marzo 25, 2026

Jorge Gómez y el silencio sobre su caída en desgracia durante el Quinquenio Gris

Jorge Gómez, como la mayoría de sus compañeros de Pensamiento Crítico y de la Facultad de Filosofía, preferió olvidar aquel tiempo de cerrazón y de censura a los intelectuales
Jorge Gómez / grupo Moncada
Jorge Gómez / grupo Moncada (Foto: Prensa Latina / blogspot)

LA HABANA.- De Jorge Gómez Barranco, el director del grupo Moncada que falleciera el 23 de marzo, se está hablando mucho, y casi siempre bien, porque no hay dudas de que era una buena persona y muy querido por muchos en el medio cultural, particularmente en la música y la TV.

De lo que no se habla —parece que pocos se acuerdan o prefieren no acordarse— es de cuando, en 1971, Jorge Gómez, que por entonces era un joven profesor de filosofía, cayó en desgracia con el régimen por su vinculación a la revista Pensamiento Crítico.

La revista, que agrupaba a intelectuales de izquierda, verdaderos tanques pensantes, pero que diferían de la línea soviética, como Aurelio Alonso y Fernando Martínez Heredia, fue cerrada poco después de aquel infausto y mal llamado Congreso de Educación y Cultura que dio inicio al Quinquenio Gris, por órdenes de Raúl Castro, por entonces ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, quien calificó a la publicación y al Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana como “un reducto de revisionistas y contrarrevolucionarios”. Y todo porque se atrevían a andar manoseando las ideas de Marcuse, Gramsci, Sartre, y, cuidado, si también de Bakunin y Trotsky, precisamente en aquellos momentos cuando el régimen castrista, que aún no se recuperaba del fracaso de la Zafra de los Diez Millones, no quería disgustar al Kremlin, a cuyo carro se habían uncido para que los soviéticos lo sacaran de la crisis.

Jorge Gómez, como la mayoría de sus compañeros de Pensamiento Crítico y de la Facultad de Filosofía, prefería olvidar aquel tiempo de cerrazón y de censura a los intelectuales, restarle importancia. Incluso obvió aquella polémica que llevó a un recalcitrante comisario a acusarlo, jugando con su segundo apellido, de querer despeñar al marxismo por un barranco.

Después de todo, el fin de su incursión en la filosofía le permitió a Jorge Gómez, que de niño había aprendido a tocar piano, volver a la música, que era su gran pasión. En 1972, con varios estudiantes universitarios, formó un grupo que combinaba el son con la música andina y al que nombró Moncada, como homenaje a su tío, el poeta Raúl Gómez García, muerto en el ataque al cuartel santiaguero el 26 de julio de 1953.

Años después, luego de sustituir la influencia de Quilapayún e Inti Illimani por aires más pop y pegajosos, y a los demasiado serios Alberto Falla y Manuel Calviño, primero por Carlos Enríquez y luego por otros cantantes melenudos, bonitillos y más jóvenes, Moncada logró hacerse popular en la década de 1980 y principalmente en los años del Periodo Especial, cuando sus conciertos abarrotaban la escalinata de la Universidad de La Habana.

Los melómanos, y especialmente los amantes del rock, tenemos que agradecerle a Jorge Gómez el programa televisivo que hacía en los años 80, Perspectiva, donde tuvimos la oportunidad —insólita en aquel tiempo en que las prohibiciones al rock se resistían a desaparecer— de ver en la pequeña pantalla a grupos como Pink Floyd, Deep Purple, etc.

Hace diez años, el 30 de agosto de 2016, cuando el cantautor Amaury Pérez entrevistó a Jorge Gómez en su programa “Con dos que se quieran”, esa especie de confesorio para amiguitos y amigotes del cantautor, le preguntó cómo se produjo el fin del Departamento de Filosofía y el porqué del cierre de la revista Pensamiento Crítico.

Ante aquella pregunta, Jorge Gómez esquivó, tiró curvas. Dijo que la revista “se había ido agotando de a poco”, y lo justificó con el argumento de que “son cosas que pasan en las revoluciones”. Hubiera sido demasiado atrevido para el muy obsecuente Jorge Gómez decir más y estropear su cuarto de hora como músico exitoso en la cultura oficial.

Además, pensaría, por qué iba a buscarse problemas por estar revolviendo el pasado, para qué, si total, la mayoría de los invitados a “Con dos que se quieran”, cuando Amaury Pérez les hace ese tipo de preguntas conflictivas, lejos de quejarse de los agravios y represalias, se muestran esquivos, optan por perdonar y terminan casi siempre proclamando su devoción “a Fidel y la revolución”.

Jorge Gómez prefirió olvidar “los errores del pasado”, pasar página, como mismo hicieron algunos de sus compañeros de Pensamiento Crítico, que tras ser rehabilitados se convirtieron en componedores de batea dedicados a reinventar el socialismo.

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Luis Cino

La Habana, 1956. Trabajó como profesor de inglés, en la construcción y la agricultura. Se inició en la prensa independiente en 1998. Perteneció al consejo de redacción de la revista De Cuba y fue subdirector de Primavera Digital. Colaborador habitual de CubaNet desde 2003, donde escribe sobre arte, historia, política y sociedad. Reside en Arroyo Naranjo. Sueña con poder dedicarse por entero y libre a escribir narrativa. Le apasionan los buenos libros, el mar, el jazz y los blues. Especialización: Música, historia, sociedad. Ubicación: Cuba Enlaces:  Texto alternativo descriptivoWeb: cubanet.og Texto alternativo descriptivoFacebook: https://www.facebook.com/luis.cinoalvarez Texto alternativo descriptivoX / Twitter: https://x.com/CubanetNoticias