LIMA, Perú — La profunda crisis económica y social que atraviesa Cuba quedó retratada en el testimonio del antropólogo noruego Ståle Wig, quien tras pasar cerca de dos años en la Isla trabajando como taxista, describió la experiencia como una inmersión en un país marcado por la frustración, la vigilancia y la pérdida de esperanza colectiva.
En una entrevista publicada por Infobae a propósito de su libro Taxi Havana, el investigador relató el impacto que le dejó convivir de cerca con la realidad cotidiana de los cubanos.
“Salí con el corazón roto”, afirmó Wig, al resumir la sensación que le produjo observar el deterioro de las expectativas de cambio y la permanencia de una crisis que pareciera no tener salida.
El antropólogo llegó a Cuba en 2014, en medio del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana durante la administración de Barack Obama, un momento que generó fuertes expectativas tanto dentro como fuera de la Isla.
Sin embargo, esa ilusión inicial fue dando paso a una lectura mucho más crítica del país.
“En los últimos años se ha caído la máscara un poco aún más del régimen, sobre todo después del 11 de julio con las protestas populares. La desesperación que hay ahora es aún más fuerte que desde ese entonces. Eso eran, como digo yo, los años de la ilusión, que ese subtítulo tiene un doble sentido de ilusión en el sentido de esperanza y alegría, e ilusión de que era una cosa falsa”, resaltó.
Según Wig, la población cubana vive atrapada entre la precariedad material y una constante sensación de control.
“Empiezas a cuestionar un poco tu vida. Forma parte de la experiencia de vivir en un Estado autoritario”, señaló sobre el clima de vigilancia y desconfianza que, según describió, permea la vida diaria.
El libro recoge las conversaciones mantenidas con pasajeros mientras trabajaba como taxista en La Habana, una experiencia que le permitió acceder a testimonios directos sobre la escasez, el éxodo y la creciente desesperanza social.
“Cuba está viviendo la crisis más seria de toda su historia moderna. Es una crisis de todos los niveles. Es una crisis económica en la que el Estado está casi sin dinero, está casi sin ingresos. El cubano está pensando si se levanta por la mañana y no sabe si va a tener una cena. Hay una desesperación muy salvaje”, subrayó.
“Hay provincias que tienen más de veinte horas de apagón, escuelas que no tienen profesores y hospitales que no tienen médicos. La falta de petróleo, que es lo último que ha impulsado Estados Unidos, pero que también tiene una explicación estructural, interna, es la falta de petróleo que tiene el país. Pero también hay una crisis política y espiritual, en la que hay un pueblo que siente que el Gobierno ya no los representa, que no tienen casi nada ya de legitimidad”, agregó el joven noruego.
De acuerdo con el autor, muchos cubanos con los que habló veían frustradas las expectativas de mejora que se habían generado durante el llamado “deshielo” con Estados Unidos.
En ese sentido, Wig habló de una “traición a la esperanza”, aludiendo al contraste entre las promesas de apertura y la realidad actual de crisis prolongada.
Su relato se produce en un contexto especialmente crítico para la Isla, marcado por apagones prolongados, inflación, desabastecimiento de alimentos y medicamentos, así como un flujo migratorio sostenido.
El testimonio del investigador europeo pone el foco no solo en la precariedad económica, sino también en el desgaste emocional de una sociedad que ha visto frustradas, una y otra vez, sus expectativas de cambio bajo el yugo del régimen castrista.
“Cuba es de los pocos lugares del mundo todavía que puedes pasar un día yendo a un restaurante, tomando un taxi, yendo a un bar, y acostarte en la noche, y solo haber contactado con el Estado. Eso es muy raro. Hay restaurantes estatales. No hay propaganda comercial en la calle. Es todavía el museo de autos clásicos de aire libre más grande del mundo. Es un experimento histórico, político, cultural muy curioso que mezcla la Unión Soviética con el Caribe. Es un lugar en el que las relaciones sexuales parecen una guerra. Es un lugar en donde se sufre, pero se goza, como se dice. Tengo un amigo que siempre dice que el cubano es como el delfín que se ríe mientras tiene agua hasta aquí [se señala el cuello]. También es un lugar de una desesperanza espiritual muy profunda, en que el futuro se ha convertido en otro lugar. La meta principal del joven es marcharse, por la traición del poder hacia las nuevas generaciones”, destacó.
A través de la experiencia aparentemente cotidiana del taxi, Wig construye un retrato de la Cuba contemporánea donde, según su mirada, la crisis ha dejado de ser coyuntural para convertirse en un estado permanente.










