La dramaturga y actriz catalana Gemma Brió pasó por Nueva York para asistir al estreno de su obra Liberto, presentada por la Compañía AENY Spanish Artists in NYen el Theater for the New City, entre el 14 de febrero y el 1 de marzo, bajo la dirección de Ignacio García-Bustelo e interpretada por Christy Escobar, Gabriela García y Mireia Clua. Una obra muy personal, donde la alegría del embarazo, las dificultades del parto, y el nacimiento de un hijo con graves problemas congénitos motorizaron la acción, llevando al espectador a reflexionar acerca de la existencia en condiciones de extrema precariedad, y las dolorosas decisiones que los padres deben tomar para acabar con el sufrimiento de un ser querido, con todo lo que ello significa.
Recuerdo que nos conocimos en Nueva York en un evento de la revista Viceversa, dirigida por la periodista ítalo-venezolana Mariza Bafile.
Fue en el 2018, y vine porque precisamente se hizo una lectura dramatizada de esta obra en el Instituto Cervantes, por la misma compañía que la ha montado ahora.
Y luego publicamos una escena en Enclave, la revista que codirijo desde el Graduate Center de CUNY. ¿Fue esta tu primera obra?
Empecé con esta por necesidad y porque tenía ganas de explicar esta historia. Con la compañía Les Llibertàries con que montamos Liberto en Cataluña y en Madrid, hemos hecho otras obras que no son totalmente escritas por mí, sino en colaboración o son adaptaciones de textos literarios. Tengo también un par de obras cortas, El círculo, presentada en el Torneo de Dramaturgia de Cataluña en el 2015; y el monólogo Welcome Refugies para un espectáculo del Teatre Lliure de Barcelona, realizado en apoyo a los refugiados y a la asociación Open Arms, que está salvando a los inmigrantes que cruzan el Mediterráneo y muchas veces se ahogan. El título es en inglés, pero el texto lo escribí en catalán.
¿Liberto es la primera obra tuya que se traduce al inglés?
Sí. La obra ganó un premio de traducción de la Sala Beckett de Barcelona, y la realizó Sharon Feldman, hace varios años. De hecho, la lectura del Instituto Cervantes se hizo con esta traducción.
¿Qué te llevó a escribirla?
La obra está basada en mi historia, la de mi hijo y la de mi familia, y la escribí pensando en que la iba a dirigir mi pareja, el actor y director teatral Norbert Martínez. Mientras la escribía conversaba con él para ver cómo se llevaría a la escena. Aunque se basa en una experiencia personal, nos dimos cuenta de que partíamos de un hecho particular, pero que en realidad nos íbamos a lo universal. No queríamos contar nuestra historia como una anécdota o como una curiosidad trágica; lo que queríamos era que eso representara algo más grande, y que hablara de cosas que daba igual si habían pasado o no; que tocara temas universales y pudiera llegar al público en general.
¿Cómo fue su recepción en Cataluña?
La obra tuvo una acogida muy buena. Se estrenó en 2013 en Almería Teatro, en el barrio de Gracia, un pequeño teatro que ya no existe. Íbamos a estar tres semanas, que es poco para Barcelona, pues no sabíamos cómo iba a funcionar. La verdad es que hubo un lleno total y mucha gente se quedó afuera. En 2014, dentro de la misma temporada, nos propusieron montarla dentro de la Biblioteca de Cataluña, en un espacio donde habitualmente se hace teatro, y ahí estuvimos tres semanas más, con mucho éxito también. La obra fue un poco pionera del llamado teatro de autoficción, aunque no me acaba de convencer la palabra pues, como te decía, el que se halle basada en hechos reales o no, no cambia mucho. Porque si me lo hubiera inventado todo, al fin y al cabo, hubiera hablado de los mismos temas. Y para mí eso es lo importante.
¿Obtuvo algunos reconocimientos?
