enero 18, 2026

«La vieja y la mar», de Évora Tamayo: tan impresionante como hace 60 años

La decena de relatos que componían aquel inusual libro sentó pautas en la literatura fantástica que se hacía en Cuba en aquella época.
La vieja y la mar / Caricatura de Évora Tamayo
La vieja y la mar / Caricatura de Évora Tamayo (araucanianoticias.com / Juventud Rebelde)

LA HABANA, Cuba – Acaban de cumplirse los 60 años de la publicación, en 1965, en la serie Dragón de Ediciones R, del libro “La vieja y la mar”, de la escritora y periodista Évora Tamayo.

La decena de relatos que componían aquel inusual libro, donde se mezclaban el humor y el horror con el absurdo y una lógica onírica, por su originalidad, sentó pautas en la literatura fantástica que se hacía en Cuba en aquella época, en la que descollaban autores como José Lorenzo Fuentes, María Elena Llana, Oscar Hurtado y Esther Díaz Llanillo.

Como afirma el narrador y ensayista Alberto Garrandés en su artículo “La sonrisa oscura: 60 años de La vieja y el mar”, publicado en Hypermedia Magazine: “Évora Tamayo hizo del horror gótico un espacio fuertemente contaminado por el humor negro y el lirismo”.

Aquellos cuentos de la por entonces muy joven (tenía 25 años)  escritora bayamesa y de los demás autores de  literatura fantástica, por considerarlos “demasiado raros”,  no fueron bien acogidos por los comisarios que regían la cultura,  interesados en que los escritores cubanos  reflejaran en sus obras  los temas de “la revolución y la construcción de la sociedad socialista”.

En el caso de Évora Tamayo, la situación se agravaba porque su primer libro, “Cuentos para abuelas enfermas”, había sido publicado en Ediciones El Puente en 1964, menos de un año antes de que la mal mirada editorial fuera clausurada por órdenes expresas de Fidel Castro. 

Hace unos días, interrogada por mí respecto a la repercusión que tuvo en su momento “La vieja y el mar”, Évora Tamayo, que desde hace décadas reside en Estados Unidos, me explicó en un e-mail: “Cuando se publicó el libro, ya yo sospechaba o intuía el lío en que me estaba metiendo. No era absolutamente inocente. El caso es que yo sabía que la revolución no estaba para cuentos por puros cuentos de literatura fantástica. Sabía que la literatura que esperaban los primeros barrigones era de loas y pancartas. Y en ese punto no iba a ceder ni una letra cuentera mía, motivo por el cual no volví a escribir cuentos y me dediqué al periodismo de corte humorístico. En resumen, no le vendí mi alma al diablo. Creo que salvé mi dignidad”.

Évora Tamayo durante las décadas de 1960 y 1970 se dedicó al humorismo en el semanario Palante y escribió textos sobre la historia del humor en Cuba. No fue hasta 1983 que se decidió a publicar el libro de relatos “Fumando en pipa y otras costumbres” y la novela “Sospecha de asesinato”.

Recientemente, gracias a un amigo que me prestó un ejemplar muy maltrecho por el tiempo, he vuelto a leer los cuentos de “La vieja y el mar”: “Silvia”, “La abuela de la Caperucita”, “El secreto de la princesa”, “Hoja de álbum para Elisa”, “Los misterios de Teresa”, “Milo”, “La adolescencia del sapo”, “El jardín” y el que da título al libro.

Mis preferidos son “Silvia”, el de la mujer que era simultáneamente una anciana y una bella rubia de ojos verdes, y “Hoja de álbum para Elisa”, la historia de la mujer que alimentaba a las fieras del circo de su padre con los cadáveres de sus maridos. Pero puedo asegurarles que todos los cuentos me impresionaron tanto o más que cuando los leí por primera vez, hace muchos años.      

Permítanme de nuevo citar a Alberto Garrandés cuando asegura, a propósito de “La vieja y el mar”: “El libro de Évora Tamayo es tan insólito ayer como hoy, y su calidad cinematográfica, comprobable en algunos textos, arroja una luz que llega al presente y pone de relieve un imaginario que no cesa”.

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Luis Cino

Luis Cino Álvarez (La Habana, 1956). Trabajó como profesor de inglés, en la construcción y la agricultura. Se inició en la prensa independiente en 1998. Entre 2002 y la primavera de 2003 perteneció al consejo de redacción de la revista De Cuba. Fue subdirector de Primavera Digital. Colaborador habitual de CubaNet desde 2003. Reside en Arroyo Naranjo. Sueña con poder dedicarse por entero y libre a escribir narrativa. Le apasionan los buenos libros, el mar, el jazz y los blues.

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