Lines of Flight: una conversación con Gabriela Román González

La curadora cubana conversa sobre el programa artístico Lines of Flights, que coordina desde noviembre pasado y durante este año para el espacio CASA, en Londres.

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El pasado mes de noviembre de 2025 inició el programa artístico Lines of Flights, curado por la cubana Gabriela Román González para el espacio CASA. A lo largo del presente año, se desarrollarán distintos capítulos en Londres, los cuales aglutinan el trabajo de más de cuarenta artistas y creativos de Latinoamérica, el Caribe y sus diásporas. Un propósito se devela en todo ello, como bien lo reconoce su comisaria: “crear, exhibir y experimentar el arte sin apoyarse en verdades fijas o respuestas definitivas”.

Lines of Flights diagrama una propuesta en la cual se aglutinan algunas de las preocupaciones latentes en las prácticas artísticas con las cuales Gabriela Román ha trabajado en calidad de historiadora del arte y colaboradora asidua de artistas contemporáneos. El programa presenta un marco curatorial cuyo objetivo consiste en conectar poéticas diversas donde “lo procesual” y “la contradicción” son espacios fértiles para imaginar y pensar el presente.

Gabriela Román considera que las crisis y las rupturas son también un escenario propicio para generar nuevas oportunidades, es así como Lines of Flights lanza una interrogante: ¿Cómo curar el arte latinoamericano y caribeño desde Londres sin reducirlo a categorías fijas de identidad, origen o representación? Interesadas en el alcance de su propuesta, le preguntamos.

¿Cómo surgió la idea de realizar Lines of Flight? ¿Qué te motivó a realizar este programa?

Creo que responde a una inquietud muy concreta dentro de mi trabajo: cómo curar no solo propuestas artísticas, sino condiciones. Condiciones para que ciertas prácticas existan, se desarrollen, entren en relación con otras, pero también se tensionen.

Cuando estaba pensando qué proponer a CASA, eso se cruzó con un contexto muy específico. Me encontraba dándole vueltas a la polarización que atraviesa la política y la vida pública, y a cómo esto impacta el arte y las estructuras que lo sostienen. Algo que notaba es que cada vez cuesta más sostener distintas visiones, sensibilidades u opiniones en un mismo espacio; así como habitar lo contradictorio, lo ambiguo, o ideas que no se ubican tan fácilmente en una posición fija. Muchas experiencias se nos presentan cada vez más simplificadas, pensadas para ser entendidas o consumidas de inmediato.

Lines of Flight aparece como una forma de preguntarse: ¿cómo generamos espacios donde puedan convivir múltiples formas de ver, hacer y pensar, sin que tengan que resolverse en una sola visión?

Al mismo tiempo, había una condición muy concreta. CASA se sumaba como compañía asociada a Brixton House, lo que abría la posibilidad de trabajar en varios de sus espacios a lo largo del año. Eso me permitió pensar el programa como una estructura continua, donde se pudieran sostener procesos, relaciones y pensamiento en el tiempo, y donde el público tuviera múltiples puntos de entrada.

Por eso Lines of Flight toma la forma de capítulos que incluyen residencias, proyectos en desarrollo, activaciones en vivo y capas editoriales. Era importante alejarnos de una lógica más reactiva y abrir otros tiempos de relación.

En la nota de prensa que han hecho circular en los medios de prensa han declarado que las bases del programa se inspiran en el concepto de lines of flight de Deleuze y Guattari; lo cual nos hace pensar que las propuestas artísticas estarán encaminadas –de alguna forma– hacia la transgresión de identidades y de ciertos cánones establecidos. ¿Podrías hablarnos sobre cuáles son esas identidades y cánones que deben ser transgredidos?

Entiendo por qué la referencia a lines of flight puede leerse desde la transgresión, pero para mí no se trata tanto de romper con identidades o cánones específicos. Me interesa más pensar el concepto como la posibilidad de abrir otras rutas dentro de estructuras que ya existen.

En ese sentido, hay un interés claro en prácticas más híbridas, en trabajos que no se dejan encasillar fácilmente en disciplinas o categorías. Me interesa cómo esas prácticas nos invitan a reorganizar la mirada de formas menos lineales.

