En la historiografía de la música cubana han existido parejas artísticas que compartieron vida y escena, pero pocas vivieron una relación tan profunda y duradera como la de Celia Cruz y Pedro Knight. El destino los cruzó en los años cincuenta, cuando Celia se convirtió en la voz de la Sonora Matancera, la legendaria orquesta cubana, en la que Pedro había ingresado como segundo trompetista.
El primer encuentro ocurrió en los estudios de la estación de radio CMQ y la conexión entre ellos fue inmediata. Sin embargo, en varias entrevistas, la “Reina de la Salsa” confesaría que Pedro tenía fama de mujeriego, por lo que en un primer momento dudó de comenzar una relación que trascendiera los límites profesionales. “Cuando Pedro me estaba tirando el gancho, él se sentaba sobre su trompeta y venían un montón de muchachas a su alrededor. No se vayan a pensar que era suave y bajito de sal. Él está bueno ahora, pero cuando lo conocí estaba riquísimo”, bromeó Celia en una entrevista concedida por ambos al canal colombiano RCN.
Sin embargo, la insistencia de Knight logró finalmente conquistarla: “Dejé de ver a todas las mujeres: me olvidé de todas y cada una de ellas porque Celia era la mujer más especial del mundo”, confesó Pedro al Miami Herald en 2004 sobre los inicios de aquel romance. En otra oportunidad, Celia aseguró, con el humor que la caracterizaba: “Pedro me cayó tanto detrás que ya por cansancio me agarró. Han pasado 28 años que para mí parecen días. Siempre le hizo honor a su apellido, porque Knight significa caballero y él se ganó primero mi cariño como amigo”.
Tras salir de Cuba hacia México, gracias a un contrato de trabajo con la Sonora Matancera, la pareja se asentó en Estados Unidos, donde contrajeron nupcias el 14 de julio de 1962. El matrimonio halló en el exilio no solo su nuevo hogar, sino también la oportunidad de disparar el éxito de la Reina de la Salsa. A partir de entonces, Knight decidió dedicarse de lleno a la carrera de su esposa como su propio manager: organizaba sus giras, cuidaba cada detalle de su vida profesional y su papel trascendió lo administrativo, porque Pedro fue también su sostén emocional. “Cuando me casé con Pedro me sentí feliz, liberada. No sabía cocinar, él me enseñó”, confesó en la referida entrevista. Fue tan sólida su relación que Celia lo reconocería como su “ángel guardián” y lo nombraba cariñosamente como “Cabecita de Algodón” por su icónico cabello blanquecino.
En varias oportunidades, Celia llegó a asegurar que Pedro representaba el 50% de su carrera. “La mitad de Celia Cruz es él”, dijo en otra entrevista para el programa “En pareja” del año 1992. “Si algo tengo hoy, inclusive económicamente, aunque no me gusta hablar de eso, es por Pedro”, agregó. Sin embargo, con la humildad que lo caracterizaba, Knight siempre respondía que era ella la estrella indiscutible, y él solo un apoyo discreto. “Yo le digo que ella no necesita de mí. Eso se la ha ganado ella. Ha trabajado muy duro. Yo la he ayudado en parte, pero ese don se lo dio la naturaleza”.
A pesar de que el destino no les concedió hijos en común, el matrimonio de Celia y Pedro estuvo marcado por una complicidad y entrega mutua incondicional. Cuando recién cumplían 30 años de casados juntos Pedro refirió: “Ella es mi todo. Si yo me enfermo, ella se enferma también. Es como si fuéramos gemelos”.
Personas cercanas a su relación, como lo fue Omer Pardillo, representante de “La guarachera de Cuba”, refirió en una oportunidad que ambos se entendían sin hablarse: “Imagino que como toda pareja tienen que haber discutido, pero nunca lo hicieron delante de nadie. Celia decía que no le gustaba tener un problema con Pedro e irse a la cama sin arreglarlo. Eran el uno para el otro”. En otra entrevista publicada en años recientes en El estornudo describió: “puedo decir que eran dos cuerpos, pero una sola alma. Se adoraban”.
Pocas veces Celia subió a los escenarios sin hacerse acompañar por su compañero, durante las más de cuatro décadas que estuvieron juntos. Tras su fallecimiento a los 77 años, debido a un estado avanzado de cáncer cerebral, la salud de Pedro también comenzó a deteriorarse hasta su deceso en febrero de 2007. En aquel momento, muchos medios reportaron que los médicos habrían descrito que su fallecimiento se produjo debido a una combinación de presión arterial baja inducida por la diabetes y “un colapso emocional” por la pérdida de su eterno amor.
Tras la noticia, el reconocido productor Emilio Estefan dijo a la prensa que Pedro le habría confesado poco tiempo antes: ‘Yo quiero morirme para estar cerca de Celia’ y creo que al fin van a estar juntos los dos. Estamos perdiendo a un gran músico cubano, pero yo sé que él quería estar con ella y ella lo estaba esperando a él, así que esta noche en el cielo están celebrando”. Tal y como fue su voluntad, los restos de Celia y Pedro descansan uno al lado del otro en un mausoleo del cementerio de Woodlawn, Nueva York, como símbolo de una unión que ni siquiera la muerte pudo separar.








