Qué busca realmente el régimen cubano con drones militares de Rusia e Irán

Son drones los de ahora solo porque no han podido aspirar a más, y porque sus aliados no se han arriesgado a cruzar la línea.
Jerarcas del régimen cubano
Jerarcas del régimen cubano (Foto tomada de la cuenta en X @DiazCanelB)

LA HABANA-.Que Cuba haya adquirido 300 drones militares, nada más y nada menos que de Rusia e Irán, y que además la Cancillería y las Fuerzas Armadas del régimen, frente al impacto de la información, esgriman el derecho a defenderse, pero no nieguen que sea verdad lo revelado por Axios, eleva la temperatura a un nivel peligroso, en tanto de nada les valdría —aceptando como cierto el contenido de la nota oficial de Granma de hace unos días— haber demostrado ante el director de la CIA que no son un peligro para los Estados Unidos, o que no albergan bases de espionaje extranjeras.

Ahora, con tal revelación, sería más difícil de creer lo que juraron, así como más comprensible que hayan encargado una misa en el Vaticano, puesto que la situación se torna más alarmante para el régimen cuando a la nefasta ecuación se suman otras malas noticias. Noticias que son más terribles que apagones por falta de combustibles y protestas populares estallando por todas partes, como la ruptura del negocio del níquel con los canadienses en Moa, la paralización de más de la mitad del tráfico marítimo que aún existía con destino a la Isla y la probable acusación formal contra Raúl Castro por su responsabilidad directa en el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, una acción de uso desproporcionado de la fuerza militar contra una acción pacífica, que nos advierte de la verdadera naturaleza criminal de la dictadura y cuáles límites está dispuesta a sobrepasar por sus “instintos de conservación”.

Puesto que los drones no comenzaron a llegar a la Isla a raíz de lo sucedido en Venezuela o Irán, ni posterior a las declaraciones de Donald Trump sobre tomar Cuba o plantar un portaaviones en las cercanías —lo que justificaría la adquisición como estrategia defensiva—, sino que probablemente las primeras entregas se remontan a 2023, cuando, aún sin señales de lo que emprendería Washington entre finales de 2025 e inicios de 2026, en el discurso del régimen, como es fácilmente verificable en la prensa oficialista, se reiteraba la disposición de apoyar con tropas y armamento al chavismo en caso de un conflicto con los Estados Unidos.

En tal sentido, la muerte de una treintena de militares cubanos durante la extracción de Nicolás Maduro es prueba de que los jefazos del castrismo estaban dispuestos a reproducir en Venezuela la estupidez que alguna vez hicieron en Angola, igualmente con el apoyo de Moscú.

A ese nivel los condujo la imprudencia, quizás midiendo la tolerancia del vecino ante lo que fueron abiertas provocaciones, incluida la visita de un submarino nuclear en junio de 2024 y el arribo de varios buques de la armada rusa durante todo ese año y la primera mitad de 2025, en que se hicieron intensos los mensajes subliminales sobre la alta probabilidad de que Moscú se involucrara en un episodio militar en la “zona de paz” del Caribe que tuviera a Castro o a Maduro como protagonistas.

Fue por esas fechas, entre 2023 y 2025, cuando los militares cubanos, exhibiendo sus actividades con inusual cobertura de prensa, más alardearon de sus acuerdos militares con Rusia, Bielorrusia, así como de sus afinidades con los iraníes. De modo que los drones no habrían llegado por un asunto coyuntural —como sería prepararse para una “toma de Cuba” similar a la de Venezuela— sino como parte de una maniobra militar de articulación, por lo menos, con Caracas, y que pasaría por el apoyo logístico de Moscú y Teherán.

Ahora estamos hablando de drones, pero solo porque hasta ahí ha hurgado la inteligencia y, además, porque los tiempos han cambiado tanto que ya no es posible volver a hablar de misiles nucleares como en la crisis de los años 60, cuando la locura de Fidel Castro, su odio visceral contra lo que sí representa Estados Unidos para el equilibrio del mundo, casi coloca a la humanidad al borde de la extinción.

Son drones los de ahora solo porque no han podido aspirar a más, y porque sus aliados no se han arriesgado a cruzar la línea. Pero bastaría con que algún loco con dinero y mucha imprudencia les siguiera el juego para que los artífices de la “continuidad”, representada por la ortodoxia recalcitrante del Partido Comunista, que lucra con la miseria del pueblo cubano, decidieran retornar a los que consideran sus “tiempos de gloria”.

Hay que tener claro con qué fin los pusieron aquí, en un momento en que Nicolás Maduro, igual de imprudente, incluso prometió que la respuesta militar de Venezuela habría de ser tan “contundente” que sería el final de los Estados Unidos. Sin dudas, confiado en lo mismo en que confiaba el castrismo cuando los rusos plantaron el submarino en la bahía de La Habana, y cuando Irán les parecía una buena sombra donde echarse a dormir. De modo que, si hay drones, no debería haber perdones.

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