También hay un deseo de desplazar ciertas expectativas. Por ejemplo, la expectativa de que lo “latinoamericano” tenga una legibilidad cultural inmediata, o que deba presentarse a través de códigos reconocibles. En el contexto de CASA en Londres, esto a menudo se traduce en una expectativa de imágenes coloridas, cierta exotización, o narrativas recurrentes de trauma y migración. Yo quería que nos alejáramos un poco de eso, no para negarlo, sino para que no sea el único marco desde el cual se entiende el trabajo de los artistas.

Esa intención tomó forma en exposiciones como I’ve Grown Tired / I’ve Grown Hopeful, que reúne prácticas muy distintas y varias formas de aproximarse a las problemáticas de hoy, desde lo crítico, lo corporal o lo nostálgico, hasta la fabulación, la creación de mitos y una cierta insistencia en la esperanza. La experiencia migratoria o el cansancio pueden estar presentes, pero no agotan la lectura. También hay deseo, alegría, nuevos imaginarios y formas de fabular sobre otros mundos.

¿Cómo los eventos de Lines of Flight responden a las ideas de ruptura y desarticulación de esas estructuras preestablecidas y que se pretenden “inamovibles”?

Creo que esa idea se trabaja desde la manera en que están pensados los eventos. El programa funciona a partir de preguntas que abren procesos. ¿Cómo puede el arte hacernos percibir el mundo de otra manera? ¿Cómo puede una práctica artística mover o cuestionar las normas que organizan la vida cultural y social? Eso permite que cada proyecto se desarrolle sin tener que responder a una forma única o cerrada.

Vengo de años trabajando en contextos donde a veces la programación cultural se organiza en momentos puntuales, con poca continuidad entre procesos, artistas y públicos. Con Lines of Flight, me interesaba abrir más espacio para lo que está en desarrollo, es decir para el proceso y las relaciones que se producen alrededor de cada práctica.

Me viene a la mente Formula, la exploración y performance que Diasporas Now está desarrollando como colectivo residente dentro del programa. Desde nuestras primeras conversaciones, nos interesaba apoyarla no únicamente como una performance final, sino como un proceso que pudiera abrir otros momentos de exploración en torno a cómo se negocian las diferencias en un colectivo artístico y qué formas de autoría aparecen en ese proceso.

Creo que esta es una de las formas en que se produce esa desarticulación; en proponer otras condiciones de trabajo y de encuentro, donde las formas no están del todo fijadas desde el inicio.

El término de transnacionalidad ha estado al uso hace algún tiempo en los circuitos del arte, por lo que tal vez nos resulte reconocible. Sin embargo, creo necesario que especifiques, desde los estamentos, objetivos y acciones del programa, ¿cómo persigues su puesta en escena (curaduría y museografía) y cómo lo devela la práctica artística?

Esto se traduce en varias decisiones. Por ejemplo, no organizar el programa por geografías ni por categorías cerradas, sino por preguntas; o evitar una museografía que use el origen de las obras como clave principal de lectura.

Trabajamos con artistas cuyas prácticas ya están atravesadas por múltiples contextos, lenguajes y sistemas de referencia. Por eso pienso lo transnacional no solo como el hecho de moverse entre países, sino como una forma de pertenencia en tránsito. Algo que se construye entre memorias, cuerpos, lenguas, afectos y relaciones.

Pienso de nuevo en I’ve Grown Tired / I’ve Gown Hopeful, donde esa transnacionalidad aparece menos como tema explícito y más como una condición que atraviesa las obras: en sus materiales, en sus imaginarios, en las formas de narrar, recordar, fabular o habitar una experiencia entre lugares.

Es reconocida la labor que mantiene CASA en lo relativo a brindar espacio al arte latinoamericano en el contexto londinense desde su fundación en 2007. ¿Cómo crees que Lines of Flight se inserta en esta misión?

Creo que Lines of Flight se inserta en la misión de CASA de una forma bastante natural. Continúa ese trabajo de acompañar prácticas latinoamericanas en el contexto londinense, incorporando además de forma más intencionada el Caribe hispánico y sus diásporas, y las conexiones entre estos territorios.

