El cambio de año trajo la última escaramuza entre, de un lado, la burocracia cultural cubana –y, en particular, el Instituto Cubano de la Música (ICM)– y, del otro, la esfera de la creación y, específicamente, la gestión de espacios y eventos alternativos: este jueves 1 de enero, el reconocido músico X Alfonso salió al paso públicamente a lo que, desde su punto de vista, no es otra cosa que una “campaña oficial [que] intenta desacreditar”, mediante acusaciones de racismo, a la Fábrica de Arte Cuba (FAC), reducto habanero para el consumo artístico multidisciplinar que fundó y lidera desde hace años.
“Con más de medio siglo a cuestas no me vengan con cuentos ni con campañitas oficiales de discursos vacíos como el final de su nota, que reproduzco tal cual: «La Revolución y sus instituciones están y estarán siempre al servicio del pueblo y no permitirán que hechos como este queden impunes. Su profundo compromiso con la igualdad y la justicia social es inconmovible»”, escribió en redes sociales Alfonso, de 53 años. “Somos una espina en el zapato del Ministerio de Cultura desde julio de 2018. Cada semana es lidiar con absurdos, censuras y falta de diálogo, muchos artistas saben de lo que estoy hablando. No ha sido fácil ni lo será. Tienen el poder para cerrar físicamente este local, pero no podrán apagar lo que es este proyecto ni las voces de quienes estamos involucrados”.
Las palabras que el músico lee, casi inevitablemente, como una amenaza corresponden a la nota aparecida este miércoles 31 de diciembre en las redes del ICM luego de que un usuario nombrado Kevin Alejandro Bridón Mesa denunciara que, el pasado 26 de diciembre, les fue impedido el acceso a FAC a él y dos amigas –tras hacer la fila “como cualquier persona”, si bien allí, excepto ellos, “todos eran extranjeros o personas blancas”–, invocándose, sin más, el “derecho de admisión”.
En principio, al denunciante le quedó bastante claro el incidente: “lo que ocurrió esa noche demuestra cómo, incluso en espacios que se presentan como culturales y abiertos, se reproducen lógicas coloniales y racistas”, dijo. “Se privilegia al extranjero, se privilegia al blanco, y se margina al cubano negro”.
La denuncia fue compartida en redes –en particular, por algunas voces del activismo antirracista en la isla–, y naturalmente encendió la polémica en torno a una cuestión durante largo tiempo encubierta, sistemáticamente escamoteada, en el discurso sociopolítico cubano: el racismo nunca erradicado, sino latente y manifiesto en cada esfera de la realidad en el país.
“Me llega la información y automáticamente llamo al responsable para pedir una explicación. Me detalla lo ocurrido, obtengo el contacto de Kevin [Alejandro Bridón Mesa] y lo localizo. Lo primero que hice fue disculparme. Luego le expliqué: lo confundieron con una persona que ha estado cartereando al público asistente a FAC, y por precaución no lo dejaron entrar”, justificó X Alfonso en su post de este jueves. “Fatal la equivocación, fatal todo, todo mal, porque el muchacho pagó por una serie de eventos que hace años hemos vivido en FAC y lo lamentamos profundamente. Él entendió el malentendido y me habló le encanta la FAC cosa que le agradecí, y nuevamente me disculpé”.
A continuación, quiso aclarar que “el derecho de admisión en FAC se utiliza única y exclusivamente para evitar el acceso a personas con incidencias delictivas en el propio espacio, ya sea por robos, asedios, faltas de respeto al público o al personal, o cuando llegan en evidente estado de embriaguez o drogados, poniendo en riesgo la seguridad del resto”, y agregó: “Muchas veces estas personas se quedan fuera causando molestias al público, ofreciendo drogas o sexo. Lo hemos reportado repetidamente a las instituciones, que nunca han tomado cartas en el asunto, y nos toca lidiar con ello como si fuera «normal». De la puerta hacia afuera no tenemos potestad para enfrentar un fenómeno que no hemos creado”.
Por su parte, el ICM dijo que el miércoles en la mañana Osmani López, vicepresidente de la entidad, y Víctor Rodríguez, director del Centro Nacional de Música Popular, visitaron al “joven agraviado”, a quien habrían ratificado “la posición de la institución de tolerancia cero ante cualquier acto de discriminación y maltrato y argumentaron que no se trataba de una postura racista, sino de un acto arbitrario basado en el criterio personal de un empleado”.
Aun cuando el comunicado del ICM dice lo anterior, más adelante sostiene: “Al mismo tiempo, rechazamos la inaceptable, tibia y justificativa argumentación expresada por un miembro del equipo de FAC. Nuestro pueblo revolucionario ha dado sobradas pruebas de entereza, optimismo y solidaridad, que no deben ser manipulados en aras de minimizar un imperdonable error”.
Según X Alfonso –quien invocó su nacimiento en un barrio popular y racializado como Luyanó y, sobre todo, a su bisabuela “hija de esclavos–, el episodio inicial fue solo un “malentendido”, pero después sobrevinieron “la campaña oficial falsa de discriminación, los comentarios fascistas de perfiles sin foto, los que no saben qué es FAC ni han puesto un pie aquí pero gritan «¡Cierren FAC!», los buscadores de likes, los que publican titulares sin investigar, el mal periodismo, los censores del arte, los verdaderos racistas, los que niegan la libertad de expresión…”.
