Como en otros momentos de su historia, la música cubana marchó en 2025 a contrapelo del estado general del país. Mientras la vida cotidiana se define por la erosión material y el desmantelamiento de los servicios básicos, la producción musical siguió mostrando una vitalidad difícil de explicar. No se trata de una épica del aguante ni de una excepción milagrosa, sino de un sistema creativo que, desde siempre, opera fuera de la lógica tradicional.
Lejos de anunciar una muerte cultural, 2025 mostró una escena fragmentada pero activa, donde conviven la timba, el jazz, el hip hop, el pop de autor y propuestas que se mueven al margen de cualquier lógica comercial dominante. El paso del año confirmó varias tendencias que ya venían tomando forma. Esta fractura ha terminado con el monopolio de la “cubanía”: hoy la diáspora no es un anexo nostálgico, sino un nodo de producción central donde Madrid, Miami, Ciudad de México y Nueva York operan con la misma legitimidad que La Habana. Bajo esa misma lógica de expansión, el reparto completó su mutación y dejó de ser una curiosidad de barrio para insertarse en el circuito global del pop urbano mediante una sofisticación formal que le permite circular en mercados internacionales.
La siguiente selección no pretende ser un catálogo exhaustivo; es, más bien, un registro de una música que, sin un centro claro, persiste en la búsqueda de riesgo y belleza mientras el entorno se desmorona.
1. Bingo – Alain Pérez
Alain Pérez sigue tensando la cuerda entre el virtuosismo del conservatorio y el ruido de la calle. En Bingo, mete soul y flamenco en una maquinaria de timba que no permite el descanso, y el disco, que suena a tres países, se siente como una cena familiar en la que su padre y su hermano firman las letras que anclan los arreglos masivos en algo íntimo. Alain logra aquí un raro equilibrio: música compleja que no estorba en la pista de baile.
2. Dame flores – Camila Guevara
El debut de Camila Guevara bajo Sony Music funciona como un corte generacional en donde honra su herencia sin quedar sepultada por su solemne gravedad. Producido por Javier Sampedro, el álbum se mueve con soltura entre el pop urbano y el rap, explorando territorios sonoros donde la pérdida familiar –palpable en Vida– convive con el desparpajo callejero de Cómo Arde. Guevara no hace concesiones a la nostalgia; transforma la experiencia privada en materia pop contemporánea con una factura técnica impecable.
3. La Fleur de Cayenne – Paquito D’Rivera y Madrid-New York Connection Band
Proyecto que cristaliza décadas de colaboración entre el saxofonista cubano y virtuosos músicos expatriado, asentados entre Madrid y Nueva York. Las composiciones recorren el son cubano, el joropo venezolano, la milonga argentina y la música clásica europea, con texturas que van de lo intimista a lo “brutal”, en palabras del propio D’Rivera. El título evoca el jardín de su padre en Cuba, pero el sonido describe un territorio creativo sin fronteras.
4. Mira como vengo – Issac Delgado
Issac Delgado regresa a los Estudios 18 de la EGREM para dejar claro que su “luz” sigue intacta. Entre colaboraciones con Alain Pérez y ritmos santiagueros, el disco transita por la timba y el bolero con la seguridad de quien no tiene nada que demostrar, solo la necesidad de mantener el oficio vivo.
5. First Meeting (Live at Dizzy’s Club) – Gonzalo Rubalcaba, Larry Grenadier, Eric Harland y Chris Potter
El álbum de seis canciones recoge un registro en vivo de 2022 y documenta una sesión de improvisación colectiva donde cada músico dialoga sin restricciones interpretativas, equilibrando escucha y exploración sonora. El repertorio, definido en un breve ensayo previo, incluye clásicos del jazz como 500 Miles High de Chick Corea y Con Alma de Dizzy Gillespie, junto a composiciones originales de Potter, Grenadier y Harland, y cierra con Santo Canto, pieza de Rubalcaba con reverberaciones de batá cubano. El proyecto surge de la visión del productor Jason Olaine, quien durante tres décadas buscó capturar la química entre Rubalcaba y los músicos norteamericanos en un formato de cuarteto.
