La necesaria escuela privada en Cuba

La escuela privada acabaría con el avasallador e ideologizado monopolio estatal sobre la enseñanza.  
Antiguo colegio de los Hermanos Maristas en la ciudad de Ciego de Ávila
Antiguo colegio de los Hermanos Maristas en la ciudad de Ciego de Ávila (Foto: @miguelconde91 - X)

LA HABANA, Cuba ― Una pregunta ha estado presente últimamente cada vez que se analiza la actualidad cubana: ¿sería conveniente privatizar la enseñanza en el país? Nos parece que la respuesta, en general, debe ser positiva, aunque obviamente ello no signifique la eliminación de las escuelas públicas. Estas últimas, bajo la tutela del Estado, y con un nivel aceptable en la calidad de su docencia, deben quedar para aquellas familias que no puedan pagar las matrículas de sus niños y jóvenes.

Los cubanos tenemos un buen precedente en el funcionamiento de las escuelas privadas si miramos a lo acontecido durante el periodo republicano, cuando en todos los niveles de enseñanza, desde la primaria hasta la universidad, había escuelas de este tipo. Todo bajo el amparo del principio de la libertad de enseñanza, contenido en la Constitución de 1901 y ratificado en la Carta Magna de 1940.

El país contaba también con excelentes colegios religiosos, como El Apostolado, el Sagrado Corazón de Jesús, Nuestra Señora de la Caridad, el Santo Tomás de Aquino, el Angel de la Guarda, los Hermanos Maristas, las Escuelas Pَías, Belén y La Salle, entre otros, que garantizaban una óptima formación para sus alumnos. Hay que destacar, además, que hacia 1946 los Padres Agustinos  fundaron en Marianao la Universidad Católica de Santo Tomás de Villanueva, el segundo centro de educación superior del país después de la Universidad de La Habana. 

De acuerdo con datos recogidos del tomo X de la Historia de la Nación Cubana (La Habana, 1952), en 1949 había en la Isla un total de 245 escuelas católicas, mientras que funcionaban 580 escuelas primarias privadas, donde estudiaban 79.649 alumnos en 2.690 aulas. 

En cuanto a los requisitos que debían poseer las escuelas privadas, las leyes establecían que debían crearse en sitios con buenas condiciones de higiene que protegieran la salud de los estudiantes ―un requisito que era verificado periódicamente por inspectores debidamente habilitados al efecto―, y que los profesores que impartieran las asignaturas de Literatura, Historia, Geografía y Cívica debían ser cubanos por nacimiento, mientras que igual condición era exigida para los autores de los libros de texto de esas materias que se utilizaban en las clases, lo que garantizaba la formación patriótica de los educandos. 

El resurgimiento de la escuela privada en la Cuba de hoy sería, a no dudarlo, del agrado de buena parte de la sociedad cubana. El monopolio estatal en esta esfera impone una enseñanza sumamente ideologizada que marca el presente y el futuro de los estudiantes. El principio de “la universidad es solo para los revolucionarios” ―para hablar solo de la educación superior― obliga a los estudiantes a pertenecer a las Milicias de Tropas Territoriales (MTT), como parte de la concepción de “la guerra de todo el pueblo” esgrimida por Fidel Castro. Por otra parte, muchos de los estudiantes varones, al graduarse, deben prestar servicios en las Fuerzas Armadas

No podemos dejar de mencionar el daño al tejido ético de la nación por medio de la doble moral que practican la mayoría de los universitarios cubanos, los cuales tienen que simular un apoyo a las autoridades políticas del país para poder permanecer en las aulas universitarias. Hablando claro: las universidades cubanas en la actualidad, además de formar ingenieros y licenciados, son fábricas de personas con doble moral. 

En resumen, creemos que habría muchísimos cubanos que hoy pagarían de buera gana la educación de sus niños y jóvenes con tal de que sus hijos no tuvieran que repetir todas las mañanas esa frase obsoleta, machacona y desagradable: “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”.

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