LA HABANA, Cuba ― A partir de 1975, después de más de una década de gobierno castrista y tras un periodo en el que se implementaron varias estrategias de dirección de la economía ―en la que prevaleció el afán idealista del Che Guevara con su Sistema de Financiamiento Presupuestario―, los gobernantes cubanos decidieron institucionalizar la Isla al estilo soviético, y para ello adoptaron el sistema de Cálculo Económico como estrategia de dirección de la economía.
Durante esta etapa se aceptó la vigencia de la Ley del Valor en el socialismo, se permitieron las relaciones monetario-mercantiles entre las empresas, se autorizaron los mercados libres campesinos, se alentó la inversión extranjera en el país, se le dio prioridad al estímulo material y al pago de premios y primas a los trabajadores. También por estos años tuvo lugar una integración de la Isla al sistema de naciones que practicaban el llamado “socialismo real”. Cuba ingresó en el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME). Las relaciones con la Unión Soviética se basaban en precios preferenciales del azúcar cubano a su entrada en el CAME y precios inferiores a los del mercado mundial del combustible que Cuba importaba.
Hay que añadir que durante estos años de Cálculo Económico la figura del Che Guevara pasó a un segundo plano, y su prédica económica ―que tendía a la centralización y en contra del mercado, y era muy crítica con respecto a lo que sucedía en la Unión Soviética y el resto de los países de Europa oriental― fue calificada como un exceso de idealismo que debía ser eliminado.
Así funcionó la economía y la sociedad cubana hasta mediados de la década de los 80. Hacia el año 1986 el modelo de Cálculo Económico daba señales de agotamiento. Pero lo más importante, y a la vez preocupante para el castrismo, era que, desde Moscú comenzaban a soplar los aires de la Perestroika enarbolada por el gobernante Mijail Gorbachov.
Se iniciaba un momento crucial para el socialismo cubano y también para algunos de los países que, como Cuba, habían adaptado sus economías a los vaivenes provenientes de Moscú; para los que seguían, e incluso profundizaban sus mecanismos de mercado ―como a la postre hizo Vietnam con la política de Doi Moi―; o, por el contrario, para los que se alejaban del mercado y retrocedían a la centralización.
En ese punto, el castrismo proclamó la denominada Política de Eliminación de Errores y Tendencias Negativas, que significó una renuncia a las palancas del mercado del periodo anterior, y una asunción de la planificación centralizada como mecanismo principal de dirección de la economía.
Fueron eliminados los mercados libres campesinos, se reactivó la preponderancia del estímulo moral, y en toda la sociedad se hizo valedera la convicción de que el socialismo no se construía solamente con mecanismos económicos, sino que había que fortalecer el trabajo en la conciencia del hombre. Por supuesto que se retomó el legado del Che Guevara, y algunos de los libros dedicados al malogrado guerrillero se convirtieron en lectura obligada para los partidarios del régimen. Entre esos textos sobresalió El pensamiento económico del Che Guevara, de la autoría del académico oficialista Carlos Tablada.
Pero lo más significativo de este viraje castrista hacia el antimercado fue que no se hizo presionado por ninguna coyuntura económica. Se realizó porque ese sentimiento contrario a las relaciones de mercado eran ―y son todavía― la verdadera vocación de las autoridades cubanas.
En lo adelante cada vez que el castrismo ha retomado alguna de las palancas del mercado para aplicarlas en la economía, lo ha hecho forzado por las circunstancias, como sucedió, por ejemplo, en el llamado Periodo Especial, en los años 90 del siglo pasado.
La vida, una vez más, se ha encargado de evaluar cuál fue el camino que llevaba a mejor puerto. El Doi Moi vietnamita significó menos centralización y más mercado; mientras que la Política de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas de Cuba representó menos mercado y más centralización. Hoy Vietnam se encamina hacia el progreso económico, mientras que la economía cubana se aproxima al colapso.