6. El rey de La Habana – Wampi
Con 22 años, el álbum debut de Wampi (Dasiel Mustelier) bajo Virgin Music Group US Latin propone una expansión del reparto hacia territorios sonoros que incorporan salsa, R&B, funk afrocubano y referencias globales, sin abandonar la esencia del género. Las 13 canciones incluyen colaboraciones con Los Van Van, Cimafunk, Ibeyi, Leoni Torres, Adonis MC y Harryson, explorando texturas que rompen con la estructura convencional del reparto. Wampi busca “internacionalizar el reparto” mediante experimentación instrumental y diálogo con géneros como la timba y la rumba, apostando por un sonido que pueda circular en mercados globales sin perder su raíz.
7. Índole – Alex Cuba
El onceavo álbum de estudio de Alexis Puente (Alex Cuba) es un proyecto que explora la diáspora africana y su influencia en la música latina contemporánea. Con 12 canciones que transitan entre ritmos afrocubanos, vallenato, tropi-pop colombiano, jazz y elementos afroperuanos, el cantautor cubano-canadiense ejerció control creativo grabando y produciendo la mayoría de los instrumentos, sumando colaboraciones con Roberto Vizcaíno Jr., Bacilos, Chabuco y Cyrille Aimee. El álbum, dedicado a sus antepasados, oscila desde la explosión rítmica de Espíritu Temba hasta la contención de Palabras Vacías, demostrando que Alex Cuba no mezcla géneros, sino que hace arqueología personal con cada canción.
8. Igbó Alákọrin (The Singer’s Grove) Vol. III – David Virelles
Virelles ejecutó el experimento más radical del año al grabar piezas tradicionales de Santiago en cilindros de cera de Edison de 135 años. El piano suena envuelto en el siseo y la estática del material original; no es una pose nostálgica, sino una historiografía del ruido. Entre el Theatrical Cut de repertorio centenario y el Director’s Cut con sintetizadores, el disco funciona como una máquina del tiempo que falla a propósito para que entendamos cómo la tecnología dictó lo que hoy llamamos música popular.
9. Tributos: jazzeando a lo cubano – Los Hermanos Abreu
Diego Alejandro y Fabio Manuel Abreu debutaron en el Teatro Martí con una soltura que desafía su edad, amparados en un repertorio que lleva el stride piano y el swing al territorio del danzón y la timba. Hijos del percusionista Yaroldy Abreu, los hermanos dialogan con el legado de Bola de Nieve sin reverencias paralizantes. Si necesitábamos alguna prueba de que hay relevo en el jazz cubano, aquí está.
10. Ritual – Rita Donte
El debut de Rita Donte traza una línea recta de La Habana a Baja California. Es un disco de tránsito donde el guaguancó y el son se empapan de jazz y bossa nova absorbidos en México. Donte arma una colección de estampas que van desde la nostalgia de Habana hasta la crítica ácida de “Ten cuidao”, donde la diáspora funciona como punto de partida para la exploración creativa, conectando dos geografías a través de la experiencia del exilio.
11. Musas – TUMBAKIN
En sus ocho canciones, el nuevo proyecto de TUMBAKIN bajo el sello Olympo explora narrativas románticas y sensuales que evitan la estridencia gratuita para enfocarse en arreglos sofisticados y letras que no caen en el cliché del género tropical. Una producción que sitúa a TUMBAKIN dentro de la tradición de bandas cubanas que dialogan entre herencia musical e influencias contemporáneas, priorizando calidad de producción y profundidad emocional.
