MIAMI, Estados Unidos ― El gobernador de Florida, Ron DeSantis, advirtió que su estado se prepara ante la posibilidad de una salida masiva de migrantes desde Cuba, en medio del agravamiento de la crisis económica y energética en la Isla y de nuevas protestas sociales registradas en los últimos días.
Durante una comparecencia en Bradenton, el pasado 19 de marzo, el mandatario republicano dijo que Florida no quiere “ver una armada masiva de personas llegando a las costas de los cayos” y aseguró que las autoridades están “trabajando en esas contingencias”.
“No sé qué va a pasar en Cuba; obviamente está en una situación en la que quizá pueda verse un cambio positivo”, dijo el gobernador floridano. A renglón seguido, vinculó esa incertidumbre con el riesgo de un nuevo éxodo por mar hacia el sur de Florida, una posibilidad especialmente sensible para ese estado por su cercanía con Cuba y por los antecedentes de crisis migratorias anteriores.
Sin embargo, el comunicado oficial emitido ese mismo día por la Oficina del Gobernador sobre el evento de Bradenton no recogió ninguna orden formal de despliegue preventivo vinculada a Cuba. La nota de prensa se limitó a informar sobre la firma de dos leyes para la protección de las costas de Florida y sobre planes para reabrir los muelles de pesca del Sunshine Skyway, sin mencionar a la Isla ni un operativo estatal específico por una posible ola migratoria.
La diferencia importa porque, cuando DeSantis sí dispuso públicamente un despliegue extraordinario por riesgo migratorio, su oficina lo anunció de forma explícita. El 13 de marzo de 2024, por ejemplo, el gobernador informó mediante un comunicado oficial que había ordenado el envío de más de 250 oficiales y soldados, además de medios aéreos y marítimos, al sur de Florida y los Cayos para enfrentar una posible llegada masiva de migrantes desde Haití.
La advertencia de DeSantis llegó después de varios episodios de tensión en Cuba. El 9 de marzo, tuvo lugar una inusual protesta de estudiantes de la Universidad de La Habana por las interrupciones docentes, los apagones y los problemas de conectividad. Cinco días más tarde, manifestantes atacaron la sede del Partido Comunista en Morón, Ciego de Ávila, tras protestas por los cortes eléctricos y la escasez de alimentos.
Ese mismo 19 de marzo, el jefe del Comando Sur de Estados Unidos, general Francis Donovan, declaró ante el Senado que el Departamento de Seguridad Nacional estaría al frente de cualquier evento de migración masiva desde Cuba, aunque dejó claro que las Fuerzas Armadas estadounidenses no se estaban preparando para una invasión de la Isla. Donovan añadió que Washington estaba listo para actuar si surgía una amenaza física contra la embajada de Estados Unidos en La Habana o contra la Base Naval de Guantánamo.
La preocupación oficial en Florida y Washington tiene además un precedente claro. Un informe de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno sobre la crisis migratoria cubana de 1994 recuerda que Estados Unidos revisó entonces su política ante el éxodo masivo de balseros y que aquel episodio dio paso a nuevos acuerdos migratorios con La Habana para canalizar la migración por vías “seguras, legales y ordenadas”.