“Todos ellos han mostrado una vez más lo rota que está nuestra sociedad y el daño que le han hecho”, subrayó.” Y a los que se atrevieron a hablar mal de mis padres, les deseo lo peor”. (Sus progenitores son los también músicos Carlos Alfonso Valdés y Ele Valdés, fundadores del emblemático Grupo Síntesis, que fusionó el rock y los ritmos afrocubanos).
En efecto, la escritora y activista Yuliet Teresa, quien compartió en Facebook y ayudó a difundir la queja de Kevin Alejandro Bridón Mesa, señaló en otro post que “las agresiones dirigidas a la familia Alfonso evidencian también ese racismo implícito y ese odio contra quienes han intentado hacer algo distinto y relevante en el país. El linchamiento, la marginalización y la violencia simbólica no ayudan. Tampoco ayuda descalificar la denuncia ni reaccionar como fieras en defensa acrítica. Lo que sí ayuda es exigir respuestas desde la dignidad, comprender los contextos y no reproducir el mismo odio que se dice combatir”.
A manera de conclusión de la polémica, Yuliet Teresa no solo celebró las disculpas personales y públicas dirigidas al agraviado, sino que además quiso dejar claro que “hay racismo” en Cuba, como en otras partes, y que “el primer paso es reconocerlo: todas y todos somos, en distintos momentos, víctimas y reproductores. Ser negro o blanco no te exime de ejercer esa violencia racial. Todas y todos portamos sesgos discriminatorios. Nombrarlo no debilita: responsabiliza”.
Luego de que se considerara limitado su primer acercamiento público al asunto, la FAC se extendió el jueves 1 de enero en un comunicado que “rechaza categóricamente las acusaciones de supuesta discriminación difundidas por el Instituto Cubano de la Música, otras instituciones y medios oficiales”.
Y recalcó en términos similares a los de X Alfonso: “Estas afirmaciones son falsas, bochornosas y resultan especialmente dolorosas para un proyecto que, desde su fundación, se ha caracterizado por promover la inclusión, la diversidad y la unión a través del arte. Lamentamos profundamente que quienes suscriben ese comunicado difamatorio –los mismos funcionarios que en reiteradas ocasiones han intentado censurar nuestras propuestas– recurran ahora a este ataque mediático. FAC es un proyecto cultural independiente y autónomo, gestionado por artistas, que desde sus inicios ha sido un espacio alternativo de libertad creativa en Cuba. Al parecer, esto nos ha convertido en una «piedra en el zapato» para ciertos sectores institucionales que pretenden controlar la expresión cultural”.
En opinión de la musicógrafa cubana Rosa Marquetti, hemos asistido a una “burda campaña urdida contra X Alfonso y la Fábrica de Arte Cubano”, la cual, dijo, “amplificando un incidente perfectamente solucionable por su dirección, asumiendo en declaración pública palabras y gestos grandilocuentes de dudosa credibilidad, no hace más que agregar otra raya al tigre y mostrar que cualquier cosa es más importante, incluso la prefiguración de una vendetta tropical, que mostrarse con vocación de servicio a los creadores y artistas, como servidores públicos que deberían ser, como función esencial, y no otra”.
Hace solo unas pocas semanas, la propia Marquetti puso en solfa a la oficialidad cultural de la isla cuando el Centro Nacional de Música Popular, del ICM, decidió cancelar una función en homenaje a Celia Cruz, la Reina de la Salsa, que el grupo teatral el Público iba a realizar en la Nave 3 de la FAC.
Para la investigadora, se trató a todas luces de “un capítulo más a la historia de la censura y la aplicación de métodos de comisariado político dentro de la cultura cubana”.
“Llevan 60 años temiéndole a esa voz, temblando de miedo con solo pronunciar o escribir su nombre, aterrados de su extraordinario poder de convocatoria, sabiendo bien que su grito de «Azúcar!» y su alegría arrastran y convencen mucho más que la amargura y la negatividad kármica con que imponen órdenes, reparten manotazos y amenazan con lo único que tienen: la fuerza del poder fáctico”, escribió entonces Marquetti. “Llevan 60 años tratando de manchar –sin lograrlo– una de las trayectorias de vida más extraordinarias en el ámbito cultural en la defensa de una identidad, con un sentido de pertenencia a toda prueba”.
Ahora, sobre la gente detrás de la FAC y sobre ese emprendimiento cultural autodefinido como “gran laboratorio de creación interdisciplinario”, manifestó: “La obra construida por la familia Alfonso muestra una coherencia estremecedora en la defensa de nuestra ancestralidad africana y su reflejo en la música, sin duda uno de sus méritos mayores, junto al de haber creado un rock con sello de autenticidad, expresado precisamente, en la introducción y fusión de elementos yorubas, de inequívoca singularidad. FAC es probablemente el proyecto cultural inclusivo y diverso más exitoso, con una labor comunitaria sostenida y con numerosos reconocimientos internacionales que avalan su éxito y su pertinencia, incluso muy a pesar de las propias instituciones”.


“Songo le dio a Borondongo
Borondongo le dio a Bernabé
Bernabé le pegó a Muchilanga le echó a burundanga
Les hinchan los pies
Monina“. El rollo está de película, así que no vale la pena averiguar quién le dio a quién, porque como siempre que pasa lo mismo sucede igual, esta FAC, que solo conozco de oído, ha estado escribiendo fuera del guion y por ahí le entra el agua al coco y las semillas a la maraca. Por sospechas de que en esa fábrica el arte duda en ser un arma de la revolución, los vigilantes se la están poniendo en China y les hinchan los pies. Vaya, el cuento de la buena pipa tantas veces repetido. La Habana de Noche tiene muchos infantes difuntos.