Cuba se muere de sed: barrios llevan meses sin una gota de agua

El agua se ha convertido en otro privilegio. Como los dólares, el dinero en efectivo, la gasolina, la electricidad, la comida y hasta morir dignamente.
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Una pipa de agua en La Habana. (Foto referencial: CubaNet)

LA HABANA.- Felicia vive en la barriada de Santos Suárez, en La Habana, y lleva tres meses sin ver caer una gota de agua potable en los depósitos de su vivienda. La última vez que tuvo ese “privilegio” fue a finales de abril, cuando entre los vecinos lograron reunir 15 mil pesos para pagar una pipa que les llenó la cisterna aunque, según sus propias palabras, fue “de algo turbio parecido al agua” que solo podía usar para lavar y limpiar pero no para beber ni cocinar. Por lo que lleva varios meses comprando el agua embotellada a precios exorbitantes que rondan entre los 100 y los 500 pesos el recipiente de 1,5 litros.

El agua de la pipa de abril, luego de mucho ahorrarla, les duró poco más de una semana, pero cuando a finales de mayo decidieron adquirir otra ya les fue imposible porque el precio había subido a 20 mil pesos. Esa es una cifra imposible de pagar por las ocho familias que viven en el edificio, la mayoría de trabajadores estatales con bajos salarios y ancianos que dependen de sus pensiones o remesas para sobrevivir.

“En mayo (la pipa) costaba 20 mil, ya ahora en agosto te cuesta entre 30 mil y 50 mil. Eso para mí y para todos los de este edificio es imposible. Ese dinero se nos va en comprar diariamente los pepinos de agua para tomar y cocinar”, nos dice Felicia verdaderamente angustiada, más cuando ella y su madre enferma dependen del bajísimo salario y la pensión que reciben ambas. Felicia, como escritora de guiones radiales; y la anciana, como jubilada del Ministerio de Educación.

En el mismo barrio hay casos peores que el de Felicia. Habitantes de casas y edificios que están en las zonas más altas de las calles Lacret y General Lee, dicen que no ven el agua corriente desde enero, aunque otros aseguran que fue en diciembre la última vez que bombearon para esas calles, y que después de eso solo han logrado sobrevivir comprando las pipas a 30 mil pesos o cargando el agua en carretillas y triciclos eléctricos desde lugares tan lejanos como San Miguel del Padrón, o La Palma, en Arroyo Naranjo, donde hay personas que reciben agua con más frecuencia o que han abierto pozos. Estos para recuperar la inversión, venden el agua a precios que oscilan entre 10 dólares por cubetas de 20 litros hasta 50 dólares por tanques de 55 galones.

“El agua se ha convertido en otro privilegio. Como los dólares, el dinero en efectivo, la gasolina, la electricidad, la comida y hasta morir dignamente”, protesta Lázaro, un médico que, como al resto de sus colegas, no le alcanza su salario mensual ni siquiera para calmar la sed.

“Cargo todos los días con garrafones para el hospital y los traigo por la tarde (con agua). Pero los días que no trabajo los paso apretado, y para no pagar un pepino de agua en 100 pesos ahorro la que tengo. Es decir, que estoy pasando sed, y además la poca que tomo es caliente, porque esta zona está en apagón casi todo el día. Me voy y regreso del hospital en apagón (…). A veces ni en el hospital (Clínico Quirúrgico de 10 de Octubre) hay agua, entonces tengo que salir a ver si alguien me regala o me vende un par de pepinos. (…) Hay días en que no me he podido bañar para ir a la consulta, que he tenido que lavarme un poco ahí, la boca, la cara, con medio pepino de agua, y días en que me he tenido que bañar en el hospital o en casa de un amigo porque no puedo hacerlo en la casa. Es desgastante y humillante, más cuando nadie nos da una explicación. No nos dan agua y ya. Tenemos que conformarnos con no saber por qué”, concluye Lázaro.

Las prioridades del agua

Desde conductoras en mal estado, sequía y problemas en las estaciones de bombeo por causa de los apagones van las explicaciones que los afectados han podido obtener de trabajadores de la empresa Aguas de La Habana y de funcionarios del gobierno municipal de 10 de Octubre, que además afirmaron estar al tanto del asunto y en busca de una solución pero sus declaraciones no han sido convincentes. Menos cuando no se trata de un problema tan reciente sino de una afectación que comenzó precisamente cuando se concluyeron los trabajos de ampliación y reparación de las conductoras que conectaban el oeste y sur de la capital, con la finalidad de abastecer las zonas turísticas del centro, y satisfacer las altas demandas de los nuevos hoteles inaugurados.

“Eso acabó con la estabilidad del abastecimiento en toda la ciudad, a pesar de que fue promovido por los medios como la solución al problema del abasto de agua. Se acabaron los ciclos que eran o diarios o de dos y tres día”, reconoce bajo condición de anonimato una funcionario del Instituto de Recursos Hidráulicos, que además afirma los reparos que tuvo el proyecto por parte de los especialistas, que advirtieron de las afectaciones a la población. No obstante, las obras se ejecutaron sin las debidas aprobaciones, en tanto era una demanda urgente de las hoteleras y del Grupo de Administración Empresarial de las FAR (GAESA).

