SANTA CLARA, Cuba. – A principios de noviembre pasado, en medio de la madrugada, un hombre forzó una de las persianas de mi casa y entró a robar mientras dormía. Más allá del golpe que supone la pérdida material de todo lo que logró llevarse, a los días de hoy persiste en mí el efecto constante de un pánico en retrospectiva, alimentado por el hecho casi absoluto de que quien logra violentar de ese modo una vivienda, también está dispuesto a acabar con la vida de los moradores si es preciso.
Sin entrar en más detalles, para no implicar a otras personas que también fueron afectadas por el hecho, lo peor es que, a más de tres meses, la Policía no le ha dado captura al ladrón aun contando con pruebas que parecían suficientes para dar con él. A la fecha, ni siquiera se nos ha notificado de algún resultado concluyente de la investigación. Este no es, sin embargo, un caso eventual o aislado. Existe la creencia popular de que el advenimiento de los fines de año suele provocar el aumento de hechos delictivos de esta naturaleza y, en efecto, en la última etapa de 2025, al menos en Santa Clara, circulaban constantemente historias de víctimas de robo con similar modus operandi.
En diciembre, a un amigo le sucedió un episodio semejante: entraron por una ventana prácticamente ínfima de su casa y se llevaron todos sus efectos de valor mientras dormía. “Deben ser contorsionistas para haber logrado entrar así”, cuenta. “Ni huellas habían dejado”, lamenta a sabiendas que el hecho quedará impune a no ser que él mismo identifique alguno de los objetos sustraídos si se pusiera a la venta pública y logre rastrear al “vendedor”. En esas mismas fechas, a dos conocidos les vulneraron indistintamente las rejas de sus respectivas viviendas y les sustrajeron todos los artículos que encontraron a mano incluyendo fogones, ventiladores, balas de gas, motorina. “Deben haber parqueado algún carro enfrente para llevarse todo eso”, supone una de las víctimas. A otra señora anciana que vive sola en el reparto Vigía, le han intentado romper el llavín en tres ocasiones y, aunque sospecha de un delincuente de la zona, sus conjeturas y las de los vecinos no constituyen pruebas suficientes para un posible arresto.
Todos estos afectados que han accedido a contar sus desafortunadas experiencias solicitan el anonimato, no solo por temor a exponerse públicamente sino también a que los culpables nunca sean capturados y puedan quedar a merced de posibles venganzas mucho más graves. Mientras se multiplican los casos de robos y asaltos, la sensación general predominante es la de indefensión. Basta una búsqueda en redes sociales para percatarse de la cantidad de denuncias públicas en los últimos tiempos sobre el aumento de hechos de este tipo, incluso en pequeños poblados rurales en los que pocas veces se había notificado tales situaciones.
En reiteradas ocasiones y desde mediados del año pasado, los vecinos de varios repartos en Camagüey denunciaron en Facebook una oleada insólita de asaltos y robos con fuerza, testimonios que se hicieron públicos gracias al reporte del periodista José Luis Tan Estrada. Aunque los perfiles presuntamente gestionados por el MININT en esta provincia aseguraron que las autoridades habían desarticulado una de las bandas que operaba sobre todo en el reparto Bobes, una publicación reciente de Univista TV informó que los delitos persisten y que incluyen “hurtos de balones de gas, dinero [y] ropa” en viviendas, sobre todo en las habitadas por “personas mayores, madres solteras y niños”. Al pie de este publicación, unos cuantos camagüeyanos aseguraron haber sido víctimas de robos por parte de pandillas que operan en todos los municipios, según escribió en los comentarios una usuaria identificada como Ana Gloria Gelio. “Lo peor es que no cogen a nadie y los casos quedan sin resolver. No hay seguridad en ninguna parte. Ni en la casa, ni en la calle. Estamos desprotegidos”, expuso la mujer.
El discurso oficial en no pocas ocasiones ha intentado suavizar el panorama alegando que siempre han existido similares índices delictivos, y que son las publicaciones en redes sociales las que intentan avivar la sensación de pánico. Sin embargo, un informe reciente elaborado por el Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana (OCAC) registró 2.833 reportes de hechos de este tipo verificados a lo largo del año, lo que representa un aumento del 115,11 % en comparación con 2024.
Resulta común que los afectados por delitos de robo recurran a las redes para exponer su situación, debido al propio retraso de la Policía en resolver sus casos y como vía expedita para el desahogo, e incluso para ofrecer montos considerables de dinero a quien identifique los objetos robados o los rostros de los delincuentes cuando son captados en cámara. En enero, un residente del poblado de Violeta, ubicado en Ciego de Ávila, denunció el robo de dos equinos y ofreció 100.000 pesos como recompensa por alguna información de su paradero, si es que aún no los habían sacrificado, según publicó el afectado, Yandry González. En los comentarios de la publicación otras personas aseguraron haber procedido de la misma forma, pagando a los propios ladrones para recuperar sus animales.
En muchos otros casos, las víctimas han debido tomar la justicia por sus propias manos. En diciembre, CubaNet reportó la captura de un presunto ladrón en San Miguel del Padrón por parte de varias personas que habían sido víctimas de robos. En el video publicado por este medio, consta su solicitud a la Policía para que el presunto delincuente no fuera liberado. Antes de eso, trascendió también el video de la captura de un individuo que intentaba penetrar a una vivienda cerca de la 1:00 de la madrugada en la zona de Belascoaín, en La Habana. Los vecinos debieron retenerlo hasta la llegada de la patrulla de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), que no acudió al lugar hasta el amanecer.
Cerca del estadio Sandino, en Santa Clara, una joven que se identifica como Cinthia fue asaltada recientemente por un individuo que cubría su rostro con un pasamontañas. Según relata, el delincuente se hallaba escondido detrás de un poste, se le acercó por detrás y le ordenó que no gritara. Acto seguido, le exigió que, “por su bien”, le entregara las prendas y su celular. “Caminé más de una cuadra temblando, sin mirar para atrás. No fui ni a la Unidad [de la PNR] porque, ¿para qué?. Puse el teléfono en lista negra pero esa gente [los ladrones] termina vendiéndolos para piezas. Ellos andan a su aire, como si supieran que nunca los van a coger”, lamenta.
También en Calabazar de Sagua se dio hace poco un hecho similar: una muchacha fue asaltada por dos individuos que la amenazaron para que entregara sus cadenas de oro y su teléfono. De acuerdo con la denuncia, publicada en el perfil de Facebook de Samuel Rodríguez Ferrer y confirmada por familiares y vecinos, eran apenas las 6:00 de la tarde.
De todo este panorama realmente crítico, lo más preocupante es el uso de armas de fuego, tal y como reconoce el informe de la OCAC. A mediados del mes pasado trascendió un asalto a mano armada en el poblado de Santo Domingo, en Villa Clara, por parte de dos individuos que siguieron el auto rentado hasta la localidad, para luego amenazar a las víctimas a punta de pistola y despojarlas incluso del vehículo con todas sus pertenencias.


