Este domingo, las trompetas de la propaganda castrocomunista sonaron de forma estruendosa para ensalzar la iniciativa más reciente del régimen, que persigue el objetivo de, al menos, empezar a paliar un poco (ya que no a resolver) uno de los cientos de problemas que aquejan a los cubanos de a pie: el de la vivienda.
La emisión dominical del Noticiero Nacional de Televisión estimó pertinente dedicarle un reportaje al asunto. En las redes, los órganos de agitación castrocomunistas también se hicieron eco. Cubadebate y la versión digital de Granma, por ejemplo, publicaron un texto del periodista René Tamayo León.
Desde el mismo titular se adelanta la tesis que desarrolla mi tocayo en su edulcorado texto: “Dos jóvenes madres son las beneficiarias de las primeras casas modulares a partir de contenedores inauguradas en La Habana”. A fuer de sincero, uno no sabe si asombrarse o sentirse intimidado por lo que plantea el comunicador del régimen.
Para empezar, conviene aclarar que la insinuación inicial del título no refleja la realidad, sino que la distorsiona. No fue la reducida edad de las beneficiadas ni su condición maternal (como sugiere Tamayo León) lo que determinó que Alina y Nerelys fuesen seleccionadas para recibir las llaves de las novedosas casas metálicas.
Al leer el texto dulzón, uno se entera de las complicidades gobiernistas de ambas damas. De Alina se nos dice que encabeza “el comité de base de la UJC en su centro de trabajo” (y se aclara que ingresó a la Juventud Comunista “desde los 14 años de edad”). Sobre Nerelys se nos informa que “se desempeñó como delegada de su circunscripción por dos mandatos”.
Entonces, ¡es por ahí por donde “vienen los tiros”! El régimen escogió a dos de sus fieles servidoras para beneficiarlas con las nuevas moradas. Es lo mismo a lo que, años atrás, se aludía, mediante un tremendo eufemismo, en una norma oficial, en la cual se hacía referencia a los “méritos sociales y laborales” del interesado…
De paso, el régimen ha lanzado un guiño a los montones de familias que vegetan en albergues, en muchos casos desde hace decenios. De la segunda favorecida se nos informa que “desde hacía más de 13 años” residía en uno de esos centros caracterizados por la promiscuidad y el hacinamiento. O sea: ¡que hay esperanzas! (sugieren los órganos de propaganda castrocomunistas, al menos para quienes se presten a hacerles el juego)…
En verdad, parece excesivo el despliegue de dirigentes movilizados para el acto. Este fue presidido por Miguel Díaz-Canel, primer secretario del único partido y presidente de la República. También asistieron Manuel Marrero Cruz, primer ministro; Roberto Morales Ojeda, secretario de Organización del Partido; así como los generales que se desempeñan como ministro del Interior y secretario del Consejo de Ministros.
¡Todo ese despliegue para entregar dos casitas metálicas, hechas a partir de contenedores! Basta el mero enunciado de esa realidad para comprender cuán mal se encuentran las cosas en la Cuba actual. Y, para más inri, mi tocayo informa que el ministro de las Fuerzas Armadas, también miembro del Buró Político, “supervisó más temprano la terminación de las obras”… Sí, pésimo estado de las cosas… ¡y reconocido por ellos mismos!
El subtítulo que emplea Tamayo en el pasaje de su texto dedicado a enumerar el referido despliegue de altos jefes no deja de sorprender: “Un programa que entusiasma”. A riesgo de cansar al lector con repeticiones, una vez más se hace forzoso reconocer que, si ese es el resultado de inaugurar un par de casitas hechas de contenedores, las palabras del alabardero oficialista demuestran, con más claridad que cualquier crítica, la situación ruinosa en que se encuentra nuestro país.
Porque sí, se hace imprescindible recordar que de los ambiciosos planes de construcción de viviendas anunciados a lo largo de los decenios de socialismo burocrático no queda nada. El propio fundador de la dinastía, en el paroxismo del descoco, llegó a enarbolar la cifra de 100 000 casas anuales, un objetivo al que, en este país de supuesta economía planificada, jamás se estuvo cerca de alcanzar.
Pero, como reza la expresión, “los hechos son una cosa muy testaruda”. La involución económica sufrida por nuestra patria ha reducido a mínimos la producción de cemento y otros materiales de construcción. De ahí que ahora toda la plana mayor del régimen, exultante, se congregue para atestiguar la entrega de dos contenedores transformados en viviendas muy modestas.
Se trata, afirma Tamayo en otro pasaje, de “una tecnología que es una práctica internacional”. La alusión a supuestos antecedentes extranjeros no es gratuita ni inocente: se intenta proyectar la idea de que lo que ocurre en Cuba no es fruto de la crisis, sino una práctica generalizada en el mundo.
Sin embargo, hay un problema evidente: esta Gran Antilla no se encuentra en la zona templada, sino en un área tropical. Y no resulta difícil imaginar lo que supondrá habitar esas estructuras metálicas cuando el intenso sol del verano castigue sus paredes y techos.
Mientras tanto, es previsible que los actos de entrega de viviendas construidas con contenedores se repitan, aunque el número total de estas difícilmente se acerque a la cifra de 100 000 anuales. Y esos eventos seguirán siendo presididos por dirigentes que residen en antiguos palacetes expropiados en repartos que, en otra época, tenían nombres en inglés.