Ganamos los Premios Butaca, que son los premios del teatro en Cataluña, a mejor texto, y mejor espectáculo de pequeño formato. Yo estuve nominada también como mejor actriz; y en los premios MAX, los premios de teatro más importantes en España, como mejor autoría revelación y espectáculo revelación. Y luego nos dieron el Premio Serra D’Or de Teatro.
Así que no solo escribiste la obra, sino que la protagonizaste.
La idea desde el inicio era esa. Escribir una obra para mí y para mi amiga. Mi personaje, que soy yo, aunque también hay un poco de ficción, la amiga que la apoya y le ayuda a explicar la historia, y un tercer personaje que sería la música en general personificada en una cantante. Yo quería contar esta historia con humor, tragedia y muchos recursos teatrales. Al final no fue mi amiga real quien hizo el papel porque no pudo, pero fue otra amiga. Además, ocurre que aquí, como en otros sitios, es complicada la vida de actriz y es difícil tener trabajo siempre, por lo cual escribirse tus propias cosas está bien pues te das trabajo a ti misma.
¿El papel lo has hecho siempre tú, o ha habido otras actrices que lo hayan interpretado?
En Barcelona y en Madrid la protagonicé yo misma, pero en Galicia se hizo un montaje diferente, en gallego. Tamara Canosa y María Vázquez, dos actrices gallegas maravillosas, me pidieron los derechos para traducirla y montarla en La Coruña. Y luego vinieron el montaje de Nueva York y el montaje de Montreal, en francés, que se estrenó el año pasado. La traducción al castellano la hizo Jordi Casellas, quien es un compañero con el cual estudié dramaturgia en la Sala Beckett; hicimos un trabajo bastante en conjunto, pero me parecía bien que la tradujera una persona que no fuera yo, porque así le daba también otra visión. En francés, la compañía de Montreal Quitte ou Double me la pidió para traducirla y montarla.
¿Fue diferente la mirada sobre la obra en Montreal y en Nueva York?
Esto es lo que más curiosidad me daba porque hay algunas cosas que son muy locales. En Nueva York se buscaron personajes y paralelismos que dieran la misma sensación; que explicaran lo mismo y que se entendieran igual, pero en otro contexto. Y esa era mi curiosidad y mi duda, si se mantendría el sentido del personaje al cambiar la localización. Y la verdad es que sí se logró. Yo estaba siempre atenta al humor, porque el humor en mi caso es muy local, pero la verdad es que con las traducciones se logró llegar al mismo sitio. Me hizo muy feliz darme cuenta de que el público se reía en los mismos puntos, y que conseguimos traspasar fronteras con el humor.
¿Ahora tienes más compromisos con esta obra?
He pasado página de este proyecto. Pero digamos que el proyecto ya va solo, tiene vida propia. A veces hay gente que la busca. De hecho, el montaje de Nueva York se logró, pues esta Compañía vio una reseña de la obra en Madrid hecha por algún crítico norteamericano. La obra está en Catalan Drama, una página web de la Sala Beckett donde se suben las traducciones de obras catalanas.
Tú eres conocida especialmente por tu trabajo como actriz. Háblame un poco de esa faceta profesional tuya.
Aunque he hecho mucho teatro en Barcelona, quizás soy más conocida por hacer televisión. Fui una de las protagonistas de Poble Nou la primera teleserie diaria en TV3 a principios de los noventa, que tuvo mucho éxito pues entonces no había mucha oferta y tuvo una audiencia que hoy en día no se puede ni imaginar. La traducción al castellano para todo el país se hizo en Antena 3, y se llamó Los mejores años. Antes había actuado en una película que fue realmente mi debut, La febre d’Or (1992), basada en la novela de Narcís Oller sobre Barcelona a principios del siglo XX. Se hizo primero como una miniserie para el cine y a partir de allí se realizó la película. Pero después de eso he participado en otras miniseries y películas en Cataluña y en Madrid.
¿Has tenido algún contacto profesional con Latinoamérica?
