vida! ¡Cuba libre ya!

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Idabell Rosales

Idabell Rosales. Estratega y consultora con más de una década de experiencia en gestión de contratos federales para proyectos de derechos humanos y ayuda humanitaria en Cuba. Ha liderado iniciativas culturales y editoriales contra la dictadura cubana, promoviendo la verdad histórica sobre el comunismo en las comunidades cubana e hispana del sur de Florida.

Ubicación: Estados Unidos