PUERTO PADRE, Cuba – “Quinta columna” es una expresión a tener muy presente hoy en Cuba, no sólo por sus connotaciones en pro y en contra de la libertad, sino también porque vivimos los cubanos un panorama de peligro concreto, por supresión de las libertades individuales de las personas, ante una eventual confrontación como la ocurrida en Venezuela el pasado 3 de enero.
Un suceso como el recién ocurrido en Caracas, puede hacer que el régimen castrocomunista proceda perentoriamente como hizo en abril de 1961, cuando el desembarco de la Brigada 2506 por Bahía de Cochinos, esto es, la detención y reclusión en masa de los que ya tienen conceptuados como potencial “C/R” (contrarrevolucionario), lo que se produciría aún sin los consabidos amañados procesos judiciales, sino solamente haciendo prevalecer criterios políticos, policiales y sociopolíticos sobre las personas y que no sólo son periodistas y activistas abiertamente opositores, sino también de todos aquellos quienes delatados por sus vecinos, por sus opiniones políticas, religiosas, económicas o modo de vida, la policía política los considera “quinta columna”, entiéndase enemigos peligrosos en libertad en un estado de guerra.
El término “quinta columna” nos llega de la guerra civil española (1936-1939) y se atribuye al director general de Seguridad y más tarde jefe de la IV División sublevada, el general de origen cubano Emilio Mola Vidal, nacido en Placetas, hijo de una cubana casada con un militar español destacado en Cuba, Mola era sobrino del general del Ejercito Libertador Leoncio Vidal. Y, el origen de la voz “quinta columna”, tendría lugar cuando en un mensaje difundido por la radio, Mola Vidal dijo que además de las cuatro columnas que bajo su mando se dirigían a la capital española, ya en Madrid había una quinta columna de simpatizantes del golpe de Estado, trabajando clandestinamente para agilizar la victoria.
Se comprende entonces que según criterios de la Seguridad del Estado y del Partido Comunista de Cuba (PCC), por ejemplo, yo soy un “quintacolumnista”, un “enemigo del pueblo”, un “mal visto”, y así lo diría el por entonces primer secretario del PCC en Puerto Padre, Roy Molina Campos (que ahora vive en Estados Unidos), por lo que no es raro que desde hace años, yo soy vigilado, acosado y torturado por la policía política utilizando todos los métodos y medios posibles, (incluso a través de la música empleada cual ruido rencoroso y dañino a la salud, amplificada por un “cubanoamericano” hasta niveles insoportables con la complicidad de la fiscalía en Puerto Padre y de la Fiscalía General de la República) por escribir libros y artículos periodísticos que el régimen totalitario tacha de “contrarrevolucionarios”.
Pero, si, mucho antes de escuchar el ruido de los aviones estadounidenses en el cielo cubano, incluso, sin bombardeos, en Cuba y en el mundo nadie se sorprenda porque la policía política toca a la puerta y se lleva a un estadio deportivo o al barracón de un central azucarero ocioso, y allí los encierra, a quienes, a diferencia mía y de tantos otros que a riesgo de sus vidas ejercen sus derechos civiles, de un extremo a otro en este archipiélago-cárcel, pues, esos que no han escrito libros ni artículos periodísticos ni han levantado su voz en activismo político o manifestaciones públicas en contra del régimen totalitario, también son encerrados porque entre vecinos o entre grupos de amigos o gremiales infiltrados por chivatos, han mostrado su descontento potencialmente peligroso como para ser tachados como “quintacolumnistas”.
El mundo libre todo debe tener los ojos puestos en Cuba, porque de los acosos, (sin importar si las víctimas son diplomáticos, como Mike Hammer) las torturas blancas y las segregaciones, el régimen pasa a las detenciones y los procesos “judiciales” como los que están ocurriendo por estos días contra personas individuales, por ejercer sus derechos de libre expresión en las redes sociales, y, de ese estadio, pasa a la represión en masa, a los estadios donde en lugar de espectadores caben cientos, miles de personas encerradas, presas, por un peligro cierto o incierto, pero de riesgo potencial para la dictadura: la quinta columna.