“Ahora con los hoteles cerrados, como no hay combustible ni dinero para pagar esa agua, ni se bombea para esos circuitos de turismo ni se hace para los lugares donde la población está reclamando la regularización del servicio. Es como que se asume que la gente resuelve con las pipas y eso también se está convirtiendo en negocio no solo para los piperos sino para los funcionarios que sacan provecho de la situación”, nos dice la misma fuente.

El agua es un privilegio

A varios kilómetros del centro de la capital la situación empeora así como los precios de calmar la sed. En Barreras, un pueblito cercano a Guanabo, en Habana del Este, no ven el agua potable desde hace más de cinco años, quizás más. Hay vecinos que señalan que la causa es un desvío de las conductoras, que en vez de tributar al lugar y al propio poblado de Guanabo, desde hace años lo hacen ininterrumpidamente para la zona de Santa María del Mar, el hotel Mar Azul, además de a una decena de las llamadas “casas de protocolo” pertenecientes a las Fuerzas Armadas, el Comité Central del PCC y a una unidad militar enclavada en la zona.

Dos funcionarios del gobierno municipal de Habana del Este con los que pudimos conversar bajo condición de proteger su identidad, nos amplían la explicación, que confirma en parte lo anterior pero que agrega más detalles sobre la realidad de la carencia de agua potable en la zona.

Si bien es cierto que entre 2014 y 2018 empresas vinculadas a las Fuerzas Armadas (FAR) y no al Instituto de Recursos Hidráulicos realizaron un desvió de la conductora con el fin de privilegiar el área más turística de Santa María del Mar, también lo es que se decidió extenderla unos diez kilómetros al Este hasta la zona comprendida entre el Mirador de Guanabo y Playa Veneciana donde se proyectaba la construcción de un gran proyecto hotelero e inmobiliario donde antes hubo un centro recreativo de las FAR y un campo de entrenamiento militar, que es actualmente el mayor consumidor de agua en la zona, una vez que fue reactivado en sus actividades hace apenas un año y medio.

“No se consultó nada con el gobierno municipal. Llegaron los equipos y desviaron la conductora sin explicaciones”, advierte uno de los funcionarios entrevistados, y agrega: “Iban a construir un gran complejo de campos de golf y parques acuáticos en Playa Veneciana y hasta desactivaron el Centro de Entrenamiento para hacer casas y hoteles pero nada de eso se concluyó, ni siquiera se empezó nada. El agua que se bombeaba era para las casas de protocolo, aunque permanecían vacías casi todo el año. Hace un año y medio que reabrieron el Centro de Entrenamiento, que es el mayor consumidor del área, con más del 70 por ciento”, asegura el funcionario.

Mientras tanto, los habitantes del lugar intentan sobrevivir como pueden. Unos, los que más recursos tienen, han abierto pozos en los patios o cercanías de sus casas; otros, se conectan ilegalmente a la conductora o simplemente la perforan para servirse del agua que vierte e inunda las calles. Pagar una pipa es casi imposible. Como el poblado está muy cercano a la zona de playas, el precio se duplica con respecto a otros municipios de la capital.

“Aquí y en Guanabo una pipa puede costar hasta 60 y 70 mil pesos, y cuidado más, y no te sirve para llenar una piscina, porque es agua de presa”, explica uno de los residentes de la localidad: “los que se dedican a alquilar casas prefieren abrir un pozo. Es caro pero el gasto es de una sola vez. Los que no tenemos cómo resolver de una forma o de otra tenemos que inventar. No nos queda de otra”.

Si hay personas en Cuba que llevan más de cien días sin electricidad —según ha reconocido recientemente el propio régimen cubano en la Asamblea Nacional— y el promedio de tiempo en apagón en el país supera las veinte horas diarias, entonces se pudiera decir que, en comparación, el asunto de la generación eléctrica es mucho menos crítico que el abastecimiento de agua potable. Hay desde poblaciones al interior de la Isla, sobre todo en las regiones central y oriental, que llevan años sin el servicio, así como zonas y municipios enteros en el mismo centro de la capital que hace meses no saben lo que es ver salir el preciado líquido al abrir las llaves del baño o la cocina.

Mucho nos escandaliza por estos días el precio del litro de aceite en el mercado negro, que supera los cinco mil pesos, es decir, más de lo que cobra mensualmente como salario cualquier obrero, así como lo que cuesta en sobornos a los trabajadores de la empresa eléctrica mantener un circuito encendido cuando toca apagón —sobre los 200 dólares al mes— pero a la falta de agua y a los altos precios para conseguirla como que por lo general nos hemos adaptado mucho más que a las demás carencias y abusos, aún cuando, a diferencia de la luz y el aceite, el agua es indispensable para la vida.

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