12. Aragón filarmónico – Orquesta Aragón y Filarmónica de Bogotá
Tuvieron que pasar 85 años para que la Aragón grabara su primer disco sinfónico. No es un experimento ornamental; aquí los arreglos integran la charanga con la filarmónica para que clásicos como El Paso de Encarnación respiren con nuevos colores. Grabado en el Teatro Mayor de Bogotá, el proyecto explora las afinidades musicales entre Cuba y Colombia en tradiciones rítmicas y narrativas.
13. Masters of Our Roots – Albita y Chucho Valdés
Producido por InnerCat Entertainment, reúne a la cantante Albita Rodríguez y al pianista Chucho Valdés en un proyecto que explora las raíces afrocubanas. Con canciones que transitan por la conga, el bolero, el son y otros ritmos de raigambre africana, el álbum recupera composiciones que privilegian el protagonismo del piano de Valdés con la voz de Albita, complementadas por secciones de metales y percusión.
14. Bésame mucho – Ronkalunga
Antes de dar el salto con Plus Media, Ronkalunga saldó cuentas con el bolero. No hay deconstrucciones ni sorpresas curatoriales, están todos los clásicos, desde Cómo fue hasta Los aretes de la luna. El disco evoca la estética de la vitrola, pero con una limpieza digital que le quita la distorsión de la época. Es un ejercicio vocal solvente, una actualización técnica para un cancionero que se niega a morir.
15. Nueva timba – Harold López-Nussa
Harold López-Nussa llevó la timba al catálogo de Blue Note con un híbrido grabado en el club parisino Le Duc des Lombards. El álbum está marcado por el exilio reciente y la pérdida, pero suena explosivo. Al mezclar elementos electrónicos con homenajes a Benny Moré y Lecuona, Harold reinventa la cubanía desde el piano. Es jazz de vanguardia que mantiene la clave y la potencia emocional de la isla.
16. Caché – Aymée Nuviola y Pete Perignon
Aymée Nuviola se unió al percusionista boricua Pete Perignon para hacer un disco que celebra la pista de baile. Caché equilibra la potencia de la Aymée con la elegancia del son y la pegada de la timba contemporánea. Temas como Tumba El Quinto demuestran que Nuviola puede estar en los escenarios más finos de Londres o Suiza y seguir manteniendo el sabor auténtico del barrio.
17. The Original Influencers: Dizzy, Chano & Chico (Live at Town Hall) – Arturo O’Farrill
O’Farrill evita el homenaje de museo y presenta el afro latin jazz como un organismo vivo. El disco integra la percusión de Pedrito Martínez y las voces de Daymé Arocena y Melvis Santa en una Big Band que suena a presente, mientras revive la Manteca Suite con arreglos contemporáneos.
18. Luciérnaga: crónicas de luz – Obsesión
Tras tres décadas, Obsesión sustituye los beats minimalistas por arreglos de cuerdas y metales. Magia López y El Tipo Este ofrecen crónicas sobre la identidad afrocubana y la vida cotidiana, priorizando el diálogo sobre la consigna. Es un rap que ilumina la realidad al margen del mercado dominante.
19. Havana – Maite Hontelé y Ramón Valle
Un encuentro espontáneo en La Habana se convirtió en este homenaje de cámara lanzado por IN+OUT Records. La trompetista neerlandesa Maite Hontelé y el pianista Ramón Valle reducen la escala al formato de dúo para ganar en profundidad melódica. El álbum evita el cliché turístico de la ciudad y se enfoca en la interacción directa entre el flugelhorn y el piano, moviéndose entre el jazz, lo clásico y la raíz afrocubana con una libertad envidiable.
20. Todo gira – Enid Rosales
Enid Rosales se toma la música para niños con una seriedad que ya querrían muchos discos de adultos. Todo gira utiliza el movimiento como eje conceptual –el planeta, el juego, la imaginación– y se apoya en colaboraciones de peso como Marta Gómez y Liuba María Hevia. Lejos del didactismo rígido, el álbum apuesta por el disfrute colectivo y reafirma una tradición de música infantil cubana que es contemporánea, exigente y sumamente cuidada.