Y lo hace desde una estructura que permite más tiempo, más relación y más posibilidad de diálogo con públicos y comunidades, donde esas prácticas pueden desplegarse sin tener que simplificarse para ser comprendidas.

¿Pretendes alguna renovación en la formulación de sus objetivos? ¿Cómo?

No, no lo pensaría como una renovación en la formulación de sus objetivos. Creo que CASA tiene una base clara y sólida. Lo que sí cambia es la forma en que nos acercamos a esos objetivos, es decir, el contexto cultural, las comunidades, los artistas y las preguntas del presente se han ido transformando, y eso pide seguir afinando los modos de programar, acompañar prácticas y crear vínculos dentro del ecosistema cultural en el que estamos ahora.

¿Cuál ha sido el método de selección de artistas?

El método ha dependido de cada capa del programa. Lines of Flight reúne exposiciones, residencias, performance, teatro, danza, talleres y una dimensión editorial, entonces ha habido varios métodos de selección. Hemos trabajado con invitaciones directas, convocatorias abiertas y colaboraciones con organizaciones aliadas que también participan en la identificación o selección de artistas.

Lo que sí ha sido constante es el criterio curatorial. Trabajar con prácticas latinoamericanas, caribeñas y de sus diásporas que dialoguen con las preguntas del programa; prácticas que invitan a percibir el mundo más allá de lo visual, o que preguntan qué se muestra, qué se oculta, y qué formas de poder o cuidado aparecen en ese gesto.

Como y curadora y estratega cultural (cubana, independiente y residente fuera de la isla), con un recorrido nada desestimable tanto en Cuba como fuera de ella, ¿cómo crees que este proyecto se integra en todo tu trabajo? ¿Cómo tu origen y formación han influido en toda la concepción de este programa?

Creo que Lines of Flight se integra de una forma bastante orgánica en todo lo que he venido haciendo, aunque quizás ahora lo veo con más claridad. Muchas de las preguntas del programa, cómo sostener lo contradictorio, cómo crear desde el desplazamiento, cómo abrir espacios para prácticas que no encajan fácilmente en una sola categoría, atraviesan mi trabajo desde hace años.

Nunca me ha interesado la curaduría como afirmación, sino como un marco para cuestionar certezas y dar cabida a otras formas de conocimiento.

Me formé como historiadora del arte, pero mi trayectoria ha sido poco lineal. He trabajado entre instituciones, plataformas independientes, programas públicos y proyectos editoriales, y eso me ha llevado a entender la curaduría no sólo como exposición, sino como negociación, pedagogía e infraestructura.

Mi formación en Cuba fue fundamental en ese sentido. Aprendí haciendo: escribiendo, produciendo, montando exposiciones y trabajando con artistas en contextos muy inestables. Eso te da una relación muy concreta con la creación. Entiendes que una práctica no existe solo por la obra final, sino por todas las condiciones materiales, afectivas, políticas y simbólicas que la hacen posible.

También creo que venir de Cuba, y luego construir una vida y una práctica fuera de la isla, me hizo muy sensible a la idea de habitar varias verdades a la vez. A no pensar la pertenencia como algo fijo, ni la identidad como una respuesta cerrada. Hay algo de esa experiencia de traducción constante, de adaptación, de distancia, pero también de insistencia que está muy presente en Lines of Flight.

De alguna manera, el programa recoge muchas intuiciones que ya estaban en otros proyectos míos, entre ellos, el interés por la deriva, por el error, por los formatos que se desarrollan en el tiempo, pero aquí aparecen con otra escala, dentro de una estructura más amplia.

FLAVIA VALLADARES MÁS y NAYR LÓPEZ GARCÍA
FLAVIA VALLADARES MÁS y NAYR LÓPEZ GARCÍA
La historiadora del arte y curadora Flavia Valladares Más (Cienfuegos, 1994), es profesora en la Universidad La Habana; mientras que la crítico y comisaria de arte Nayr López García (La Habana, 1996) curó recientemente Dos de espadas, bipersonal de los pintores Maikel Sotomayor y Richard Somonte, en Madrid.

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