MIAMI, Estados Unidos ― Luis Gutiérrez Areces, el cubano que en 1961 trasladó desde la Isla hasta Miami la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre que preside la Ermita de la Caridad, falleció este martes a los 89 años, informó el propio santuario.
“Con profundo pesar, pero sostenidos por la esperanza de la Resurrección, informamos que hoy ha partido a la Casa del Padre Luis Gutiérrez Areces”, comunicó la institución religiosa, que lo calificó como una “figura imprescindible” en la historia del Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad y un “entrañable amigo” de la comunidad católica cubana en el exilio.
Gutiérrez Areces tenía 24 años cuando llegó a Estados Unidos el 8 de septiembre de 1961 con la réplica de la Patrona de Cuba oculta dentro de una maleta. Llevaba seis meses asilado en la Embajada de Panamá en La Habana y había recibido apenas dos días antes el salvoconducto que le permitió abandonar el país.
Elvira Jované de Zayas, encargada de Negocios de Panamá en Cuba, le entregó la imagen en la pista del aeropuerto antes de que abordara un avión de Pan American con destino a Miami. La escultura viajaba dentro de una maleta de lona azul, mientras que sus rayos de madera fueron transportados en un paquete separado.
“La embajadora me pidió traer la imagen de la Virgen y yo le dije ‘Sí’. Ella puso en mis manos una maleta donde había escondido la imagen”, relató Gutiérrez Areces décadas después a Martí Noticias. Sobre el riesgo de que las autoridades se la confiscaran, aseguró: “A mí tenían que matarme para quitármela”.
La imagen había sido encargada en 1947 por el sacerdote Armando Jiménez-Rebollar, párroco de Guanabo y Campo Florido, a un ebanista y escultor para que reprodujera la que se conserva en la Basílica Santuario Nacional de El Cobre, en Santiago de Cuba. Cuando Jiménez-Rebollar ya estaba exiliado, pidió que la réplica fuera sacada de la Isla: su hermana la llevó primero a la Embajada de Italia y posteriormente quedó bajo la custodia de Jované de Zayas.
Al aterrizar en Miami, Gutiérrez Areces fue recibido por sus padres y su esposa, quienes le comunicaron que había nacido su hija. La familia se dirigió a la iglesia de Saint Patrick, en Miami Beach, para celebrar el bautizo de la niña. Tras la ceremonia, el recién llegado consiguió contactar al hijo del empresario cubano Amadeo Barletta, quien recogió la imagen para trasladarla a la celebración prevista esa noche.
La Virgen fue presentada horas después durante una misa multitudinaria en el antiguo Miami Stadium —también conocido como Estadio Bobby Maduro—, ante más de 30.000 cubanos. La imagen recorrió los terrenos del estadio mientras los asistentes gritaban “¡Viva la Virgen de la Caridad!”, “¡Viva Cuba libre!” y “¡Abajo el comunismo!”.
La llegada de la imagen ocurrió en medio del enfrentamiento del régimen cubano con la Iglesia católica y del creciente éxodo posterior a 1959. Jiménez-Rebollar había salido de Cuba tras la persecución religiosa, mientras numerosos sacerdotes y religiosos fueron expulsados del país. Para los primeros exiliados, aquella réplica se convirtió en una representación de la Patrona que habían dejado en la Isla y en uno de sus principales símbolos de identidad religiosa y nacional.
Durante sus primeros años en Florida, la imagen recorrió centros de acogida para los menores llegados mediante la Operación Pedro Pan y permaneció después en la iglesia de San Juan Bosco, en la Pequeña Habana. El 8 de septiembre de 1967 fue trasladada a una capilla provisional levantada junto a la bahía de Biscayne, en el terreno donde los exiliados construirían la Ermita mediante pequeñas contribuciones populares.
La construcción del templo respondió a una convocatoria realizada en 1966 por el arzobispo de Miami, Coleman F. Carroll, quien ofreció un terreno frente al mar para levantar un santuario dedicado a la Patrona de Cuba. La obra fue impulsada por monseñor Agustín Román y financiada en buena medida con las donaciones de los exiliados. El edificio fue dedicado el 2 de diciembre de 1973 y, en el año 2000, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos le otorgó la categoría de Santuario Nacional.
Gutiérrez Areces mantuvo durante más de seis décadas una estrecha relación con la Ermita y con las celebraciones anuales del 8 de septiembre. En 2021 participó en el acto por los 60 años de la llegada de la imagen y llevó como ofrenda el manto que esta vestía cuando arribó a Miami. “Hace 60 años que la traje, tenía 24 años”, recordó entonces. Al preguntársele por qué había sido escogido para cumplir aquella misión, respondió: “Eso nada más que lo sabe ella”.
El propio Gutiérrez Areces rechazaba atribuirse el protagonismo del episodio que marcó su vida. “Yo no saqué a la Virgen de la Caridad de Cuba, ella fue la que me sacó de Cuba, ella quiso que yo la trajera, ella me ha acompañado siempre”, declaró en una entrevista con Martí Noticias.
“Su nombre permanecerá para siempre unido a la historia de la Ermita y al corazón agradecido del exilio cubano”, expresó el santuario al despedirlo. “Que la Virgen de la Caridad, a quien serviste y amaste con tanta fidelidad durante toda tu vida, te reciba bajo su manto maternal y te conduzca al encuentro definitivo con su Hijo Jesucristo”, agregó la institución religiosa.