Todavía no, pero me encantaría. Hay poca relación, pero lo mismo pasa entre Barcelona y Madrid, sobre todo en teatro. Si haces teatro en Cataluña te sueles quedar en Cataluña, puedes ir a hacer una película o una serie a Madrid, pero a Latinoamérica no es tan habitual. Ojalá hubiera más conexión intercontinental. Hay alguna obra que se ha montado allí, pero tienen que ser obras con un presupuesto bajo, porque transportar toda una escenografía es carísimo. Si no, lo que se hace a veces es volverla a construir en el país donde vayas, pero esto también puede resultar muy caro.
Para las nuevas generaciones de actores, ¿cómo ves las posibilidades de trabajo?
En Cataluña el teatro siempre ha sido muy pionero y adelantado a su tiempo. Están creándose nuevas compañías de gente joven con mucha energía y temáticas muy nuevas. Lo que pasa es que quizás habría que dar más oportunidad a esta generación. Como pasa en muchos campos hay un tapón generacional. En mi generación empezamos a dirigir y actuar muy jóvenes y tal vez deberíamos compartir más el trabajo con quienes ahora empiezan. Siempre hay un punto donde una tendencia envejece, pero sin embargo no deja entrar a la siguiente. Siento que deberíamos abrirnos más a todo ese cambio.
Aunque tampoco es fácil actuar de manera continuada, independientemente de la brecha generacional.
Como te comentaba, es difícil trabajar como actor o actriz en España, especialmente como actriz, pues hay muchas más actrices que trabajo. De hecho, podríamos decir que hay cuatro veces menos actores que actrices, y cuatro veces más personajes masculinos que femeninos. Además, como ocurre en otros lugares, las mujeres a partir de una cierta edad se quedan sin buenos papeles.
En cuanto a los proyectos que vienen. ¿Estás trabajando ahora en alguno nuevo?
Ahora estoy trabajando como actriz para un proyecto en institutos de enseñanza. Es una obra de teatro sobre filosofía. Los institutos que hacen filosofía en bachillerato vienen a vernos y luego hacemos un coloquio con ellos. En el currículum de filosofía en España, por fin se ha introducido a una filósofa, Martha Nussbaum; y a partir de esta anécdota, el dramaturgo Adrià Casas escribió una obra, El somni Paradoxal, en la cual Nussbaum, que supuestamente soy yo, se encuentra con John Locke, a quien justamente se ha dejado de estudiar en los institutos para darle paso a Martha Nussbaum. Es una obra divertida y tiene el interés de que luego hablamos con los alumnos y compartimos ideas. Es lo que te decía antes de compartir ideas con gente joven, porque refresca y está bien que ellos sepan nuestra versión de las cosas y nosotros la suya, para que podamos intercambiar ideas. En Barcelona estuvimos en el teatro SAT, y ahora estamos haciendo gira y vamos por las ciudades, o pueblos que tienen teatro, y allí vienen los institutos a verla.
Me parece una idea muy interesante, sobre todo porque está dedicada a la enseñanza. ¿Te has dedicado alguna vez a ello?
Hasta ahora no. En esta obra estoy solo como actriz y no he hecho la dramaturgia ni formo parte de la compañía Teatre i Literatura que la produce. No doy clases, pero hago de actriz en las clases de dirección de actores de la ESCAC, una escuela muy prestigiosa de Cataluña, de donde han salido algunos directores bastante reconocidos. Allí los alumnos que aprenden a dirigir nos dirigen a nosotros. Y si están en la clase de guion, practican con nosotros para ver cómo va a funcionar luego este.
¿Tienes algún proyecto de escribir teatro en el futuro?
Estoy empezando a recopilar información para escribir una historia que tengo en mente, pero estoy muy al inicio. Sería para hacer también con Norbert Martínez de director, la escribo yo y vamos a empezar a reunirnos para hablar de hacia dónde tiene que ir este nuevo proyecto.


